14 de septiembre 2009 - 00:00

“Panorama” de Augusto Ferrari, arte, historia y técnica pionera

Parte del mural fotográfico que le sirvió de modelo a Augusto Ferrari (padre de León Ferrari) para pintar el inmenso «Panorama de Messina destruida», una técnica que fue un antecedente del cine.
Parte del mural fotográfico que le sirvió de modelo a Augusto Ferrari (padre de León Ferrari) para pintar el inmenso «Panorama de Messina destruida», una técnica que fue un antecedente del cine.
El Centro Cultural Rojas celebra 25 años de vida, y el curador de la Fotogalería, Alberto Goldenstein presenta al pintor, arquitecto, fotógrafo y muralista Augusto Ferrari, padre del artista León Ferrari y autor de «El panorama de Messina destruida», obra que consiste en la secuencia de imágenes de la ciudad de Sicilia cuando en 1908 fue arrasada por un terremoto. El panorama es una auténtica curiosidad, que demanda poner en marcha la imaginación del espectador, ya que se trata del mural fotográfico que le sirvió de modelo al artista para pintar un inmenso panorama que exhibió en Turín en 1910 y se perdió.

Goldestein invita a apreciar la fotografía de Messina que, concebida como auxiliar de la pintura, logra trascender su destino para manifestarse como pieza artística en sí misma. Es decir, la foto es un punto de partida. Por un lado, demuestra el talento de un artista mayormente conocido como pintor de iglesias y, por otro, permite conjeturar y forjarse una idea del panorama original y su técnica, capaz de generar ilusión y deparar -al espectador de entonces-, una experiencia de la mayor intensidad. Pintado en 1908, sobre una tela que medía 135 metros de largo por 15 de altura montada sobre una estructura circular, «El panorama de Messina» fue visto por última vez en Londres, en 1911.

En la muestra, un cartel relata la vida de Augusto Ferrari, que nació en 1871 en la provincia de Módena y murió en Buenos Aires en 1970. Cuentan que partió a Messina después del terremoto para tomar fotografías y realizar los apuntes y bocetos en colores que luego le servirían para reproducir el espectáculo de la ciudad en ruinas. Allí retrató la muerte, el dolor y la tragedia; la playa y los edificios devastados. Los textos aclaran que fue «un verdadero reportaje», cuya finalidad «no sólo era industrial, sino que también estaba destinado a satisfacer la curiosidad del público», y a brindarle la sensación de estar en medio de las ruinas. Según un cronista de la época, el pintor «con la potencia figurativa de su pincel ha resumido en algunos centenares de metros de pintura el terrible y además grandioso momento. (...) ha querido detener una fecha que quedará en la historia de la gente».

Cuando se presentó el «Panorama» en la Piazza San Carlo, con sus características de espectáculo, ya que sobre la tela aplicaron escombros y maniquíes para tornar más vívida la escena, un diario anunciaba que estaba ubicado en un edificio con «servicio de buffet y cervecería», y que la obra fue el resultado de un trabajo de seis meses realizado por Ferrari con cinco ayudantes. Añadía que el 7 de julio de 1910 el alcalde Teófilo Rossi inauguró la obra que se exhibiría durante la Exposición Universal hasta el 31 de diciembre de 1911.

El término panorama proviene del griego, y quiere decir, verlo todo. A pesar de que no permitía ver todo a la vez, con su estructura circular, el panorama se acercaba a la simultaneidad del cine. Fue algo que desde su creación procuró conmover la sensibilidad del espectador, algo que se acercó al protocine o el cine expandido, un antecedente del cine, que acabó muriendo con su arribo.

En 1787 Robert Parker construyó una enorme estructura cilíndrica en Londres, un paisaje circular que duplicaba la ciudad y la mostraba impecable gracias a la ficción. Esta máquina utópica deslumbró a Napoleón. Cuentan que cuando vio un panorama sobre la batalla de Wagram, advirtió la calidad monumental y la posibilidad de reconstrucción histórica. Napoleón encomendó que le hicieran varias rotondas con los panoramas de sus victorias, obras que nunca se realizaron por problemas financieros, pero que iban a exhibirse por todo el Imperio. Estos monumentos narrativos fueron, quizás, el primer proyecto de exposiciones itinerantes de la historia.

La muestra de Augusto Ferrari está acompañada por el texto de la investigadora de la Universidad de Turín, Maria Vittoria Martini, y se completa con algunas fotografías de desnudos y escenas posadas que el artista utilizó para transferir a sus murales de relatos bíblicos. La fotografía del «Panorama» fue expuesta por última vez en la cuarta Bienal del Mercosur en Porto Alegre, cuando ante la ciudad angustiosa de las heliografías de León Ferrari, la curadora Adriana Rosenberg enfrentó la fatal catástrofe de Messina.

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