30 de junio 2015 - 00:00

Para cruzar la frontera no hay como una boda

Antonio Augugliaro pasó por el Festival de Cine de Derechos Humanos de Buenos Aires con un film sumamente original.
Antonio Augugliaro pasó por el Festival de Cine de Derechos Humanos de Buenos Aires con un film sumamente original.
¿Qué policía puede demorar a una chica vestida de novia que viaja al casamiento con su familia? De ese modo, un grupo de amigos trasladó gratuita e ilegalmente a cinco inmigrantes por seis países, hasta introducirlos alegremente en Suecia. Eso es lo que cuenta la comedia documental "Io sto con la sposa" ("Yo estoy con la esposa") de Antonio Augugliaro, ganadora de tres premios en Venecia y ahora aplaudida en el Festival de Cine de Derechos Humanos. Dialogamos con el autor.

Periodista: Una curiosidad, ¿qué significa su apellido?

Antonio Augugliaro:
Pescador de aguglias, es un apellido de la costa siciliana. Pero yo vivo cerca de la Porta Garibaldi, en Milán, donde se reunían muchísimos sirios y palestinos escapados de la guerra, con la esperanza de viajar a otros países. Los europeos podemos cruzar nuestras fronteras sin problema, no así los refugiados e inmigrantes que llegan a Italia o España. Con Gabriele del Grande, periodista, y dos amigos editores y traductores nos preguntábamos cómo ayudarlos a seguir su camino. Un día conocimos a un estudiante de literatura, Abdallah Sallam, sobreviviente de un terrible naufragio donde murieron 336 personas, sólo porque los de Lampedusa y los de Malta se pasaron la pelota en vez de partir rápidamente hacia el lugar del naufragio. El quería ir a Suecia, nosotros queríamos hacer algo por gente como él.

P.: E inventaron una boda.

A.A.:
También pensamos en un funeral. ¿Pero quién podría pedirle documentos a una novia y su cortejo? Para hacerla más completa, se nos ocurrió filmar la aventura. Con esa idea visitamos varios refugios, pero, ¿quiénes éramos? Sólo unos tipos de buena voluntad. La gente confiaba más en los contrabandistas profesionales. Igual se nos unieron un padre con su hijo, y un matrimonio que había escapado de Lampedusa. La novia era una amiga nuestra, palestino-germana con pasaporte europeo y parientes en Siria. Luego se unieron otros amigos, para que el cortejo fuera más grande. Y por todo el camino fuimos recibiendo ayuda de amigos, y de amigos de los amigos: comida, alojamiento, advertencias, etc. Eso fue una gratísima sorpresa, sobre todo porque hay leyes muy estrictas, de hasta 15 años de cárcel, para quien ayude a un inmigrante a cruzar la frontera. Pero así como hay leyes estatales, también hay leyes morales.

P.: ¿Dónde sufrieron más riesgo?

A.A.:
En el Grimaldi Superiore, donde hay que salir de la ruta y cruzar caminando por el monte hasta Francia, con el riesgo de equivocarse de camino y terminar en un abismo, cosa que les ocurre a quienes cruzan de noche. A ese le dicen el sendero de la muerte. Nosotros lo hicimos de día y con buena ayuda.

P.: ¿Por qué dieron la vuelta por Francia?

A.A.:
La frontera austríaca estaba más vigilada. Pero nunca se sabe. Lo más curioso fue de Alemania para arriba: ahí no sólo los inmigrantes eran sospechosos por simple portación de cara, sino también los italianos. Cualquiera de pelo negro es sospechoso. Ahí comprendimos mejor a los inmigrantes. Por suerte la novia, Tasnim Fared, es una morocha tan linda que desarma cualquier desconfianza. Y eso que sufrió todo el viaje: habíamos comprado el vestido en un baratillo chino, y quién sabe de qué estaba hecho porque le provocó una alergia de piel que no se iba con nada.

P.: Fue una producción demasiado pobre.

A.A.:
Cuando tuvimos la idea, en 10 días organizamos todo. El viaje y el rodaje duraron 4 días. En el cortejo ibamos, en total, 27 personas. Luego, 2617 personas colaboraron con donaciones para financiar la película. Y como no teníamos para promocionar la presentación en el Festival de Venecia, pusimos una invitación por facebook para cualquier chica que viniera vestida de novia, y hubo un centenar. Al Pacino decía que habíamos convertido la "red carpet" en "white carpet". Esto de aparecer vestidas de novia suele usarse en algunas manifestaciones, pero lo de Venecia fue increíble.

P.: Una duda. Lo que hicieron fue divertido y humanitario, pero ¿ahora no podrían denunciarlos por delito e instigación al delito?

A.A.:
Cualquiera puede denunciarnos. La película misma es prueba suficiente. También las 2.617 personas que aportaron, y cuyos nombres figuran en los créditos finales. Pero, en vez de eso, fuimos invitados por el Parlamento Europeo para exponer nuestra opinión sobre las fronteras y las limitaciones a los inmigrantes. Y la película se presenta en todas partes de Europa. Tasnim es una gran difusora.

P.: ¿Y qué pasó al final con esos inmigrantes?

A.A.:
Padre e hijo debieron irse de Suecia pero fueron reconocidos como refugiados políticos en Alemania y en Navidad lograron reunirse con el resto de la familia que había quedado en Siria. El matrimonio y Abdallah fueron aceptados en Suecia y ahora ellos están empleados en un negocio gastronómico, con vistas a poner uno propio, y él es un calificado maestro yesero. Se ocupa de reparar los ornamentos de edificios históricos.

P.: ¿Maestro yesero? Ese oficio, acá se está perdiendo.

A.A.:
¿Ah, si? Le voy a decir que venga.

Entrevista de Paraná Sendrós

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