11 de enero 2013 - 00:00

Más derivaciones del “caso” Depardieu

Gérard Depardieu
Gérard Depardieu
París - A menudo, Francia se considera modelo en lo referente a la industria del cine. Aquí fluye el dinero para producciones y coproducciones, pero también para abultados honorarios de sus estrellas. «Los actores franceses ganan demasiado», sentenciaba recientemente Vincent Maraval, uno de los productores y distribuidores más importantes de Francia.

El motivo de su enojo es que, en el caso Depardieu (su exilio en Bélgica para huir de los altos impuestos franceses), nadie ha cuestionado los altísimos sueldos de los grandes actores franceses. En el diario «Le Monde», Maraval aireaba a fines de diciembre su enojo y planteaba su propuesta: un sistema que limite los sueldos máximos a 400.000 euros más reparto de beneficios según el éxito de la película. Y desde entonces, la polémica está servida en el mundo del cine francés.

Para el director ejecutivo de Wild Bunch, una de las principales productoras del mundo, los elevados honorarios de las estrellas francesas se han convertido en un problema. Las películas francesas resultan muy caras, porque sus actores exigen demasiado. Como ejemplo, el productor de «Ciudad de Dios» o «Che, el argentino» nombra al actor Dany Boon: «3,5 millones de euros por Un plan perfecto. La taquilla no basta para pagar su sueldo». Y un millón de euros por un par de minutos en la última película de «Astérix», añade en su carta abierta en «Le Monde».

La respuesta del actor y humorista no tardó en llegar. «Me entristece lo que dice Vincent Maraval. A veces, las cifras no cuadran», explica Boon. Según afirma, recibió 600.000 euros por su trabajo en «Astérix», y no un millón. Desde su éxito en la taquillera comedia «Bienvenidos al Norte» (2009), el actor reside en Los Angeles.

Según Maraval, Francia se sitúa a la cabeza en la lista de las producciones más caras, por detrás de los estudios estadounidenses. «Diez veces menos ingresos, pero salarios cinco veces más altos. Esa es la realidad económica del cine francés», escribe acalorado. Según sostiene, las películas francesas cuestan de media 5,4 millones de euros, mientras que una cinta indie estadounidense sale unos tres millones.

Su enojo tiene una base económica: él participó en «Astérix y Obélix. Al servicio de Su Majestad», y perdió dinero. Las más recientes aventuras del famoso galo no fueron acordes con sus elevados costos de producción, que ascendieron a unos 60 millones de euros: poca taquilla y salarios demasiado altos. Una gran parte se la llevó el «Obélix» Gérard Depardieu, y otra la participación de estrellas como Catherine Deneuve o Dany Boon.

Muy distinta es la opinión de Jérôme Clément. El ex presidente del canal cultural de televisión Arte es uno de los que ha criticado con más rotundidad a Maraval. Y para ello, usó sus mismas armas: en una carta abierta publicada en «Le Monde», acusa al productor de convertir a los artistas en cabezas de turco de un sistema que, en realidad, es mucho más complejo. «Francia sigue siendo un país ideal para la producción de cine, tanto para cineastas franceses como extranjeros.»

La ministra francesa de Cultura, Aurélie Filippetti, se sumó más o menos a la polémica. En una entrevista concedida a «Le Monde», defendió el sistema de promoción del cine local, pero añade que es necesario encontrar «nuevas reglas». Por eso, considera que el debate sobre los sueldos de las estrellas es más bien positivo. Maraval no podría haber esperado más.

Agencia DPA

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