19 de julio 2013 - 00:00

Moral y mercados

Moral y mercados
Si bien el dinero no es un prerrequisito, sin duda que es uno de los elementos constitutivos y un símbolo del sistema de libre mercados moderno (Deflem, 2003). Distintos experimentos encontraron que la presencia de dinero o sus sucedáneos generan un cambio inmediato en los valores prioritarios de las personas, reforzando la autosuficiencia (se pide y da menos ayuda) y la predisposición para cumplir con los objetivos ("trabajo"; K. Vohs, N. Mead y M. Goode, 2006) e incrementan la preferencia por el sistema de libre mercados, aun a costa de aceptar una mayor desigualdad social (Caruso, Baxter, Vohs y Waytz, 2012). Es decir que al momento de fijar nuestros valores morales, el dinero no es algo neutro. Más recientemente, otros experimentos sugieren que los valores morales también se alteran según estemos tranzando ese dinero de manera individual o en el marco de un mercado bilateral o multilateral (cuantos más participantes haya, más cae el peso de los estándares morales y más crece la búsqueda de la maximización económica; Falk y Szech, 2013). El desarrollo de estructuras de mercados complejas requiere entonces de un correlato en el fomento de los valores morales y sociales para que: a) por un lado, la sociedad acompañe y no restrinja el desarrollo de ese mercado (Roth, 2007) y b) se frene la tendencia natural del mercado hacia la corrupción ("que se deja pervertir o viciar"; Tullock 1997), especialmente en aquellas plazas más ilíquidas (Besancenot y Vranceanu 2013) o de pobre reputación (Tullock, 1997). El lunes seguimos fundamentando por qué los mercados más inmorales son los que menos crecen y tienden hacia la desaparición.

Avanzando un 0,5 por ciento, el Dow (cerró en 15.548,54 puntos) y el S&P 500 quedaron marcando nuevos máximos históricos.

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