10 de agosto 2009 - 00:00

Oles: “Frida Kahlo es como Van Gogh: ámala o déjala”

Oles, una rara avis del mundo del arte, no tiene reparos en decir lo que piensa; por caso, sobre «Ejercicio plástico», dice «los murales que Siqueiros pintó en la década del 20 eran muy menores, meramente unos ejercicios».
Oles, una rara avis del mundo del arte, no tiene reparos en decir lo que piensa; por caso, sobre «Ejercicio plástico», dice «los murales que Siqueiros pintó en la década del 20 eran muy menores, meramente unos ejercicios».
El bostoniano James Oles llegó a Buenos Aires la semana pasada invitado por Aníbal Jozami, rector de la Universidad Tres de Febrero, como expositor de un seminario donde se presentó la nueva Maestría en Curaduría en Artes Visuales. Oles, experto en arte de América Latina, vive y trabaja en México, e invitado por Olivier Debroise realizó en 1996 «Retrato de una década», la gran exposición antológica que celebró el centenario del nacimiento de David Alfaro Siqueiros y que llegó hasta los museos de Santa Bárbara, el Bellas Artes de Houston y la Whitechapel de Londres.

Debroise fue un personaje importante, Héctor Mendizábal contó que el momento del desmontaje del mural «Ejercicio plástico», le aconsejó resguardar el piso de cemento coloreado que casi todos recomendaban descartar. Oles comentó su forma de trabajo: «Olivier fue muy concreto, y dijo: A mí no me interesa toda la producción de Siqueiros, sólo quiero trabajar los años 30. Es una década muy importante para él por cuestiones políticas y formales, y nos invitó a Mari Carmen Ramírez y a mí a participar en el proyecto».

Oles no tiene reparos en decir -o expresar con elocuentes exclamaciones- lo que piensa, y sobre el mural de Argentina, que todavía no conoció, señala: «Lo curioso de Siqueiros es que cuando él estaba en Argentina, sólo había y se conocían dos grandes muralistas que estaba trabajando, Rivera y Orozco. Los murales que Siqueiros pintó en la década del 20 eran menores, y los que pintó el Los Ángeles eran de un formato reducido, muy importantes en cuanto a los experimentos visuales, el tratamiento del espacio y el uso de la fotografía, pero no como los que pintaron Rivera u Orozco en la Ciudad de México, que ¡aaaah!... El mural de aquí se llama Ejercicio plástico», todo lo que hace Siqueiros antes de pintar el mural del Sindicato de Electricistas es meramente un ejercicio. Ensayos».

Periodista: ¿Y cuándo se convierte en muralista?

James Oles: Él se toma su tiempo antes de tener una visión madura, casi dos décadas le lleva poder expresarse. En parte, porque estaba siempre muy distraído por su trabajo político. Muchas veces se incluye a Siqueiros en exposiciones, con las obras de los años 30, como pintor de caballete, al lado de Tamayo, María Izquierdo, y con temas no tan políticos, algunos desnudos, figuras tradicionales. Su factura es más agresiva, más dura, más negra y menos idealista que la de Rivera, no más que la de Orozco, pero sí es menos idealista y utópico que Rivera. Pero es un pintor de cuadros que hace algunos murales. Tamayo en la década de los 30, seguramente cubre más metros cuadrados que él. Siqueiros tiene muchos problemas políticos, el gobierno no quiere trabajar con él, no puede controlarlo como a Tamayo, que no es un problema, pinta alegorías a la música.

P.: Para la muestra «Retrato de una década», el Museo Nacional de México intentó comprar «Ejercicio plástico» en una cifra millonaria.

J.O.: A mí me alegra que este mural se quede en Argentina, es un encargo que Siqueiros recibió aquí y además trabajó con artistas argentinos. Debe estar aquí para que la gente pueda ver el muralismo en una dimensión un poquito mejor de la que se ve en las Galerías Pacífico, que es el muralismo argentino. Sorry.

P.: Durante su ponencia habló sobre la influencia estética que ejercen algunas colecciones sobre otras. ¿Es cierto que la colección de la venezolana Patricia Cisneros tiene como objetivo dejar atrás el exotismo del muralismo mexicano o el de Frida Kahlo?

