Objeto social: "Industrialización y comercialización de productos alimenticios."
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A septiembre del año pasado, las nueve cotizantes del ramo alimenticio (dejando de lado la que nos toca aquí que se lleva el 44% de todas las ventas) acumulaban una ganancia neta de $287 millones. A fin de septiembre último esta había caído a $163 millones. El año pasado, las ventas totales (ex-MolinosRío) sumaban $10,075, ahora $11,508, esto es +14,2% frente a una inflación de 24% (INDEC). Más allá de las suertes individuales es claro que estos doce meses no han sido favorables al sector. No sorprende entonces que la retracción del consumidor desde las primeras hacia las terceras marcas le deparara a la que nos toca hoy una caída de 7% en la venta volumétrica de alimentos (básicamente locales) y 2% en el número de cajas de vino despachadas (el retraso cambiario golpeó la exportación). Esto determinó la suerte de sus ingresos, donde si bien casi duplica lo que percibe por prestación de servicios y otros, por ventas ordinarias quedó en estos nueve meses contables con $9.185 millones, 15% más que lo logrado en el nonamestre 2016. Descontados los costos (+23%, en línea con la inflación) queda así con un bruto de $3,089 millones, 3% más que un año atrás. Si bien redujo los gastos de administración (-5%) y revirtió las perdidas en los "otros" y el aporte de las asociadas, el incremento de los más significativos "de comercialización" (históricamente del 73% al 78% del total) que tienen su propia dinámica, determinó un operativo de $234,6 millones, 39% inferior al de 2016. En lo financiero acotó el incremento de esta carga a 15%, y si bien el fisco le reconoce ahora $27 millones, termina con un neto adverso de $9 millones cuando un año antes ganaba $13 millones. Lo fundamental ahora es esperar que la mejora de la economía lleve a los consumidores a volcarse otra vez a los productos de mejor calidad.
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