5 de diciembre 2008 - 00:00

Norma Arrostito, entre idealizaciones y clichés

Julieta Díaz, la Arrostito de las básicas ficcionalizaciones.
Julieta Díaz, la Arrostito de las básicas ficcionalizaciones.
«Norma Arrostito, la Gaby» (Argentina, 2008, habl. en español). Dir.: C. D'Angiolillo. Guión: C. D'Angiolillo, G.Maglie. Int.: J. Díaz, R. Díaz Mourelle, M. Ferrante, J. Anganuzzi.

La figura de Norma Arrostito, (a) Paula, Irma, Gaby, LaViuda, sinceramente daba para mucho más de lo que ofrece este documental ilustrado con algunas escenificaciones ocasionales y demasiado básicas, y respaldado por varios testimonios de personas que la conocieron de cerca: desde tías, primas, y una compañera de trabajo en sus tiempos legales, todas ellas bastante desaprovechadas, hasta, predominantemente, compañeras de militancia y también de calvario.

Muy poco suspenso tiene la dramatización del secuestro y asesinato del general Aramburu, acontecimiento fatal con que el grupo Montoneros hizo su entrada en la escena política, cimentó su fama, y cavó su propia fosa. Y poco y nada se rastrea en los aspectos menos conocidos, o menos comprobables, pero por ello mismo más interesantes de su vida: los comienzos junto a un miembro del PCA, su incorporación al grupo «Cristianismo y Revolución» del padre Jorge García Elorrio, los viajes de entrenamiento a Cuba, la participación y posterior alejamiento de sus hermanas (luego a una de ellas miembros del Plan Cóndor le mataron el esposo en Perú), las primeras acciones armadas antes del secuestro, la organización de la Columna Sur de Montoneros, los cargos docentes que habría ocupado en 1973-74 en el Nacional Buenos Aires, la Superior de Comercio Carlos Pellegrini, y la Facultad de Derecho (algunos dicen que «cuestionada por su dudosa idoneidad y abultados sueldos»), las conversaciones con determinados oficiales, y, en los últimos meses, la religión y el uso del tarot como formas de demorar su propia muerte.

Sólo se comenta lo ya consabido y difundido en las actuales historias oficiales, vale decir, en sus términos, la ruindad de la Libertadora Vendepatria, el dolor y la lucha del pueblo peronista, el llamado ajusticiamiento, la muerte a tiros de su compañero Fernando Abal Medina, el choque del 1° de mayo del 74 entre el general Perón y la JP, el paso a la clandestinidad, el largo via crucis en la Esma, exhibida a los miembros del Ejército como trofeo de la Marina, y quizás obligada a identificar compañeros, algo que las testigos del caso recalcan que nunca hizo.

Julieta Díaz presta al personaje una máscara de mujer linda, bien compuesta, poco expansiva, tal como todos los recuerdos coinciden. Y Ricardo Díaz Mourelle brinda una creíble pero muy poco aprovechada caracterización como el vicealmirante Rubén Jacinto Chamorro, su posible protector, quizá su intencionado eslabón para el proyecto político de un tercero.

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