29 de enero 2010 - 00:00

Murió Salinger, el recluso magistral

J.D. Salinger en la foto más reciente que se le conoce, sorprendido a la salida de un supermercado, cuando ya llevaba varias décadas viviendo en medio de un bosque, como un ermitaño, tras el éxito descomunal de su única novela.
J.D. Salinger en la foto más reciente que se le conoce, sorprendido a la salida de un supermercado, cuando ya llevaba varias décadas viviendo en medio de un bosque, como un ermitaño, tras el éxito descomunal de su única novela.
El escritor estadounidense J.D. Salinger, autor de la emblemática novela «El cazador oculto» («The Catcher in the Rye», 1951), murió ayer a los 91 años en su casa de New Hampshire, donde había pasado recluido casi 60 años de su vida.

El escritor nacido en Nueva York en 1919 murió por causas naturales, según publicó ayer mismo «The New York Times», citando a su agente literario.

Hijo de un judío próspero importador de quesos kosher y de una escocesa-irlandesa convertida al judaísmo, Salinger creció en un departamento de Park Avenue, en Manhattan, estudió durante tres años en la Academia Militar de Valley Forge y en 1939, poco antes de que lo enviara el Ejército a la guerra, tomó una clase sobre cuentos cortos en la Universidad de Columbia.

Como soldado de infantería, participó en el desembarco aliado en Normandía, en 1944, y durante sus primeros meses en Europa se las arregló para escribir cuentos.

En 1945, el escritor contrajo matrimonio con una joven que conoció en Europa, de nombre Sylvia, de la cual se divorció, mientras que en 1955 se volvió a casar esta vez con Claire Dou, con la que tuvo dos hijos, un varón y una mujer, y de la que también se divorció en 1967. Después de varias relaciones fallidas, Salinger volvió a casarse con una muchacha 30 años menor, llamada Colleen.

Los comienzos literarios de Salinger estuvieron marcados por las publicaciones de sus primeras historias cortas en revistas como «Story», «Saturday Evening Post», «Esquire» y «The New Yorker» en la década de 1940.

Ernest Hemingway le reconoció ya en 1944 un «talento endiablado». Fue cuando Jerome David -más conocido por las abreviaturas J.D.- Salinger apenas había publicado un único cuento.

En 1948 se ganó a los lectores más exigentes gracias a una colaboración con la revista «The New Yorker» y en 1951 logró seguidores en todo el mundo con la novela de culto «El cazador oculto» (publicado en la Argentina por primera vez por la Compañía Fabril Editora), La obra fue traducida a diferentes idiomas en todo el mundo y vendió más de 65 millones de copias.

Fue su única novela. Molesto por el revuelo y la fama que generó su libro, se retiró poco después de la vida pública.

Desde hace casi seis décadas vivía aislado tras altas cercas en Cornish, un refugio en las colinas de New Hampshire, en el noreste de Estados Unidos. Al principio siguió en contacto con el exterior mediante sus relatos breves. En 1953 apareció su libro «Nueve cuentos», que incluye dos de sus más famosos relatos, «Un día perfecto para el pez banana», y «Para Esmé, con amor y sordidez», y en 1961 «Franny y Zooey», conformado por dos relatos. Dos años después publicó «Levantad, carpinteros, la viga del tejado» y «Seymour: una introducción». Hace más de 40 años, el 19 de junio de 1965, el «New Yorker» publicó su nouvelle «Hapworth 16, 1924», un ciclo sobre la familia Glass. Ni una línea suya volvió a salir a la luz en casi 45 años.

«Sólo escribo para divertirme», señaló a «The New York Times» en 1974 en una rara entrevista telefónica. Agregó que el no publicar le otorgaba «una paz maravillosa».

El resto de lo que se supo sobre J.D. Salinger provenía de fuentes secundarias. Fue famoso el episodio en que un grupo de admiradores se acercó a su casa en el medio del bosque y el autor salió a recibirlos con un arma en la mano, al igual que a todas las visitas indeseadas. Otro dato que sin dudas acrecentó su reclusión y que cobró nivel de leyenda urbana, fue el hecho de que Mark Chapman, el asesino de John Lennon, llevaba en 1980 una copia de «El cazador oculto» cuando fue arrestado y, una vez en prisión, no dejaba de recomendar ese libro para encontrar la explicación a lo que había hecho.

Una ex amante, la periodista Joyce Maynard, contó en 1998 en su libro de memorias «Mi verdad» que el autor de culto se sentaba diariamente con un mameluco azul frente a la máquina de escribir para redactar libros enteros.

Sin embargo, por la noche, guardaba las páginas bajo llave. Salinger tenía 53 años y Maynard era una estudiante de 19 años cuando compartieron durante nueve meses la mesa y la cama en Cornish.

Más confiable es la imagen que dibujó sobre su padre Margaret (Peggy) Salinger en su libro «El guardián los sueños», donde contó que la había tratado con mucho amor en su niñez, aunque también que era egoísta de forma patológica. Nada ni nadie podía molestarlo durante su trabajo, contó la mujer.

Margaret aseguró en su libro con franqueza que, según la familia, Salinger sólo escribía para sí porque temía cualquier crítica.

A fines de 1996, tres décadas después de la publicación en «The New Yorker», el escritor autorizó la publicación de «Hapworth 16, 1924» en forma de libro. El proyecto fue una pequeña revelación para todos aquellos que esperaron durante largo tiempo una palabra de Salinger.

Sin embargo, también aparecieron los críticos, que atacaron en parte a él y a su obra. «Hapworth» es «una historia amarga, ilógica y, es triste decirlo, sin gracia alguna», señaló «The New York Times» sobre lo aparecido en el «New Yorker». Poco después, el planeado libro fue cancelado por la editorial sin mayores explicaciones.

En julio del año pasado, su nombre volvió a saltar a la opinión pública cuando Salinger demandó a un autor sueco, Fredrik Colting, que había publicado una continuación de «El cazador oculto», titulada: «60 Years Later: Coming Through the Rye».

Del hermético autor se conocen unas pocas fotografías de su juventud, y una única más reciente que el fotógrafo Paul Adam le tomó a la salida de un supermercado, donde se lo veía notoriamente avejentado.

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