20 de mayo 2010 - 00:00

Mucha adrenalina para una sola película

Richard Gere y Ethan Hawke, dos de los tres policías (el otro es Don Cheadle) que protagonizan la un poco pretenciosa pero intensa y bien actuada «Los mejores de Brooklyn»
Richard Gere y Ethan Hawke, dos de los tres policías (el otro es Don Cheadle) que protagonizan la un poco pretenciosa pero intensa y bien actuada «Los mejores de Brooklyn»
«Los mejores de Brooklyn» (Brooklyns Finest, EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: A. Fuqua. Int.: E. Hawke, R. Gere, D. Cheadle, E. Barkin, W. Snipes.

Tres policías que viven y trabajan en Brooklyn aportan demasiada adrenalina para una sola película.

Ethan Hawke es un policía católico con una familia numerosa y la esposa esperando mellizos. Lleno de deudas, no ve el momento de echar mano en una de esas fortunas de los narcotraficantes que viene secuestrando casi a diario y terminan en un depósito.

Don Cheadle trabaja encubierto en las calles, después de haber hecho ese trabajo en una cárcel. Ahora le piden que para ascender a detective de primera clase traicione al delincuente (Wesley Snipes) que le salvó la vida cuando estaba en prisión.

Richard Gere, más humildemente, es un vigilante que patrulla las calles de uniforme tratando de hacer lo menos posible, tal como le explica a un novato con más expectativas. Gere está a punto de retirarse y lo único que le interesa es convencer a una prostituta nergra de la que es cliente asiduo de que lo acompañe a vivir en algún sitio más tranquilo.

Antoine Fuqua es un experto en cine negro y escenas de super acción, tal como lo viene demostrando en excelentes películas como «Día de entrenamiento» y «Los asesinos sustitutos». Aquí maneja perfectamente las explosiones de violencia que vienen por triplicado, pero carga demasiado los climas sórdidos hasta caer en el melodrama un poco obvio, que tampoco sorprende cuando mezcla las tres historias un poco por azar, un poco porque todas suceden en el mismo barrio.

De los tres relatos, el que mejor se sostiene es el de Ethan Hawke y su ansiedad por robarle plata a los narcos. Su encuentro con una mesa llena de billetes durante un allanamiento y la imposibilidad de guardarlos por la aparición de su mejor amigo en la fuerza da lugar a un gran momento de suspenso. En cambio lo de Don Cheadle infiltrado en una banda de delincuentes, todos buscando a un traidor que, por supuesto, es él, está más visto y sólo tiene como bonus sorprendente a una implacable Ellen Barkin en el papel de la jefa que le pide mucho más de lo razonable para darle el ascenso prometido.

Lo de Richard Gere tiene lo suyo, ya que su papel de vigilante decadente es lo menos heroico posible, más allá de la redención final que sirve para que los tres baños de sangre le den al desenlace una intensidad poco común, que tal vez sea lo que hace más recomendable a esta película un poco pretenciosa pero llena de buenas actuaciones (especialmente la de Ethan Hawke) y toda la violencia que el fan del mejor cine negro querría ver en la pantalla grande.

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