Vinculado durante años a Amalia Fortabat, el magnate fallecido a los 101 años en marzo de 2017 tiene una colección de obras que comprende los nombres de Matisse, Picasso, Gauguin, Seurat y Hopper, entre otros.
Matisse. “Odalisca acostada sobre magnolias” (Niza, 1923). Una de las obras que ofrecerá Christie’s en la subasta en la que se esperan varios récords.
El arte reunido durante más de 70 años por Peggy y David Rockefeller se venderá en la sede neoyorquina de Christie's en mayo. Los 1.600 lotes, estimados en 650 millones de dólares, configuran la mayor subasta de toda la historia del arte. La sorprendente belleza de varias pinturas, una mujercita con un canasto de flores del período rosa de Picasso estimada en u$s 70 millones, la sensualidad y la energía latente de la Odalisca de Matisse o los poéticos Nenúfares de Monet, entre otras obras de Corot, Seurat, Gauguin, Juan Gris, Hopper o De Kooning, despiertan pasiones entre los coleccionistas. Rara vez aparecen piezas de esta calidad en el mercado y los expertos auguran numerosos records.
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Hoy las colecciones se exhiben en Londres, cuando todavía está vivo el recuerdo de David, "el multimillonario más antiguo del mundo, el nieto más joven del primer multimillonario estadounidense, John D. Rockefeller Sr., uno de los "'robber barons' originales", como lo define la revista "Vanity Fair". Allí mismo aclaran que mientras el nombre del abuelo se convirtió en sinónimo de capitalismo, el del nieto lo fue de retribución. "Líder en negocios, servicio público y filantropía", D.R., como lo llamaban, además de donar alrededor de 1.000 millones de dólares a organizaciones benéficas, ayudó a salvar a Nueva York de la bancarrota en los años 70.
En la Argentina, el nombre de David Rockefeller está ligado al de su gran amiga Amalia Fortabat, su anfitriona en Olavarría y en su penthouse del Hotel Pierre en Manhattan. Se conocieron en el Consejo de las Américas, un grupo empresarial fundado por D.R. en 1965 para favorecer nuestro continente. Ambos compartieron el interés empresarial, amaban el arte, la filantropía, y ocuparon un lugar activo en el Consejo de la Presidencia del Museo Metropolitan de Nueva York, donde Fortabat financió una muestra de arte argentino que nunca se realizó. No obstante, mientras Rockefeller cultivaba su bajo perfil, Fortabat disfrutó de una vida glamorosa, sobre todo en el extranjero, donde le gustaba dejar atrás los prejuicios judeocristianos que en la Argentina engendra la riqueza. De hecho, su ambición la indujo a legar algo trascendente y fundar el museo que lleva su nombre, la Colección Amalia Lacroze de Fortabat. Rockefeller, por el contrario, decidió donar el producto de esta venta a varias instituciones, entre ellas, el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Museo que jugó un papel preponderante en el inicio de la colección de Peggy y David.
Abby Aldrich Rockefeller, la madre de D.R., integró en 1929 el grupo de fundadores del MOMA, construyó allí el jardín de esculturas y coleccionó grandes obras. Pero Peggy, confiando en su buen gusto, decoraba sus casas ella misma. La historia de la colección comenzó cuando el primer director del MOMA, Alfred Barr, fue a tomar el té con su mujer a la casa los Rockefeller. Ella, refiriéndose sin duda a las pinturas o grabados comprados por Peggy, preguntó sin reparos: "¿Cómo puedes soportar estar rodeado de tantos hombres pequeños con chaquetas rojas?" D.R. observa en sus memorias: "Estábamos, y es comprensible, creo, bastante molestos en ese momento, pero sus comentarios dejaron huella".
En 1955 compraron una obra maestra de Cézanne y en 1968, ya convertidos en conocedores, accedieron a las obras de la coleccionista y mecenas de Picasso, Gertrude Stein, que acumuló en su vida un conjunto crucial de arte moderno. En 1959 y en pleno auge de las colecciones corporativas, David Rockefeller creó la del Chase Manhattan. Considerada la reina madre de las colecciones corporativas, llegó a tener 15.000 obras de arte repartidas en sus 400 sucursales del mundo.
El Chase marcó nuevas pautas para el coleccionismo empresarial: impuso la presencia del el arte en los espacios destinados a sus directivos, el público y los puestos de trabajo. El banco extendió su política de exhibición y adquisiciones a las sucursales de otros países y en la década del '70 llegó a la Argentina, donde compró nuestro arte contemporáneo.
El edificio Rockefeller albergará los remates de Christies de pintura de los siglos XIX y XX, los muebles, la porcelana europea; el arte asiático y precolombino, la platería, los textiles, el arte popular y amerindio. La pintura latinoamericana está representada por "Los rivales", de Diego Rivera estimada entre 5 y 7 millones de dólares.
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