Y Piñera parece aspirar a repetir la ceremonia con los mismos protagonistas en cuatro años más. En Chile, la ley impide la reelección inmediata, razón por la cual apuesta por 2018, avalado por una gestión "realizadora" .
Piñera, que en 2010 acabó con dos décadas de gobiernos de izquierda, dejará el poder con un aprobación en alza y su convicción de entregar un país "a las puertas del desarrollo".
En el aspecto político marcó un hito al conminar a la derecha chilena a romper sus vínculos con la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). También ordenó el cierre de una cárcel especial donde cumplían condena con ciertos privilegios 10 de los más cruentos represores, un paso que ninguno de sus antecesores de centroizquierda se atrevió a dar.
Con ambos gestos Piñera logró ubicarse como líder de la renovación de la derecha, y repuntar en las encuestas. Pero su falta de carisma y la poca empatía que logró con la ciudadanía, que no dejó de percibirlo como un empresario incapaz de identificarse con los más pobres, le juegan en contra.
"Quiere volver en 2018. Pero después de haberse pasado cuatro años en el poder y no poder llegar al corazón de los chilenos, su camino de retorno a La Moneda será muy difícil", advierte el politólogo de la Universidad Diego Portales, Patricio Navia.
Pese a que negó su interés en la reelección, Piñera dio pasos inequívocos en esa dirección. Sus últimas semanas al frente del Gobierno fueron de una visibilidad inagotable, para evitar el llamado "síndrome del pato cojo" o de pérdida de poder al final del mandato, con una extensa gira de rendición de cuentas.
En materia económica, su Gobierno promedió un crecimiento del 5,4% y la generación de cerca de un millón de nuevos empleos, con una inflación controlada (3%) y un aumento del ingreso per cápita de 15.000 a 20.000 dólares.
En el aspecto social, aprobó la extensión de la licencia posnatal a seis meses y eliminó un descuento del 7% a las pensiones de los jubilados más pobres destinada a gastos en salud.
Tras alcanzar un pico de popularidad del 63% después del exitoso rescate de los 33 mineros de Atacama, Piñera debió lidiar con las más masivas protestas estudiantiles en décadas en Chile. Con miles de estudiantes en las calles, vivió en 2011 los momentos más críticos de su Gobierno tras no lograr sintonizar con los ciudadanos, que exigían una profunda reforma de uno de los sistemas educativos más caros y segregados del planeta, herencia de la dictadura de Pinochet.
"Con la derecha hubo más crecimiento y más empleo. Pero la gente también percibió que gobernaba más preocupada de los ricos. El presidente no logró consolidarse como un hombre querido. No se ganó el corazón de los chilenos", dice Navia.
| Agencia AFP |


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