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“No sólo el bolero le encuentra una solución al amor”
Rita Cortese: «Cantar tangos expone más que actuar en teatro, donde siempre estamos representando un personaje».
Periodista: ¿Y no le molesta la parte machista y misógina de la poesía tanguera?
Rita Cortese: Es que no todos los tangos ni todos los poetas son iguales; y los tangos que yo elijo no son misóginos. Por eso, no me gusta todo lo del género. Pero cómo no amar a Homero Manzi, Anselmo Aieta, Discépolo, Gardel, Le Pera, los hermanos Expósito, Pugliese.
P.: ¿Qué tienen los tangos antiguos que resisten el paso del tiempo?
R.C.: Que son maravillosos no sólo en sus textos, sino también en sus músicas. Por eso, en el espectáculo tenemos tres piezas instrumentales que hacen mis compañeros, Hernán Valencia en piano y Fabián Leandro en guitarra y arreglos. Como antiguamente la gente iba a escuchar a las orquestas además de a los cantores, yo quiero que ahora escuchen a estos dos músicos.
P.: ¿Qué pasa con el tango que se compone actualmente que no forma parte de su repertorio?
R.C.: También están pasando cosas muy buenas. Acho Estol, por ejemplo, me parece un compositor excelente. Y el ambiente del tango no hace justicia, quizá por exceso de conservadurismo, con los autores contemporáneos. Respecto de mí, por cierto que siento esa deuda. Entré por los tangos tradicionales porque eran los que estaban en mi memoria, pero pensando en un próximo espectáculo seguramente habrá algo nuevo.
P.: ¿Sigue siendo una actriz que canta? ¿Sigue sintiendo a la actuación como el matrimonio formal y al canto como a un amante?
R.C.: Debería decir que tengo dos amantes, si lo ponemos en esos términos. Pero es verdad que me cuesta, todavía, reconocerme como cantante aunque hace mucho que lo hago y que evidentemente le gusta a la gente. No tengo eso de los músicos de grabar, por ejemplo. Por eso, el disco se registró, en una toma, en una presentación en vivo. Vengo del teatro y tengo el concepto de lo efímero y no siempre me acomodo rápidamente a los códigos de la música.
P: ¿En qué difiere un trabajo del otro?
R.C.: El canto me da una gran libertad. Puede ser más angustiante porque soy mucho más yo en cada canción, pero también me produce una felicidad distinta. En el teatro, en cambio, y aunque trabajemos con nuestra alma y nuestro cuerpo, una se pone en el papel de otra persona. Por épocas, especialmente mientras lo estoy representando, ese personaje puede tender a mimetizarse conmigo, a seguirme; pero luego desaparece y hasta olvido el texto. Con la canción, nunca dejo de ser yo.
P..: Insiste en hablar del teatro para referirse a la actuación. ¿Es donde se siente más cómoda?
R.C.: Es que donde el actor se puede mostrar profundamente es en el teatro. La televisión tiene otros ritmos, otros textos, y no permiten que el actor trabaje su personaje. En una tira, con que medianamente seas algo entonado, ya está. Es por eso que, frente a la posibilidad de la televisión, los actores siempre preferimos los unitarios, como me ha pasado ahora a mí con «Mitos», que estamos terminando de grabar. Calcule que cada capítulo de una tira se hace en un día; el de un unitario lleva cinco días. La verdad es que en la Argentina tenemos muy buenos actores, porque a pesar de eso que digo se ven muy buenas actuaciones en televisión.
P.: ¿Cómo sigue su año después de «Mitos» y de estas presentaciones?
R.C.: Por el lado de la música, entre setiembre y octubre estaremos preparando el próximo espectáculo, que tendrá mucho tango pero seguramente también otras cosas. Por el lado de la actuación, tengo que filmar una película con Ana Katz, una directora joven que me gusta mucho. Estoy entusiasmada con eso y dije que no a un par de propuestas de teatro para concentrarme en la película. Y que no me pase como con la de Bonavena, que finalmente no se hizo. Tampoco tengo nada de televisión por el momento. Como yo tengo mi escuela de teatro en Rosario, mi lugar cerca del río, que adopté como propio y al que voy permanentemente, frente a una Buenos Aires que está cada vez más enloquecida, puedo permitirme el lujo de no sentir la presión por trabajar, que tanto nos aqueja a los actores con una profesión tan inestable.
Entrevista de Ricardo Salton


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