J.O.: Obviamente, es así. Patricia Cisneros ha sido muy elocuente en entrevistas, donde ha dicho, por ejemplo, que odia a Frida Kahlo. Creo que más allá de odiar a Frida Kahlo, ella odia lo que representa Frida Kahlo. Hay un prejuicio norteamericano más que nada, aunque quizás es en parte europeo también, que desprecia lo latinoamericano, lo exótico, tropical, sexual, difícil. Patricia Cisneros no es una mujer ni exótica, ni tropical, aunque puede ser difícil. Latinoamérica puede ser complicada, difícil, desordenada, pero estas características deben ser vistas como una ventaja, no como una desventaja. ¿Quién representa a México, los mariachis, Frida Kahlo o Carlos Slim, cuyo origen es libanés? Esta idea de que alguien, un artista puede representar un país, es de antemano problemática y errónea. Es también erróneo creer que una colección de arte puede representar una región. Conozco un coleccionista que quería dos obras de cada artista mexicano, los importantes y los olvidados. Es democrático, pero, ¿es representativo? La colección Cisneros no representa Latinoamérica en su diversidad, porque ha excluido obras. Sin embargo es una de las colecciones de arte latinoamericano más importantes del mundo e internacionalmente hablando, porque ha podido cambiar cómo se escribe la historia del arte de todo un continente, mientras que un coleccionista alemán con las mejores obras de Warhol y los mejores Kandinsky no ha logrado cambiar la historia del arte.

P.: Un coleccionista tiene derecho a elegir. Pero, ¿qué pasa cuando la curadora del Museo de Houston sale a decir en «The New York Times» que Frida Kahlo es una mala pintora?

J.O.: Bueno, escribí una respuesta a ese artículo de Mari Carmen Ramírez. Trabajando desde adentro de las instituciones, Cisneros y Ramírez han cambiado la historia, es algo importantísimo.

P.: Una cosa es cambiar el lugar que ocupan determinados artistas, bajar algunos para encumbrar otros, y otra muy diferente es hacerlos desaparecer de la escena.

J.O.: Cisneros ha logrado que en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde tiene mucho poder, estén presentes Torres García, Lygia Clark, Mira Schendel, Jesús Soto o Armando Reverón, que es su pintor favorito. Sin embargo, en la exposición permanente del MOMA están los cuadros de Frida Kahlo, Diego Rivera y Orozco y, honestamente, hay gente que va a ver los cuadros de Frida, pero no creo que nadie vaya al MOMA a ver una obra de Soto o de Reverón. Puedes despreciar todo esto, puedes despreciar a Frida, pero la diferencia entre ella y el resto de los pintores realistas es enorme: hizo algo especial. Ella es como Van Gogh: ámala o déjala. Se debe entender que no es mejor Mondrian o Van Gogh, que son propuestas diferentes. Está la vertiente hacia la perfección intelectual, lo utópico, la racionalidad, lo que le interesa a Cisneros, y por otro lado está la vertiente de la emoción, la pasión, la naturaleza, el descontrol. Frida transita la vertiente de lo feo, lo caótico. ¿Hablar del propio cuerpo? ¿Hablar del aborto, de la mujer rota? No es la perfección es la imperfección.

P: ¿Qué opina de la escena del arte porteña?

J.O.: En primer lugar hay una muy buena comunicación entre el coleccionismo del sector privado y el sector público. Un museo como el de Costantini, ayuda mucho al Museo Nacional de Bellas Artes, que nunca va a poder comprar un Frida Kahlo, pero en Buenos Aires hay una pintura de ella. Esto contribuye a hacer más dinámica la escena artística, porque un solo museo no puede hacerlo todo. En México tenemos un archipiélago de museos.

P.: ¿Trabajan para posicionar su arte en el exterior?

J.O.: De hecho, en el MOMA y en la Tate los mexicanos tocaron las puertas primero, aunque después se abrieron a otros y a una diversidad mayor. El arte argentino está muy poco representado en los museos de Estados Unidos, no hay grandes obras de Berni, salvo en el MOMA, y ahora en Houston. Por muchos años en México el coleccionismo privado no confiaba en el Estado, que gastaba tanto dinero en arte, en producciones, que muy poca gente quería hacer donaciones, además no había beneficios fiscales. Esto está cambiando ahora, y en varios países.

Entrevista de Ana Martínez Quijano

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