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Malvinas: Reino Unido seduce a Uruguay
Tuvo un contacto previo con el canciller uruguayo Luis Almagro, en Chile, luego de la ceremonia de asunción de la presidente Michelle Bachelet. Era la segunda vez que departían -conversaron en Londres en 2013- sobre las oportunidades que abre el incipiente sector energético isleño al empresariado uruguayo. La movida británica sucede en coincidencia con preparativos discretos del canciller Héctor Timerman y del ministro de Defensa, Agustín Rossi, para retomar el control del Atlántico sur, según habría instruido Cristina de Kirchner.
El seminario y presentación del informe "Oportunidades de negocios entre el Reino Unido y Uruguay", auspiciado por la consultora Pricewaterhouse-Coopers, que se hizo ayer en la residencia del embajador británico, Ben Lyster-Binns, facilitó a Swire el intercambio con funcionarios uruguayos y representantes de la economía local.
Uno de los primeros pasos es la búsqueda de alternativas para el vuelo directo desde las Islas hacia Gran Bretaña con una sola escala en el continente.
El puente aéreo es vital para la renovación de tripulaciones, operarios de las plataformas y provisión de equipos y repuestos. Hoy esa frecuencia se cubre vía Chile pero antaño el camino menor y más rápido se hacía a través de Uruguay, instancia que los isleños pretenden recuperar.
Las dos administraciones Kirchner (la de Néstor y la de Cristina) trabajaron para encolumnar a toda la región detrás del reclamo soberano. La Casa Rosada y su brazo ejecutor, la cancillería, delinearon políticas de endurecimiento del vínculo con los isleños que produjeron impacto directo en la vida y economía de las Islas. Pero también se alentó a que los socios regionales las llevaran a cabo entre ellas; impedir el ingreso de buques pesqueros con bandera isleña a puertos de países de la región, obligación de informar y pedir autorización previa a todos los navíos que pretendan ir desde el continente hacia las islas con carga destinada a la logística de las exploraciones petroleras iniciadas en aguas en disputa, igual temperamento se extendió a los cruceros turísticos.
El negocio portuario uruguayo fue uno de los primeros sectores en sufrir las consecuencias del torniquete del Gobierno argentino a las Islas. Tras la prohibición de amarre de pesqueros con bandera de Malvinas a puertos regionales cayó la actividad económica vinculada a los movimientos de carga congelada, estiba, agencias marítimas y traslados aéreos.
El expresidente y senador, Luis Lacalle es uno de los voceros que ha advertido sobre el derecho de Uruguay de mantener vínculos con las islas Malvinas. En febrero cuando una delegación de legisladores uruguayos encabezada por Jaime Trobo (Partido Nacional) viajó a las islas, Lacalle en su defensa afirmó: "Nuestro país ha apoyado, a través de todos los gobiernos, reitero, todos los gobiernos, el derecho de la República Argentina a esa soberanía: lo ha hecho en los foros internacionales más altos y en cuanta reunión apareciera y estamos totalmente de acuerdo con ello".
Sin embargo no hay que confundir posiciones: "Nosotros estamos de acuerdo en apoyar a la República Argentina, pero no nos vamos a privar ni podríamos hacerlo del derecho a comerciar con esa parte del mundo que, entre otras cosas, nos tiene como la referencia portuaria más cercana en un comercio que podría llegar a los u$s 300.000.000, que puede implicar que la lana que viene de allí se lave o se elabore en admisión temporaria en nuestras fábricas, que puede dar lugar a que enviemos los alimentos frescos necesarios, verduras, carne, lácteos y todo lo que a ustedes se les ocurra a las islas y a Puerto Stanley; que implica que los barcos traigan enfermos, estudiantes, gente que quiere viajar al Reino Unido por vía acuática ahora y, eventualmente, por vía aérea, porque hay una línea aérea aprobada en nuestro Gobierno para hacer Stanley-Montevideo".


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