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PJ: Massa planea frustrar “proclamación” de Scioli
Antonio Cafiero, el sábado, entre Daniel Scioli y Hugo Moyano, postal para vender la unidad. De Perfil, Cristina Álvarez Rodríguez.
Los 620 congresales pusieron al PJ a hibernar. El único rapto de autonomía, vía el jefe del bloque de senadores del FpV, fue repartir bendiciones -algunas con aroma a amnistía- para Luis Beder Herrera, Luis Viana (desafiante del radical K Maurice Closs en Misiones), Carlos Soria y Daniel Filmus.
Silvestre o desinformado, Pichetto pidió también apoyo unívoco para José Manuel de la Sota, por estas horas dueño de palabras ácidas de la Presidente que antes de partir a México ordenó armar una lista ultra-K en Córdoba que, de competir, podría hacer perder al PJ.
Es un caso emblemático: allí Cristina pidió que la vice la ocupe un referente K -es decir: seleccionado por la Casa Rosada- pero el exgobernador se movió por su cuenta, pactó con Juan Schiaretti y colocó en esa butaca a Alicia Pregno, mal vista por los K por oponerse a la 125.
El expediente cordobés, el sábado en Parque Norte, fue un entrevero menor: al final el buró peronista hizo los deberes con una mansedumbre y previsibilidad que no ostentan otros conglomerados. El caso testigo: el PJ bonaerense, que sesiona esta tarde en La Plata.
Vuelve a una oficina que hace meses nadie habita: la sede partidaria, en el tercer piso, del edificio de 54 entre 7 y 8. En esa oficina, el 26 de octubre los caciques del PJ le vaciaron una cumbre a Hugo Moyano que, por teléfono, se lo reprochó a Néstor Kirchner.
El camionero, a cargo del PJ, es uno de los elementos que vuelven impredecible al partido. Los chispazos con la Casa Rosada y su tensa relación con los intendentes convierten esa mesa en un vórtice. Pero no es Moyano el único problema ni el más grave.
El factor más inquietante es Sergio Massa. El intendente de Tigre, que juega al misterio con su destino electoral prepara movimientos que, de concretarse, podrán leerse como una señal sólida de que, finalmente, se anotará para la primaria del 14 de agosto.
Circuló, incluso, la versión de que esta tarde, su esposa Malena Galmarini o Juan Amondarian, dos consejeros que le reportan, expondrían un planteo sobre la necesidad de primarias con «reglas claras» y hasta se habló de que pedirían «número y color» para competir.
Anoche de la cercanía del intendente se descartó esa jugada pero se deslizaron que antes del congreso del sábado -que convocará el Consejo en la cita de esta tarde- se harán públicas novedades sobre su decisión de desafiar a Daniel Scioli.
El plan, debajo de la hojarasca gestual, es simple: impedir que hoy el PJ emita una declaración en la que respalde, de manera si no unánime al menos ampliamente mayoritaria, al gobernador como candidato a la reelección. Bien leído, un respaldo que reduce las chances de Massa.
Esa proclamación, aunque simbólica, terminaría por aislar al intendente de Tigre. Si el Consejo no la hace esta tarde, parece inevitable que esa declaración -similar a la que se escuchó el sábado respecto de Cristina- tome entidad en el congreso que se reunirá seguramente en Caseros.
Chinescas
Massa, en su juego de sombras chinescas, visitó el viernes pasado a Mario Ishii, jefe de José C. Paz, de acceso a Olivos, junto a quien pidió públicamente «reglas claras» para las primarias. Ishii fue más lejos: «Scioli no representa a todos. Lo ideal sería que haya otra lista».
Los floreos del exjefe de Gabinete tuvieron otro efecto: varios intendentes, entre ellos Cristian Breitestein (Bahía Blanca) y Julio Pereyra (Florencio Varela) pidieron una instancia de negociación entre Scioli y el jefe de Tigre para evitar una interna.
En privado, otros expresan lo mismo. El argumento de los alcaldes es básico: con dos candidatos a gobernador, los distritos se desmadrarán y brotarán postulantes. Hay una razón más profunda: «Una interna -reza un adagio de Unidad Básica- se sabe cómo empieza pero no como termina».
En La Plata, invitan a Massa a la competencia pero interpretan que su único objetivo es negociar. Scioli, ajeno, sigue con su campaña permanente; ayer, entre El Chaqueño Palavecino y la vedette Laura Figaldo, se mostró ante una multitud en La Matanza, junto a Fernando Espinoza.
La cita bonaerense tiene, en pausa, otra riña. La amenaza de Baldomero «Cacho» Álvarez de pedir la renuncia del apoderado partidario Jorge Landau. Pasaron semanas y el asunto se fue diluyendo. Por lo pronto, el sábado Landau estuvo en la mesa principal del congreso del PJ nacional.
El ministro estuvo luego de aquel toreo a punto de pegar el portazo del Gobierno de Scioli. Ese frente se pacificó pero entre los intendentes late el resquemor por el protagonismo de Cristina Álvarez Rodríguez, posible compañera de fórmula del gobernador.
Esta noche, en El Mangrullo, esa parrilla que sirvió de reducto para múltiples conspiraciones, está reservada una mesa larga donde el nombre de la ministra será invocado más de una vez.


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