28 de junio 2010 - 00:00

Otro escalón hacia la gloria

Gabriel Heinze se trepa al festejo argentino. Maradona aplaude y se acerca a felicitar a sus jugadores. La Selección dio otro paso.
Gabriel Heinze se trepa al festejo argentino. Maradona aplaude y se acerca a felicitar a sus jugadores. La Selección dio otro paso.
Johannesburgo - Podríamos alimentar la autoestima y quedarnos mirando el frío resultado. Después de todo, meter tres goles en un partido de octavos de final de una Copa del Mundo no es tan fácil de hacer como de comentar. Deberíamos poner la lupa en el rendimiento del equipo y seguramente desembocaremos en que Argentina jugó los 90 minutos más flojos desde su estadía en Sudáfrica y que, a pesar de eso, tuvo en varios pasajes del partido la posibilidad concreta de llegar a una goleada sin precedentes por la simple razón de que los defensores mexicanos hacían todo lo posible para que la Selección marcase un cuarto tanto. Sin embargo, también es cierto, hay jerarquía en un equipo que sabe aprovechar semejantes ventajas del rival.

El triunfo no sólo deposita a Argentina entre los mejores ocho del Mundial. También permitió recuperar en el arco rival a un jugador que indudablemente hasta aquí había puesto su capacidad en beneficio del equipo, y no tanto para su lucimiento personal. Así fue como Carlos Tevez tuvo su noche soñada dentro del marco mundialista, e incluso, para muchos (el mismo «Carlitos» lo dijo) fue su mejor versión vestido de celeste y blanco. Lamentablemente, no tuvo socios con el mismo rendimiento entre sus compañeros de ofensiva. Higuaín destiló categoría en la definición del segundo tanto, pero no tuvo una actuación reluciente. Maxi Rodríguez y Di María no lograron nunca ser decisivos por los costados y Lionel Messi no fue todo lo punzante que supo ser en los anteriores tres partidos. Si bien en la primera etapa tuvo participación en varias de las llegadas argentinas (una individual que Pérez controló casi en la línea), en el complemento, con una ventaja cómoda, terminó siendo presa del enjambre de piernas aztecas.

El 3 a 1 habla de justicia plena. Argentina nuevamente fue más en el balance, pero por momentos sufrió de falta de claridad, sobre todo en una zona vital de cualquier equipo ofensivo, como es en la gestación del ataque. En ese primer pase tan señalado por los entrenadores Argentina lo padeció, no tanto por Mascherano, de buen partido en la batalla y en el equilibrio, pero sí por las faltas de alternativas de un socio para ese toque inicial, que incluso obligaba a Messi a bajar hasta el centro del campo para ser él quien llevara el balón entre Torrado y Rafa Márquez, compañero de «Lío» en Barcelona, quienes lo controlaban lejos del área mexicana.

Pero así como es meritorio el triunfo, también hay que hacer un apéndice con la apertura del marcador. Minuto 25, la jugada iniciada por Messi derivó en un pase para Tevez que perdió en el mano a mano con el arquero y el rebote fue el mismo 10 argentino que la puso nuevamente dentro del área, «Carlitos» la desvió a la red, en una posición adelantada tan grande que pasa a la galería de los goles más fraudulentos de la historia de los mundiales. Ahí se abrió el partido; al rato nomás, Osorio le regaló el segundo a Higuaín y ya el pase a cuartos estaba bajo control.

Cuatro jugados, cuatro ganados. El goleador del Mundial juega para Argentina, y el mejor jugador del mundo todavía tiene mucho fútbol en su carretel sin igual; son varios de los motivos donde se cimientan las ilusiones y los proyectos de la Selección en este Mundial. El equipo de Diego está ya entre los ocho mejores de la Copa del Mundo. Por lo que se podía presagiar antes de llegar a Sudáfrica, es positivo. Por lo mostrado durante el torneo y mirando de reojo al resto, es sólo una muestra de que vamos por el camino correcto.

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