28 de julio 2010 - 00:00

Obama ordenó ubicar y castigar a quienes filtraron secretos

Con su hija en brazos, la viuda del sargento Eduardo Loredo observa el cajón con el cuerpo de su esposo en el cementerio de Arlington. Loredo fue una nueva baja en Afganistán, conflicto que este año ya batió récords de víctimas.
Con su hija en brazos, la viuda del sargento Eduardo Loredo observa el cajón con el cuerpo de su esposo en el cementerio de Arlington. Loredo fue una nueva baja en Afganistán, conflicto que este año ya batió récords de víctimas.
Washington - La filtración de 91.000 documentos comprometedores sobre la guerra en Afganistán alentó las voces contrarias a la misión estadounidense en el país centroasiático enarbolada por Barack Obama, al tiempo que la Casa Blanca informó la apertura de una causa para castigar a los responsables de la divulgación de los secretos.

La pesquisa en el Pentágono, que derivaría en cargos penales a los presuntos responsables, correrá a cargo de la división investigadora del ejército de tierra, informó el coronel David Lapan, vocero del Pentágono, al referirse a la filtración de los documentos que revelan operaciones encubiertas, muertes de civiles de las que nunca se informó públicamente y denuncian la ayuda de los servicios secretos paquistaníes al movimiento talibán.

Lapan explicó que la división encargada de la investigación penal es la misma que indagó a Bradley Manning, especialista de inteligencia acusado de haber proporcionado a Wikileaks otros documentos secretos. Detenido actualmente en Kuwait, Manning es considerado responsable de haber pasado al sitio Wikileaks el video del ataque de un helicóptero Apache a Bagdad en el que fueron muertos numerosos civiles.

No obstante, según el Pentágono, miles de personas podrían tener la clave para acceder a documentos como los revelados.

En tanto, el presidente Obama criticó ayer por primera vez y en forma explícita la avalancha de documentos publicados, entre otros, por The New York Times, Der Spiegel (Alemania) y The Guardian (Gran Bretaña), al aducir que «no hay nada nuevo» y que son «estas consideraciones precisamente las que durante el otoño pasado me convencieron de cambiar de estrategia».

Sin embargo, el mandatario agregó que está preocupado «por el efecto que los documentos podrán tener sobre la seguridad de cada unidad o cada soldado», mientras la Casa Blanca minimizó el alcance de la primicia de Julian Assange, fundador de Wikileaks, y separó este hecho de la fuga de noticias que, en 1971, cambió el curso de la guerra de Vietnam.

A causa de las dificultades en el campo de batalla y del aumento de las pérdidas humanas -ayer en Afganistán se superó el umbral de los 400 muertos entre las fuerzas extranjeras que combaten allí desde principios de año-, el debate sobre la presencia norteamericana se aceleró.

Tampoco ayuda el hecho de que el presidente norteamericano siga bajando su popularidad, según los últimos sondeos.

El presidente se encuentra en una encrucijada: o convence de que su estrategia de guerra funcionará en los tiempos establecidos o será obligado a dar marcha atrás o a un retiro anticipado. El mandatario demócrata priorizó el combate en Afganistán por sobre la lucha en Irak, por lo que implementó un refuerzo con 30.000 soldados estadounidenses más.

Además, el Consejo para la Seguridad Nacional de Afganistán, que había advertido sobre la necesidad de «políticas claras», sostuvo que «desafortunadamente se debe mencionar que nuestros aliados no dieron la suficiente atención, como pedimos nosotros».

En ese marco, al menos seis civiles murieron en un ataque perpetrado en la provincia afgana de Parwan contra un vehículo en el que se desplazaban operarios de una empresa de construcción, informó la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF).

Desmentida

En tanto, el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, desmintió que Irán apoye secretamente a los talibanes en la guerra en Afganistán, como surgió de la publicación de documentos de la inteligencia norteamericana publicados por Wikileaks.

«Nosotros no apoyamos a ningún grupo, apoyamos sólo al pueblo afgano. Nosotros apoyamos y queremos reforzar la seguridad en Afganistán», dijo el mandatario entrevistado por la emisora norteamericana MSNBC.

Aunque legisladores republicanos y gran parte de los demócratas no exacerbaron las críticas a la estrategia de Obama en Afganistán, quienes sí lo hicieron fueron representantes del ala liberal del oficialismo. Uno de sus líderes, Russel Feingold, opinó que los documentos filtrados «dejan claro que no hay una solución militar en Afganistán».

El diario The New York Times, por su parte, publicó ayer un editorial en el que concluyó: «Si el presidente Obama no puede persuadir a Islamabad para que corte sus lazos y combata con los extremistas en Pakistán, no hay esperanza de derrotar a los talibanes en Afganistán».

Agencia EFE

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