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“No soy un novelista sistemático”
Mactas: “Lo que vive el protagonista de ‘Una mujer peligrosa’ fundamentalmente son las trampas, ilusiones, desengaños y miedos que son propios de la juventud, con más intensidad que en otros períodos de la vida”.
Periodista: ¿A qué género pertenece "Una mujer peligrosa" dado que tiene de novela erótica, de novela romántica, de juegos con la memoria, de crítica política e histórica?,
Mario Mactas: Creo que es todas esas cosas, y no pertenece a un género. Considerarla una novela erótica ayuda a clasificarla con claridad, en lo que concierne a la ventas y demás. En rigor tanto el erotismo como los períodos de locura colectiva en el país, la radicalización política extrema, el papel de los intelectuales que sin el menor espíritu crítico se sumaron a la violencia y no advirtieron que se estaba produciendo una dialéctica que iba a conducir a una situación infernal y a una dictadura implacable, terrible, todo eso confluye en esta narración, que también es una comedia acerca de las trampas de la propia juventud. Es manido y sabido que la juventud no es un período necesariamente feliz y afortunado en la vida sino lo contrario, pero cuando uno lo aprende ya es tarde, porque no conocés el guión y no podés corregir ni repetir. El protagonista de "Una mujer peligrosa", que está contada en primera persona, lo que vive fundamentalmente son las trampas, ilusiones, desengaños y miedos que son propios de la juventud con más intensidad que en otros períodos de la vida.
P.: Su novela se lee de corrido por más que haga saltos de tiempo y cuente por escenas.
M.M.: Tiene una estructura relativamente compleja, porque la hice con una técnica de cut-up Técnica que escuché cuando vivía en España como la de William Burroughs sobre su célebre "Almuerzo desnudo". Es imposible encontrar allí ningún tipo de técnica, pero si alguna había era una similar a la compaginación en cine.
P.: Al comienzo la novela se parece a las memorias de un libertino que habla de muchas mujeres, pero poco a poco se centra en dos mujeres.
M.M.: Un mujer levemente mayor y la otra, de su generación. Una lo esclaviza y somete, la otra lo lleva por el camino de la amargura porque se transforma en otra persona. Se casan aunque no tienen la más mínima fe en el matrimonio. Era una cierta imposición de la época, de una cierta clase media más o menos acomodada, intelectualizada, y embriagada por los criterios de revolución, cambio, las lecturas de Fanon, de Sartre, la vida de Lumumba, los coroneles nasseristas, una gran melange en la que había que incluir al "Colorado" Jorge Abelardo Ramos. Un tipo divertido con el que coincidimos en almuerzos con Antonio Carrizo, pero que había hecho un melting pot que visto a la distancia parece alucinado. Una suerte de línea histórica imaginaria en la que cohabitaban de Trotsky a Rosas, Yrigoyen, Perón. Esto no pasó inadvertido a sectores del partido militar, de la izquierda, pero cuando se formó el Frejuli, la Izquiera Nacional de Ramos aportó menos del uno por ciento. Pero, influyó.
P.: Ironiza con esos militantes revolucionarios que aparecen con la ropa de moda.
M.M.: Cancherísimos. Esa contradicción se transforma en una encrucijada para el narrador porque su propia mujer, con la que nunca llega a armonizar, se aleja cada vez más, y el tipo comienza a sentir, con mayor intensidad que en ningún otro momento, una pulsión natural, que acompaña a todos los períodos de la vida, pero que entre nosotros es muy intensa, la del miedo. Se aterroriza al ver las cosas que se vienen y al mismo tiempo se siente un poco brumoso porque no sabe si se está apartando de un proceso del que tendría quizá que participar.
P.: ¿Cómo pasa del periodismo a la literatura?
M.M.: Yo no soy un novelista sistemático. Cuando volví a la Argentina, luego del cierre de Satiricón y otras peripecias más difíciles que ahorraré para que no se convierta en una actitud de jactancia como ocurre con las personas que han tenido que irse. Yo no tenía militancia política. Al regresar, el editor Luis Chitarroni, que había guardado numerosos artículos e incluso poemas que había publicado en Satiricón, me dijo por qué no juntaba cosas de un modo sistemático y hacía un libro. La verdad que no era el periodista que soñaba con el libro. Yo no tengo guardado nada, no tengo tapes, no tengo artículos, no tengo un museo de mí mismo. Pero como estaba recién vuelto, después de unos once años, sin regresar en ningún momento en ese período, sufrí un shock espantoso. La Argentina me pareció un lugar envenenado de la Tierra. Me di cuenta de que la lucha armada y la terrible dictadura en que todo aquello desembocó había destruido la ciudad y oscurecido las mentes. Había una enorme pobreza para considerar cualquier cosa. No había personas con las que hablar. Enseguida conseguí trabajo, que para mí era vital. Nosotros tenemos una actitud un poco aldeana en eso, el que viene de afuera se pone un poco de moda. Hasta que se cansan de vos porque sos uno más. Así fue como apareció "Monólogos rabiosos", un libro de textos breves como para exorcizar ese sentimiento de frustración. Al regresar comenzaba para mí el verdadero exilio.
