12 de mayo 2009 - 00:00

Pío XII aún extiende su sombra

Jerusalén - Fue un momento histórico y conmovedor en el centro de la memoria al Holocausto Yad Vashem en Jerusalén: un papa alemán se prosternó ante los seis millones de víctimas, depositó una corona de flores blancas y amarillas y habló después con algunos supervivientes del genocidio contra el pueblo judío durante el nazismo.

Después, el pontífice de la Iglesia católica cargó con palabras claras y precisas contra las voces que niegan el Holocausto. «¡Los nombres de estas víctimas no deben ser borrados jamás!», apuntó Benedicto XVI en el punto central de su mensaje. «Su sufrimiento no debe ser negado, relativizado u olvidado jamás».

Tanto judíos como cristianos y musulmanes siguen con igual interés cada paso y cada palabra del Papa en Tierra Santa, atentos sobre todo a lo que él no dice. Durante su visita al actual centro conmemorativo de Auschwitz, que recuerda al mayor campo de exterminio nazi durante su ocupación de Polonia, Benedicto XVI hizo hace tres años referencia a su origen alemán. Ahora, en Yad Vashem, no lo hizo.

En contra de lo que esperaban muchos judíos, el pontífice alemán tampoco habló del papel de la Iglesia durante el genocidio en Europa. «La Iglesia católica siente una profunda compasión por las víctimas recordadas aquí», dijo Benedicto XVI. «Mientras nosotros estamos aquí en silencio, su grito tiene aún un eco en nuestros corazones. Es un grito contra todo acto de injusticia y violencia», agregó.

Se daba por descontado que un pontífice católico debía concurrir al centro del Holocausto durante una visita a Tierra Santa, sobre todo si es un papa alemán. Sin embargo, fue necesario encontrar una solución diplomática para Benedicto XVI, ya que el entonces pontífice Pío XII es representado en el museo de Yad Vashem como un papa que no protestó «ni por escrito ni de forma oral» contra el exterminio de los judíos. Benedicto XVI difiere en ese punto. Por ello, evitó entrar al museo durante su visita a Yad Vashem.

Los implicados en Israel restaron importancia al asunto. Una visita al museo nunca estuvo prevista, dijo una portavoz del centro. Otros indicaron también que el programa de la visita del Papa era idéntico al de su predecesor, Juan Pablo II, que en marzo de 2000 sólo visitó la Sala de la Memoria y que no dijo nada sobre el «silencio» del Vaticano durante la dictadura nazi.

El «expediente Pío XII» es un tema pendiente desde hace varios meses en el escritorio del Papa en el Vaticano. Se trata de la beatificación del antiguo pontífice. Benedicto XVI ya ha dejado traslucir en varias ocasiones que estampará pronto su firma en el documento.

La congregación a cargo del caso había cerrado antes el procedimiento para la beatificación del controvertido Papa -paso previo a una santificación- y se lo había enviado a Benedicto XVI. Pero éste había sondeado antes las posibles consecuencias políticas y diplomáticas del delicado asunto sobre las relaciones con el judaísmo y el Estado de Israel. Y tampoco quería perjudicar con ello la visita a Tierra Santa que tanto anhelaba.

«Pío XII es para los judíos un tema muy sensible», dijo al respecto el rabino David Rosen, presidente del Comité Judío Internacional para Asuntos Interreligiosos. Una santificación sería vista como una suerte de relativización de un período crucial de la Historia, señala.

Benedicto XVI defiende, sin embargo, cada vez más a menudo a Eugenio Pacelli (1876-1958) y rechaza enérgicamente la imagen negativa de un representante terrenal de Dios que posiblemente no hizo nada. Las intervenciones de Pío XII para salvar a los judíos fueron en parte secretas y muy discretas «para evitar lo peor y salvar a la mayor cantidad posible de judíos», dice el Papa.

También varios estudiosos judíos han roto una lanza por Pacelli, que ayudó a los judíos amenazados en Roma y que sí habría tomado una postura clara contra la persecución, agrega el Pontífice.

La imagen aún difusa de Pío XII, que tenía aires ligeramente intelectuales, podrá ganar claridad el día que el Vaticano abra sus archivos con los documentos del tiempo de su pontificado. Ése es un pedido ya hecho por el ex presidente israelí Eser Weizman al predecesor de Benedicto XVI durante su visita hace nueve años. Pero eso tardará en ocurrir, también esta vez.

Agencia DPA

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