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Pacto vs. pacto: Duhalde busca un acuerdo con Macri
Eduardo Duhalde
Recién regresado del exterior -y tras minimizar su ausencia en la cena convocada por De Narváez-, Duhalde retomó el planteo de invitar al jefe de Gobierno porteño a competir en una interna, mano a mano, para definir al candidato anti-K para 2011.
Usó, en su mañana radial, una excusa pueril: dijo que su ausencia fue porque estaba regresando al país. Ignoró un dato obvio: si los conjurados lo querían en la mesa, hubiese bastado con demorar la cena 24 horas. Pero el objetivo fue dejarlo afuera.
Esa voluntad se potenció en la sobremesa cuando el anfitrión, Solá, Das Neves y Rodríguez Saá acordaron compartir actos y caminatas. Todo el tiempo se habló de «los cuatro»: jamás se mencionó la posibilidad de incorporar, en sus giras, al bonaerense.
Un tercer dato -la exclusión de la cena y el aislamiento en las actividades- se coronará el 10 de setiembre cuando los pactistas de Palermo Chico peguen un faltazo, en bloque, al encuentro del Peronismo Federal que se programa en un hotel porteño.
Así y todo, ese capítulo presenta algunos matices. En los próximos días se definirá si la ausencia es total, si concurren algunos o si envían, para no terminar de romper la frágil empatía del peronismo anti-K, a sus delegados a modo de representantes.
La costura final de ese proceso dependerá de los gestos que envíe Duhalde. En rigor, el pacto para aislarlo presenta una instancia intermedia: si el bonaerense revisa su actitud de «mandamás», los conjurados aceptarían retomar el diálogo y la negociación.
«Si deja de actuar como si fuese el jefe de todos y se asume como un par, la situación puede cambiar», entornó la puerta uno de los comensales.
La reacción primera de Duhalde careció de ese sesgo: subestimó el impacto del encuentro de Palermo Chico y, además, los toreó -bala que lleva el nombre de De Narváez- con la posibilidad de incluir a Macri como un planeta más en la galaxia del Peronismo Federal.
El formato es, en los papeles, una simpleza: que Macri participe de la primaria de un frente electoral donde se fusionen su partido, el PRO, con los distintos sellos que tienen, o están preparando, los jerarcas del peronismo disidente.
Irritación
Al caudillo de Lomas lo irritó una frase atribuida a De Narváez, que le sopló un peronista con más años que votos. «Mi enemigo es Duhalde», le juraron que dijo el diputado. Como un reflejo, en la mesa denarvaísta de Las Cañitas de ayer, sobraron las maldiciones contra el ex presidente.
Este, que creyó en la veracidad del comentario, se puso a militar una hipótesis conspirativa sobre el próximo objetivo de los pactistas de Palermo Chico: limitar a Macri para forzarlo a recluirse en la Capital.
Cierta o no -respecta cierta lógica-, esa teoría podría servirle a Duhalde para convencer al jefe de Gobierno porteño de conformar un eje compartido para contrapesar al cuarteto entre De Narváez, Solá, Das Neves y Rodríguez Saá que tuvo su primer show la noche del martes.
Quedan, por otro lado, piezas sueltas. Una de ellas es Carlos Lole Reutemann. El santafesino es un botín ansiado porque, además de «enriquecer» cualquier esquema con su promesa de no ser candidato deja de ser un rival temible para convertirse en un socio saludable.
Otra, hipersensible, es el nunca resuelto dilema del adentro y del afuera, respecto a la primaria del peronismo que controla Néstor Kirchner. Das Neves y Solá han sido los voceros de dos posiciones antagónicas: el chubutense propone enfrentar a los K; Solá ir por afuera.
Anteanoche, los dos precandidatos volvieron a entreverarse en esa discusión ante la cual, Das Neves, anticipó que él, si se consolida el armado del PJ anti-K, acatará lo que determine el conjunto. Fue Rodríguez Saá, entonces, quien emitió un dictamen terminante: «Basta con eso de ir por adentro: todos vamos a ir con nuestra propia interna». De Narváez, que ha dicho que su deseo sería competir por adentro «si hay garantías», evitó contradecir al puntano.


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