27 de mayo 2013 - 00:00

Pahud: expresión más allá de la belleza

Emmanuel Pahud
Emmanuel Pahud
El flautista Emmanuel Pahud nació en Ginebra pero su infancia y parte de su juventud transcurrieron (en virtud del trabajo de su padre para una multinacional norteamericana) entre Bagdad, París, Madrid, Roma y Bruselas. Pahud sorprendió al mundo al vencer con sólo 22 años el concurso para incorporarse como primera flauta a la Filarmónica de Berlín. Hoy desarrolla además una brillante carrera como solista, y en calidad de tal se presenta esta noche y mañana para el Mozarteum Argentino en el Teatro Colón junto a la Orquesta de Cámara Franz Liszt de Budapest, con un repertorio integrado por obras de Federico II "El Grande", Bach, Vivaldi, Frank Martin, Mercadante, Purcell y Mozart. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Qué criterios utiliza para la elección de su repertorio en general y de estos conciertos en particular?

Emmanuel Pahud
: En general tengo un repertorio que intento que sea lo más amplio posible, desde obras del siglo XVII hasta algunas que fueron compuestas para mí y que espero que permanezcan en el repertorio. El programa que haremos con la Orquesta Franz Liszt de Budapest es una suerte de programa aniversario, ya que ellos celebran sus 50 años. Dado que es una orquesta de cuerdas (formación típicamente barroca) la primera parte estará compuesta por obras de ese período, de la época de oro de la flauta, y en la segunda parte transitamos Mozart, el concierto de Mercadante y una obra de Frank Martin, compositor suizo.

P.: Ginebrino, como usted.

E.P.:
Yo fui "liberado" en Ginebra pero viajaba mucho en el vientre de mi madre, incluso a América del Sur, y luego por toda Europa. Tengo la nacionalidad suiza, francesa, y desde mi nacimiento fui un expatriado.

P.: Su disco más reciente está dedicado a Federico "El Grande".

E.P.:
Se ha celebrado el año pasado en Berlín y en el resto de Europa el tricentenario de su nacimiento, y eso fue la oportunidad de presentar este trabajo. Él descubrió la flauta a edad temprana y conservó por ella un gran amor toda su vida, de hecho la llevaba consigo aún a la guerra contra los estados vecinos. Se sabe que dedicaba una hora diaria a la práctica de la música y de este instrumento, escribió conciertos y sonatas y reunió alrededor de sí en la corte a grandes figuras de la música de aquella época.

P.: ¿Le atraen los instrumentos históricos?

E.P.
: Si, pero sobre todo cuando son otros los que los tocan. Prefiero la flauta traversa moderna, el instrumento que aprendí desde niño y que me permitió ganar concursos y entrar a la Filarmónica de Berlín. En ella se pueden tocar obras de los repertorios barroco, clásico, romántico, moderno y contemporáneo, experimental, jazz, rock. Y además permite encontrar los recursos más adecuados a cada época, lo que estaba al alcance del compositor cuando escribió esa música, y es lo que hago cuando me aproximo a la música barroca o clásica.

P.: ¿Su actitud frente a la música es la misma en una orquesta y como solista?

E.P.
: Mi primer puesto en una orquesta fue a los 19 años, y ya había empezado a hacer conciertos como solista y música de cámara, de manera que son cosas que hago en forma paralela desde que adquirí el dominio de mi instrumento. El mundo musical es el mismo pero la actitud es ciertamente distinta. Por un lado la probidad musical es exactamente la misma y debe estar fuera de toda duda sea uno solista o integrante de una orquesta, pero cuando toco como solista soy el jefe, mientras que cuando lo hago bajo la batuta el jefe es el director. La responsabilidad es diferente pero la actitud frente a la música es la misma.

P.: ¿Cómo describiría la vida cotidiana en la Filarmónica de Berlín?

E.P.
: Es difícil hablar de lo «cotidiano» ya que es una orquesta que prácticamente se autoadministra, que elabora programas con los directores invitados o con el permanente, se discute qué se podría mejorar, de manera que lo que caracteriza la vida cotidiana es esta evolución, y el estar a la vanguardia de otras orquestas sinfónicas en lo que hace a la utilización de los medios y la tecnologías para la difusión de la música clásica.

P.: ¿De qué manera trabaja el sonido?

E.P.
: El sonido es ciertamente esencial, ya que tanto en concierto como en disco es el primer contacto del oyente con el instrumentista, y eso determinará si aquél desea seguir o no prestando atención a lo que escucha. Una vez que se da esa relación de confianza entre el oyente y el intérprete es importante usar la sonoridad no para la belleza sino como medio de expresión, al servicio de la música y de lo que el compositor quiso volcar en ella. Hay que adaptarse como un camaleón e incluso a veces dejar de lado la belleza en pos de algo más terrible o violento si es lo que el autor buscaba.

Entrevista de Margarita Pollini

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