Páez: largo homenaje a un disco ya legendario

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Despide El amor después del amor XX años. Fito Páez. Con D. Olivero (teclados), G. Baremberg (batería), D. Espeche (guitarra), J. Absatz (teclados, guitarra, coros), M. Otero (bajo, coros) y A. Ferrer Baños (coros). (Luna Park; 22 de marzo; repite el 21 de abril).



No todos coinciden en que El amor después del amor es el mejor disco de Fito Páez. Pero con lo que nadie puede disentir es con la enorme repercusión que tuvo -y evidentemente, sigue teniendo- a nivel masivo, ni con las ventas millonarias, ni con el lugar que le ha tocado en la industria del disco: si no somos estrictos con la denominación de los géneros, puede decirse que es el álbum de rock más vendido en la historia de nuestro país.

Se han cumplido 20 años de aquel trabajo de Páez. Y aunque experimentó en el mundo del cine y ahora también en el de la literatura, ni remotamente ha alcanzado, por el momento, ese reconocimiento que tiene en la música desde entonces.

Hace pocos meses, Fito hizo un gran concierto masivo en el Planetario que dio como resultado la producción de un El amor después del amor XX años, o sea una reversión en vivo de aquella obra que, para los más jóvenes, ya tiene algo de leyenda. Algunas presentaciones que hizo en otras plazas, y este concierto del Luna Park que se repetirá el mes que viene, son los coletazos de la felicidad -para él y para sus seguidores- de volver sobre estos materiales, mientras se prepara para lo que sigue.

El concierto, en resumen, fue prácticamente idéntico al que hiciera en Palermo al aire libre. Todo el álbum homenajeado en la primera parte, en el mismo orden en que fue concebido originalmente, con Luis Alberto Spinetta en la voz, para Pétalo de sal, y Charly García, Andrés Calamaro, Celeste Carballo y Fabiana Cantilo en voces más imágenes como invitados especiales en ausencia. La segunda parte, igual que como había sucedido en octubre, fue para repasar clásicos de distintos momentos de su pasado. En esa conjunción de grandes éxitos -un concierto de esos que el público siempre elegiría- desfilaron por ejemplo Cable a tierra, 11 y 6, Tres agujas, Circo Beat, Naturaleza sangre, Polaroid de locura ordinaria, Ciudad de pobres corazones o Mariposa Tecknicolor. Y también repitió banda, siempre con Diego Olivera a la cabeza, con formato pop de teclados, guitarra y bajo, y con la colombiana -exageradamente histriónica- Adriana Ferrer Baños haciendo los coros.

No hay mucho para agregar en lo estético porque no hubo aquí ninguna intención de novedad, aunque curiosamente, quienes asistieron al Luna Park recibieron como obsequio una versión rústica de su próximo álbum El sacrificio del que no se escuchó ninguna canción. Sin embargo, no puede obviarse el reiterado profesionalismo, la prolijidad, la buena comunicación con el público y la solidez que tienen siempre las actuaciones en vivo de este músico rosarino.

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