El contrapunto que ambos mantuvieron a distancia anticipó el tono áspero que, se espera, tendrá el encuentro que se desarrollará en esa ciudad rusa, donde ayer comenzaron a llegar los jefes de Estado de las veinte economías clave del mundo, entre ellos la argentina Cristina de Kirchner.
"Mi credibilidad no está en juego. Es la credibilidad de la comunidad internacional la que está en juego", aseguró Obama en Estocolmo, donde compareció en rueda de prensa junto al primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt. "Yo no fijé una línea roja. El mundo fijó una línea roja", agregó, recordando que hace muchos años la comunidad internacional desterró el uso de armas químicas.
El presidente estadounidense, que pasó por Suecia antes de dirigirse a la reunión del G-20, reiteró además su convicción de que el régimen de Bashar al Asad empleó ese tipo de armamento contra civiles. No es la misma opinión que tiene, por ahora, Putin, quien volvió a tildar de "disparate" que haya sido el Ejército sirio el culpable del ataque químico del 21 de agosto en Damasco. "Las armas químicas son siempre el último medio para un Ejército que está en apuros, pero en Siria el Ejército tiene el viento a su favor", dijo y responsabilizó a los rebeldes.
Se espera que los cruces de opinones entre Washington y Moscú dominen la agenda del encuentro de las veinte economías clave del mundo en San Petersburgo, donde también se discutirá de asuntos económicos. Obama usará la cumbre para presionar a sus pares y lograr un apoyo amplio a su estrategia contra el régimen sirio, el mismo que se ha visto obstaculizado por el Kremlin en el Consejo de Seguridad.
En ese marco, el presidente ruso desafió a su homólogo estadounidense. "Si hay pruebas objetivas de quién cometió ese crimen, reaccionaremos", aseguró. Pero estas pruebas deben ser "convincentes y no basarse en rumores o informaciones que los servicios secretos hayan espiado o de conversaciones o cosas similares", advirtió.
La tensión entre los dos mandatarios había quedado expuesta en la falta de consenso para la realización de una conferencia de paz sobre Siria en junio. Luego aumentó cuando Rusia decidió entregar asilo al exagente de los servicios secretos estadounidenses, Edward Snowden, quien reveló la red global de ciberespionaje de Washington. Y llegó a su punto máximo la semana pasada con el anuncio del plan para atacar al régimen de Al Asad.
Ayer, Putin se refirió al topo como un defensor de los derechos humanos. "Quizás cuando pase un poco de tiempo, América entenderá que no es un traidor o un espía sino un hombre con convicciones", señaló y aclaró que nunca recibió información a cambio del asilo.
"Es un tipo extraño. Se condenó a una vida difícil. Es su destino, lo eligió y creo que es noble, justificado, y que estos sacrificios son necesarios", añadió.
| Agencias DPA y ANSA, y Ámbito Financiero |


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