28 de marzo 2014 - 00:00

PETRÓLEO: La rara alianza que Repsol nos legó

En ciertos sectores se habla de una de las alianzas más curiosas a la vez que sólidas que haya dado la política y la economía en los últimos tiempos. Uno dirige la empresa más importante del país. El otro es uno de los sindicalistas más poderosos de los treinta años de democracia. Uno conduce el proceso de reestatización más trascendente y complejo de los años kirchneristas. El otro maneja su gremio con dureza y reestrenado nacionalismo. Uno es ingeniero y hombre de planta de producción. El otro es bachiller y uno de los pocos sindicalistas que puede demostrar efectivos años de trabajo en el lugar donde más dura es la jornada. El primero es la gran apuesta técnica del Gobierno y de los pocos hombres del kirchnerismo que pueden calificarse un 100% confiables y expertos en la tarea a cargo. El segundo, en tanto, estrenó hace años chapa de opositor y ahora embiste contra el Gobierno nacional desde el Congreso. Uno es Miguel Gallucio, CEO de YPF desde mayo de 2012. El otro es Guillermo Pereyra, secretario general del sindicato del Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa desde 1984, y ahora senador nacional por el Movimiento Popular Neuquino, versión antikirchnerista.

Gallucio es un hombre del Gobierno. Pereyra milita en las filas opositoras de Hugo Moyano en la CGT rebelde. A priori, tantas diferencias harían prever una convivencia imposible y la existencia de una de esas enemistades que da habitualmente la política y la economía nacional, que imposibilitan el crecimiento y desarrollo de actividades clave del país. La historia del gremialismo y el empresariado argentino está llena de frustraciones de este tipo. Sin embargo, y para curiosidad de todos los que están cerca de ambos personajes, Gallucio y Pereyra parecen trabajar a la par y con la misma visión sobre la YPF del futuro y reestatizada.

El CEO no es un hombre de muchas palabras. Más bien es una persona de acción, muy seca según quienes lo conocen y de órdenes claras y concretas que difícilmente pueden discutirse. Se dice que Gallucio es de escuchar mucho antes de tomar una decisión, pero que una vez que ésta se toma, es imposible torcer su rumbo. Lo saben muchos de sus colaboradores, pero también otros funcionarios de peso. Entre ellos el propio Guillermo Moreno, que en sus días de secretario plenipotenciario de ejecución de los controles y congelamientos de precios tuvo en Gallucio un bombardeo constante de uno de los acuerdos estrellas: el de los precios de naftas.

Pereyra es verborrágico y algo flexible en cuanto a sus posiciones políticas y sindicales. Peronista de ley, es hábil tejedor de alianzas y sabe dónde colocarse políticamente en el momento adecuado. Sabía que su zona, desde hace unos años el mejor lugar para hacer política, sindical y de la otra, es la oposición al Gobierno nacional.

Cuando ambos se conocieron, había obvias desconfianzas mutuas. Sin embargo, sorprendió por todos los costados la buena onda con que la relación comenzó a funcionar entre ambos. Gallucio fue el que movió la primera pieza al citarlo a pocas horas de haber asumido como titular de la petrolera renacionalizada. Y se cuenta que no hubo mayores preámbulos. El CEO le comentó sus planes y le explicó cuál era el rol que veía que tenía que tener el gremio. Parece que Pereyra quedó encantado con el recién llegado (en realidad, Gallucio es un viejo trabajador experto de YPF que en su momento, no bien los españoles de Repsol mostraron sus cartas al mando de la compañía, eligió emigrar a Europa y Estados Unidos).

Desde que es senador, Pereyra se dedica a castigar al Gobierno nacional. Habla como un opositor de la primera hora y critica las políticas económica, monetaria, laboral y, sobre todo, inflacionaria. Es el brazo directo y casi exclusivo representante del moyanismo en la Cámara alta y se encarga, desde que se sentó en su banca, de las embestidas más duras. Para dejar bandera plantada, también habla mal de Sergio Massa, sobre el que asegura que no me contiene ideológicamente.

Sin embargo, ante cualquiera que le pregunte por Gallucio, Pereyra es claro y firme. La gestión de Galuccio es excelente, vemos los trabajos que se están realizando, recuperando las instalaciones, asegura a quien quiera escuchar.

Los que están cerca hablan de una alianza seria y de las pocas inquebrantables que quedan en estos años de kirchnerismo en el poder.

@cburgueno

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