P.: ¿Cuándo comienza a escribir novelas?
M.M.: Como se vendió bastante bien, cuando me reuní con los directivos de Sudamericana. Antes, en una de las lamentables separaciones que aguardan en la vida, había ido a ver una psicoanalista por consejo de Fernando Ulloa, un psicoanalista, un padre fundador, con el que me peleaba constantemente, y que tenía como único objetivo la terapia de grupo de Les Luthiers para evitar las tensiones internas. Yo no creía en el psicoanálisis, pero apostemos una ficha en este casillero también. Como discutíamos, me dijo vaya a ver a la licenciada tal. Era una mujer muy atractiva, muy mona. Pero que tenía fobia a las palomas. Cuando me dijeron que querían que escribiera "Monólogos rabioso dos". Bueno, pero por qué no me dejan primero escribir una novela, "El amante de la psicoanalista". No tenía ningún plot, ningún argumento, era un título que surgió en ese momento, Me dijeron: mirá que una novela es como una pequeña catedral, si pasa algo en este momento es porque pasó algo antes. Como he leído literalmente millones, lo sé. Me dijeron escribí 60 páginas y te contestaremos si o no. Me puse a escribir penosamente. Tenía que encontrar una historia. La encontré y empezó a tirar de mí, y se escribió rápido. Ahí publiqué "El amante de la psicoanalista", seguida de otra, "Así como tiemblan las piernas de mi amada". Las dos con el mismo personaje, El Mosca, que es un bebedor oceánico y mujeriego alucinado. En la segunda novela cuando lo echan de su tercera casa matrimonial, uno de sus hijos le dice que vaya a ver a un terapeuta. Y así conoce a la Elsa Hitler Curnosky, que es al mismo tiempo descendiente de Hitler y de judíos, así que ya tiene de nacimiento un ovillo mental singularísimo. El Mosca se convierte en su amante y su único paciente. Y ahí empiezan a pasar muchas cosas. Es un pequeño thriller erótico que sí se alcanzó a vender bien.
P.: Entre las muchas sorpresas de "Una mujer peligrosa" hay un elogio a Ernesto Sábato.
M.M.: Más allá de la mera mención al pasar, hay un pequeño homenaje, que nadie va a advertir, a su novela "Sobre héroes y tumbas". Hay junto al coronel Budyonni y su mujer, la historia del general y mariscal de la Unión Soviética Semión Budyonni. Es una narración que se cruza con la otra como la retirada de Lavalle en "Sobre héroes y tumbas". Esa historia de Semión Budyonni la recuerdo de mis tías comunistas, que a la vez eran unas señoras muy elegantes que iban por el campo en coche de caballos, y cantaban La Internacional y decían: Budyonni nos dirige a triunfar. No entendía cuando era un niño quién coño era este Budyonni, y era ese militar de caballería, de gran valentía que perdía todas las batallas, y se mantuvo en una estética, en una manera de combatir, con la carga de las caballadas frente a las divisiones Panzer, y los nazis los destrozaban. Pero tenía cierta proximidad con Stalin, y a algún que otro jerarca próximo a Stalin, lo que le evitó la muerte. Creó una raza de caballos que lleva su nombre, cruzando el don ruso con el pura sangre inglés. Además, yo era compañero de Mario Sábato en el Buenos Aires, y me pasé muchas horas en Santos Lugares, en casa de Sábato. Creo que con pocas personas me he reído tanto como con Sábato, y sentí una gran conmoción, como cualquier adolescente de mi tiempo cuando salió "Sobre héroes y tumbas". Creo que el olvido cínico al que lo han condenado, y las críticas venenosas, son enormemente injustas.
P.: Dice que "Mujer peligrosa en un lugar envenenado de la Tierra" es una novela que le gusta.
M.M.: No me avergüenza. La leo a menudo, y la encuentro por momentos satisfactoria. Creo que está escrita con una cierta libertad y tersura, que está escrita en castellano, de eso no tengo ninguna duda, Un castellano libre, que no está sujeto por la superstición de la gramática.
P.: ¿Y ahora qué está escribiendo?
M.M.: Estoy pensando. Estas novelas que son bastante particulares en cuanto a su formato y estructura se resuelven con pensamientos, en la calle, al dormir, etcétera, etcétera, y cuando me pongo a escribir la escribo de una, no hago varias versiones. Ya está escrita. Es como cuando las mujeres se divorcian, les decís: pero si estamos bárbaro, pero ella ya se viene divorciando dos años antes. Estoy pensando en dos personas que se conocen en las redes sociales, y de ahí en adelante empiezan a pasar las cosas.
Entrevista de Máximo Soto


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