25 de junio 2013 - 00:09

Massa, herencia maldita de Néstor y contra épica

Felipe Solá, Darío Giustozzi, Sergio Massa, Mirta Tundis y José Ignacio de Mendiguren, anoche, sentados en la cabecera durante un encuentro de dirigentes del massismo de toda la provincia para planificar la campaña.
Felipe Solá, Darío Giustozzi, Sergio Massa, Mirta Tundis y José Ignacio de Mendiguren, anoche, sentados en la cabecera durante un encuentro de dirigentes del massismo de toda la provincia para planificar la campaña.
 El sábado 15 a la mañana, Cristina de Kirchner convocó a Olivos, de urgencia, a su staff político. La noche anterior, Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Diputados, le había soplado que Sergio Massa sería candidato. Lo hizo como portador de una certeza: un dirigente bonaerense, de diálogo con el tigrense, le transmitió la noticia para que la hiciera llegar a oídos de la Presidente.

Carlos Zannini, Florencio Randazzo y Juan Manuel Abal Medina escucharon el relato y lo refutaron a coro. Juraron, como dueños de una verdad irrevocable, que el exjefe de Gabinete no se animaría a enfrentar al Gobierno. La Presidente les creyó y desautorizó al mensajero.

Fue el último gesto de Massa que, esa vez, exploró una vía diferente a la que habitualmente fue su enlace con la Casa Rosada: Diego Bossio, titular de la ANSES.

Darío Giustozzi fue más persistente. Hasta el jueves mantuvo abierto su teléfono rojo, pero nunca sonó ni la voz que pretendía ni el planteo que, sobre la hora, podría haberlo hecho dudar.

Tenía un argumento para dar un volantazo: en estas horas, el massismo cedía la mitad de las listas a Daniel Scioli y relegada a socios como Giustozzi, a un escalón secundario de protagonismo.

Tres días antes, el lunes, aun ante la duda de parte del Gobierno, la comandancia del PJ se dedicó al ancestral oficio de armar listas en los territorios massistas. Hugo Curto y Raúl Othacehé fueron los promotores de ese proceso.

Recién el jueves, en la oficina de Labor Parlamentaria del Senado, la plana mayor kirchnerista despertó al factor Massa. Zannini, Abal Medina, Randazzo, Andrés "Cuervo" Larroque y Eduardo "Wado" De Pedro, como parte de un tumulto, dedicaron dos horas a programar la avanzada sobre las campiñas massistas. Había, todavía, ráfagas de optimismo sobre lo que harían Giustozzi y Gabriel Katopodis, intendente de San Martín. Las horas, como había ocurrido con Massa, demostraron el error de percepción.

Para entonces, el tigrense había ensanchado a once caciques el círculo de aliados territoriales del conurbano oeste y norte. La noche previa, Massa visitó a Mauricio Macri en Barrio Parque y acordó el ingreso del PRO. Jorge Macri blindó para Soledad Martínez el sexto escalón de la boleta del Frente Renovador.

En ese movimiento, el tigrense consolidó la Primera Sección electoral como su task force electoral, un "país" que aporta 3,6 millones de votos para tratar de contrapesar el poderío del peronismo K del conurbano sur, último refugio del oficialismo que fue perforado por Giustozzi que en 2011, como parte del dispositivo K, acumuló casi 200 mil votos.

El panmassismo, en su componente peronista, tiene un rasgo particular: la mayoría de sus protagonistas formaron parte del armado renovador durante el duelo entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner en 2005.

Felipe Solá
, de hecho, por entonces gobernador, apuró una fractura que Kirchner rehusaba y se precipitó solo porque, en medio de las negociaciones, Juan José Mussi recibió un llamado de Duhalde ordenándole que se levanten de la mesa en Casa Rosada donde discutían el reparto de cargos.

En este turno, Mussi es el primer candidato a diputado del FpV por la Tercera Sección. Enfrente -en el Frente Renovador- se amontonan algunos de los dirigentes que nutrieron el primigenio sector K contra el duhaldismo, entre ellos, José Eseverri (Olavarría) y Gilberto Alegre (Villegas), también, aunque laterales, Giustozzi -por entonces ligado a Randazzo- y Joaquín De la Torre, de San Miguel, desafiante de Aldo Rico, aquella vez adherido a Duhalde como Luis Patti.

Massa, en persona, migró sobre la hora: manejaba la ANSES, donde lo había designado Duhalde, quien además lo promocionó junto a Julián Domínguez como las caras jóvenes del duhaldismo. El tigrense fingió un viaje para no estar en un acto duhaldista en Tres de Febrero y al rato juró lealtad K. Domínguez perduró junto a los Duhalde y fue el jefe de campaña de Chiche.

El sábado sobre la medianoche, Massa sumó el alcalde número veinte cuando se acopló al FR Luis Ghione, intendente del FpV del San Andrés de Giles, ciudad donde vivió Héctor J. Cámpora. Fue una pieza, quizá no la última, en la mesa de los intendentes que reconstruyó y busca revivir la épica de la disputa K contra Duhalde en 2005 aunque esta vez con el kirchnerismo como statu quo.

Como una herencia maldita, la matriz del massismo fue alimentada por el propio Kirchner cuando, en su obsesión por volver a la presidencia, los cobijó como grupo crítico para potenciar un armado que lo regrese a la Casa Rosada. Sin contraorden de Kirchner, el grupo siguió nutriéndose de la savia oficial hasta hace semanas.

Néstor no sólo es padrino -no exclusivo, claro- del enemigo Massa, sino también artífice de un elemento que podría contribuir a la derrota cristinista: las PASO, pergeñadas para evitar fugas en el peronismo sinuoso post-125, amenazan con ordenar el voto anti-K contra la boleta que encabeza Martín Insaurralde y en favor de Massa que, al menos por ahora, asoma en las encuestas de intención de voto como el mejor rival del Gobierno.

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