6 de agosto 2012 - 00:00

Plan de reelección PJ acelera debate por la tercera Cristina

Francisco «Paco» Pérez
Francisco «Paco» Pérez
A mediados de enero de 2006, Néstor Kirchner invitó a un viaje a Brasilia, para una cumbre con Lula da Silva, al gobernador de Misiones, Carlos Rovira. En pleno vuelo lo apartó de la tumultuosa comitiva K y lo sentó a su lado.

-Tenés que reformar la Constitución para tener reelección -le dijo.

-¿Te parece? -se sorprendió el misionero.

-Sí. Primero vas vos, después Fellner y después Felipe. Y después nosotros.

-No sé, Néstor, en la provincia me van a querer matar.

-Pensé que te la bancabas más -lo toreó Kirchner; se levantó y se fue.

Unas semanas después, Rovira puso en marcha el operativo reforma que contemplaba la reelección indefinida del gobernador. En diciembre de 2007 terminaba su segundo mandato y por manda constitucional, no podía intentar un tercer período.

Kirchner auspició y promocionó la maniobra, al punto que en septiembre, días antes del plebiscito convocado para el 29 de octubre, viajó a Misiones para hacer campaña por la re-reelección. Pero apareció el obispo Joaquín Piña, desafió al aparato K y lo derrotó.

Horas después, el jujeño Eduardo Fellner desactivó su reforma y Felipe Solá, tras una charla en Casa Rosada con Kirchner, desistió de pedir a la Corte bonaerense una interpretación sobre si podía o no ser reelecto en 2007 luego de ser vice en el 99 y luego electo gobernador en 2003.

La hipótesis de una reforma nacional jamás se cristalizó pero, más allá de las pretensiones eternistas de Rovira, Kirchner intentó generar un debate en cascada y preparar el terreno para abrir la discusión sobre la Constitución que, como constituyente, redactó en 1994.

Repeticiones

La semana pasada, Francisco «Paco» Pérez, gobernador de Mendoza, reveló que trabaja en el diseño de un proyecto para reformar la Constitución provincial que prohíbe, taxativamente, su reelección. Juran, en la provincia, que se trata de una decisión autónoma.

Es difícil de creer: Pérez conecta con el operador Juan Carlos «Chueco» Mazzón, que monitoreó los avances del proyecto y sondeó a la Presidente. Al menos avisó para que no sea la Casa Rosada la que le dé un golpe de nocaut a la aventura reformista mendocina.

Enfocado en su propio territorio, donde deberá lidiar con un radicalismo bien parado, Pérez se convirtió en el primer gobernador del PJ en explorar la agenda de la reforma constitucional que, hasta ahora, sólo alimentan los ultra-K no peronistas.

El Movimiento por una Constitución Emancipadora, lanzado hace un mes por distintos grupos y referentes K, todavía no logró permear porque ni siquiera consiguió superar la encrucijada interna entre los pro reelección y los que plantean no abordar ese capítulo porque «abortaría» la cuestión de fondo.

Los primeros se abrazan a una definición que atribuyen a Juan Manuel Abal Medina, según quien la Presidente avisó que «no está dispuesta» a forzar otra reelección pero que, llegado el caso, si esa opción se instala por otra vía, podría «repensarlo».

En la teoría ambiental, aquella que apunta a crear un clima positivo para cualquier hipótesis, la aparición de Pérez, aun motorizado por su propio interés -en Mendoza no existe la opción de reelegir por un mandato-, parece funcional a los sectores reeleccionistas K.

Pero no es tan lineal. En Balcarce 50 hay lecturas menos amables. Son las que plantean que Pérez aprovecha la discusión que trata de poner sobre la mesa el ultrakirchnerismo para «colar» el debate en su provincia sobre necesidad de una reforma.

Van más lejos. Advierten que, en Mendoza, aun con un Julio Cobos golpeado, la UCR tiene capacidad de fuego para frustrar la reforma local. Si eso ocurriese, dicen, en vez de «potenciar» la discusión nacional, contribuiría a abortarla y convertirse en el Rovira de Kirchner.

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