Si decimos que el lunes entramos en un "bull market", es seguro que más de uno nos acusará de locos. Pero de manera estricta así es, porque desde el mínimo del 20 de noviembre el S&P 500 avanzó un 20,9%. Claro que éstos no son tiempos "normales", por lo que tal vez sea prudente considerar la suba como una mera anécdota. En general, las noticias de ayer no fueron nada halagüeñas: más allá del vaivén de sus precios, FedEx, Con-Way, BraodCom, Nucor, Disney y Texas Instruments presentaron una visión negativa del futuro. A esto se sumó el inminente rescate a varias uniones de crédito (hay, por otra parte, un sinnúmero de municipios "cuestionados"), el desplome de las tasas reflejando la huida hacia la seguridad (las Letras del Tesoro a cuatro semanas tuvieron un "corte" negativo) y una nueva baja del precio del petróleo (quedó en u$s 43,21 por barril). Por último, y si bien a última hora de hoy debiera de estar firmado el paquete de auxilio que permitiría a Chrysler y a GM (Ford, a punto de vender Volvo, no está tan "mal") llegar a marzo, sus acciones retrocedieron demostrando que la historia no termina aquí. A pesar de todas las malas nuevas, en los corrillos bursátiles la comidilla fue "por lejos" el escándalo que rodea al gobernador de Illinois, por qué demoró hasta ahora el FBI las acusaciones, qué lugar que le cabe en todo esto a Tony Rezko y hasta qué punto se encuentra "realmente" involucrado Barack Obama. Con este trasfondo, el 2,72% que perdió el Dow al cerrar en 8.691,33 puntos fue mero reflejo de la realidad.
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