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“Me obligo a hacer sólo lo que implique desafío”
Beatriz Spelzini sobre Tennessee Williams: “Sus personajes son sensibles y les cuesta ver la fealdad del mundo. Necesitan velos y poca luz para que la vida esté embellecida, de otra forma no se soporta”.
Elenco. “Dulce pájaro de juventud”, de Tennessee Williams, versionada y dirigida por Oscar Barney Finn, se presenta en el Complejo Cultural 25 de Mayo.
B.S.: Da mucho miedo, porque quien haya visto a Geraldine Page (protagonista de la versión cinematográfica junto a Paul Newman) no creo que haya podido olvidar ese trabajo. Pero, a su vez, es cumplir un sueño. Hace más de cuarenta años que hago teatro y el tiempo me obliga a hacer sólo aquello que signifique un desafío.
P.: ¿Cómo define su personaje?
B.S.: Es como muchos de este autor, personas sensibles que les cuesta ver la fealdad del mundo y necesitan velos y poca luz para que la vida este embellecida, ya que de otra forma no se soporta. Seres que están solos en un mundo donde pocos sobreviven y, en este caso, a mi personaje la pérdida de la juventud la va a dejar sola, ya no será lo que fue y no está preparada para esa realidad.
P.: ¿Qué papel juega el tiempo en la pieza?
B.S.: El tiempo es fundamental en la obra, ese tiempo calendario que destruye, que separa y esa sociedad que no ve en la vejez sabiduría sino todo lo contrario. Ella es una leyenda y no quiere dejar de serlo, no sabe ser otra cosa.
P.: ¿Qué pasa con los personajes y la soledad?
B.S.: Cada autor escribe desde su experiencia, desde el mundo que conoce y este dramaturgo me resulta siempre conmovedor, porque sus personajes no son héroes, sino, hojitas al viento atravesados por una profunda soledad que les deja la falta de éxito. Todos queremos ser reconocidos, todos tenemos miedo a pasar de manera insignificante por este mundo o temor a que no nos quieran y eso es lo que le pasa a estos personajes.
P.: ¿Cuál es el desafío en esta propuesta luego de encarnar un personaje como Rose, en teatro, por nombrar una de sus destacadas interpretaciones?
B.S.: Rose fue y será un papel que marcó un antes y un después en mi carrera, dependía todo de mí una vez que empezaba el espectáculo. Había logrado una gran empatía con (Agustín) Alezzo y nunca sentí como en esa obra que mí rol era ponerme al servicio de una historia y permitir que los canales se abrieran para ofrecer mi emoción y mi alma. La historia superaba cualquier narcisismo. En esta obra, trato de no tener los miedos del personaje, que son comunes a la mayoría de los actores. El amor y la dedicación que tengo al estudio de la profesión me libra un poco de ponerme delante. Sé que esto es difícil y, a esta altura, lo que quiero es enfrentar las dificultades no evitarlas.
P.: ¿Hay alguna identificación con el personaje, que también es actriz?
B.S.: Mi carrera es muy diferente. Alexandra del Lago no quiere enseñar y yo en cambio disfruto mucho de la docencia, que la ejerzo acá y en el exterior. Quiero viajar liviana y poder transmitir, algo que te permite la experiencia. En lo que sí coincidimos es en un miedo a la falta de juventud, a la falta de reconocimiento del otro y en mi caso esta unido al miedo a la pérdida de la fuente de trabajo. Digamos que no me gusta envejecer, pero no queda mas remedio. Tengo una hija actriz y eso me permite envejecer viendo como ella crece y se que ahí están también mis consejos. Diría que soy mejor madre cuando hablo con ella de teatro que cuando le preparo una comida. Estoy segura que no quedaré en sus recuerdos por el olor de una comidita casera, pero sí en cada teatro, en cada cuento, en cada personaje, ya que se acostumbró a acompañarme desde chiquita y sus juegos era en los camarines.
P.: ¿Cómo ve la situación del teatro en la actualidad?
B.S.: Difícil, muy difícil para la producción teatral, para la ficción, para el estudio, pero la necesidad de juntarse, de crear y de capacitarse seguirá siendo algo permanente en el actor. Solo quien ha transitado por el teatro, por la actuación, sabe que esto sigue a pesar de las dificultades.


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