A partir de la vida de Guillermo Enrique Hudson, escritor y primer naturalista argentino, Miguel Vitagliano despliega en “Viaje a las cosas” (Edhasa) una novela cautivante que va sumando historias pasadas y presentes, mezclando el ensayo con la ficción, haciendo aparecer desde Conrad a Borges o Manuel Antín. Vitagliano es titular de la cátedra Teoría Literaria III en la UBA, ha publicado ensayos y novelas, entre ellas las premiadas “Ojos así” y “Enterrados”. Dialogamos con él.
Miguel Vitagliano, tras las huellas de Hudson
En su nuevo libro, “Viaje a las cosas”, hace una cautivante mezcla de ensayo y novela histórica sobre la vida del escritor y primer naturalista argentino.
-
Detuvieron al exguitarrista de Turnstile: fue acusado de intentar asesinar al padre del cantante de la banda
-
Netflix confirmó el elenco de la serie continuación de "Peaky Blinders" liderado por Jamie Bell
Periodista: ¿Qué lo llevó a contar la vida de un escritor olvidado cuya identidad provocó controversias?
Miguel Vitagliano: Dos o tres textos que me deslumbraron y me hicieron pensar en lo que no sabía de Hudson. Uno sobre unas flores que le lleva a su madre. La madre no ve en ellas nada exquisito, eran comunes, triviales. La excelencia de esas flores estaba en hacer de lo común y trivial su excelencia. Ese párrafo Martínez Estrada lo relaciona con las magdalenas de Proust. Esos escritos me atrajeron poderosamente y se unieron a mi recuerdo infantil de ir por una ruta y pasar por un lugar llamado Hudson. Fue un fogonazo. Quise saber cuál era el arma que lanzaba ese fuego. Me di cuenta de que esa arma que no conocía, tampoco la conocían otros. Entonces, era un arma excelente para inventar; de eso están hechas las novelas.
P.: Se ha dicho de Hudson que era criollista, socialista, conservador, protoperonista, protoantiperonista, y un escritor inglés.
M.V.: La identidad es compleja en todos lados, y cómo no va a ser compleja en nuestro país qué, como otros de América, se hizo a base de inmigrantes. Si pienso en mis abuelos no me asombra sentirlos tan italianos como argentinos. De esa manera no me asombra pensar a Hudson como escritor inglés y argentino al mismo tiempo. Lo que me maravilla es que sea escritor. La cuestión es ver que esos textos, que fueron escritos con una visión ideológicamente conservadora, cada vez resultan más provocativos porque se van adecuando a una escritura de la novela muy sugerente. Cuando uno lee las novelas de Hudson ve que contienen mucho de ensayo y, a la vez, sus ensayos están cargados de una narratividad que hace interpretativa de la realidad, ese cruce es muy moderno. Una revista estadounidense de esa época, The Little Review, que publica seriados capítulos del “Ulises” de Joyce, dedica uno de sus números a Hudson, y escriben sobre él Ezra Pound y Madox Ford. Es interesante pensar ese lugar de la modernidad tan extraño en Hudson y, a la vez, sus relaciones con la gauchesca, con el Martín Fierro -que deslumbraron al primer Borges y a Martínez Estrada- en alguien que está trabajando con géneros narrativos.
P.: ¿Su libro es novela histórica, biografía, ensayo, ficción?
M.V.: Una novela siempre es ficción, y ésta también lo es. Sin embargo, los sucesos significativos son reales, pero ¿qué son sucesos significativos? Todos los personajes son reales, eso es real. Y lo que pasa entre medio es esta vida que se nos escapa, que es más intensa cuando la imaginamos que cuando la creemos verdadera de oídas. Es notable el poder sugerente de la ficción, al mismo tiempo que muestra el vacío que hay sobre ciertas zonas del saber.
P.: ¿Cómo descubrió la amistad entre Hudson y Conrad, considerados los mejores escritores de la lengua inglesa, aunque sean extranjeros?
M.V.: Investigué a Hudson, a Conrad, a Cunninghame Graham. Leí todas las biografías que pude. El problema es que todas hablan de la relación entre Conrad y Graham porque eran muy amigos y cada una se concentra en su biografiado, y yo buscaba la mirada del grupo. Conrad era un escritor que construía su imagen de escritor. Hudson se sentía incómodo entre escritores. Entre escritores se sentía un científico y entre los científicos un escritor. En esta incomodidad, en la diferencia, había un punto de contacto con Conrad, los dos estaban desubicados. Conrad le daba voz a cada uno de sus personajes y las voces se contradecían entre sí, era algo muy moderno. Esas relaciones aparecían en Hudson, siendo muy diferentes. Conrad aristócrata, convencido de su lugar de escritor, soberbio. Hudson con relaciones menos sinuosas, más directas, estaba convencido que el pasado había sido mejor, Conrad tenía otra visión. Fue fantástico pensarlos juntos y trabajar sobre eso. En Conrad está el viaje a las tinieblas, viaje que también hacen ciertos personajes de Hudson. En la novela de Conrad “Nostromo” -pocos se dan cuenta que está debajo de “Cien años de soledad”- hay un paisano que se llama Hernández, que es como una construcción de Martín Fierro en otro lugar de América Latina. A la vez es conocida la relación que se ha hecho entre José Hernández y Hudson. Cosas que uno descubre escribiendo una novela de ficción acerca de cosas verdaderas.
P.: ¿Antes de escribir hizo un mapa del recorrido de Hudson?
M.V.: Yo hago un mapa y un territorio, y el mapa va cambiando el territorio y el territorio va cambiando al mapa. Una cosa va haciendo a la otra. Y de pronto aparece una lluvia sobre lo que está pasando en el relato.
P.: ¿Es ese salto a películas basadas en las obras de Hudson, reflexiones de Piglia, a un escultor asesino parecido a Hudson?
M.V.: Cosas que me interesa que aparezcan y que hacen fluir el relato. Saltos en el tiempo, relaciones inesperadas.
P..: ¿Por qué la novela se llama “Viaje a las cosas”?
M.V..: Las cosas es un término que aparece con distintas acepciones. Hay un libro muy menor de Hudson, que me parece fascinante, “A traveler in little things” viajero en pequeñas cosas. En un hotel, donde había muchos viajantes de comercio, un vendedor se sienta y se pone a charlar con Hudson que cree que es otro vendedor de bagatelas, de cositas. Hudson provocativamente va contar que lo que ese hombre hizo fue revelar las cosas que en él hacían a su vida. En la novela “cosas” invita a encuentros y hallazgos.




Dejá tu comentario