8 de octubre 2010 - 00:00

¿Podrá EE.UU. salir de Afganistán sin capitular ante los talibanes?

Kabul - La guerra dirigida por Estados Unidos en Afganistán cumplió ayer su noveno aniversario en un escenario en el que parece no tener fin el conflicto y en el que la insurgencia talibán se ha expandido por todo el país.

Cuando el 7 de octubre de 2001 Estados Unidos puso en marcha sus planes de guerra para acabar con las posiciones de los talibanes y de Al Qaeda en Afganistán, los líderes de todo el mundo apoyaron dicha operación, cuyo nombre en clave fue Libertad Duradera, con la idea de desmantelar la red de la organización terrorista tras los ataques del 11 de septiembre de ese mismo año en Nueva York y Washington.

Sin embargo, nueve años después, cuando la guerra parece no tener fin y el número de bajas entre las tropas internacionales aumenta, incluso los aliados más cercanos de Estados Unidos expresan sus dudas sobre una victoria. Holanda acaba de retirar sus tropas y Canadá será el próximo país en hacerlo.

En menos de dos meses, la Fuerza Internacional consiguió derrocar al Gobierno talibán de Kabul, que daba refugio a Osama bin Laden. Después, muchos talibanes se escondieron haciéndose pasar por personas corrientes o huyeron a Pakistán junto con los combatientes de Al Qaeda.

Pero los talibanes comenzaron pronto a reagruparse y a expandir su control por el sur y el este del país, aprovechando que en 2003 la atención estadounidense se había centrado en Irak, de manera que hoy en día los talibanes están presentes en casi todas las provincias afganas y ponen en serios aprietos la autoridad del Gobierno central.

El apoyo público a la guerra de Afganistán se está debilitando en todos los países occidentales. Estados Unidos ha rebajado sus objetivos, pasando de querer desarrollar y estabilizar una democracia al estilo occidental a «desbaratar, desmantelar y derrotar a Al Qaeda», buscando así una forma honorable de sacar a sus tropas de Afganistán, incluso si ello supone llegar a un acuerdo para compartir el poder de Kabul con los talibanes.

Para cerrar el capítulo de la guerra en el país centroasiático, el presidente estadounidense, Barack Obama, ordenó el envío de 30.000 soldados adicionales con la esperanza de poder subvertir el curso de la contienda. Incluso ha llegado a poner una fecha límite para el inicio de la retirada de las tropas: julio de 2011.

Pero casi todos los afganos, incluido el presidente Hamid Karzai, temen que los aliados occidentales se marchen del país antes de que la lucha contra los insurgentes haya terminado, lo que llevó al mandatario, la semana pasada, a urgir a sus fuerzas de seguridad a que estén listas ante el abandono de la OTAN «cuando ellos ya no vean ningún interés aquí».

Por eso, sin esperanzas de paz a la vista, el pueblo afgano está cada vez más desilusionado con sus gobernantes y resentido con las tropas extranjeras. También dicen sentirse cansados de la violencia talibán, que ya ha causado miles de muertos civiles y mutilados.

Fuentes oficiales afganas y occidentales acusan a Pakistán de tolerar los escondites en su territorio de Al Qaeda y los talibanes, donde se planean los ataques contra las fuerzas internacionales. Pakistán, aparentemente aliado de Estados Unidos, dice estar combatiendo a los insurgentes y no permite la entrada en su suelo a las fuerzas de la OTAN.

El interés de Pakistán en mantener las relaciones con los grupos insurgentes es visto por la comunidad internacional como una estrategia para contrarrestar la creciente influencia de la India en Afganistán. Además, Islamabad cree que los talibanes pueden ser un actor fundamental en el país tras la retirada de la OTAN.

Por eso, temiendo que Occidente nunca extenderá los ataques a Pakistán y que los insurgentes volverán a tomar Kabul en cuanto las tropas internacionales se marchen, el presidente Karzai ha aumentado sus esfuerzos para poner fin a la guerra.

Karzai nombró la semana pasada un comité de paz compuesto por 70 personas que busque la forma de llegar a ese acuerdo. Estados Unidos ha anunciado que apoya las conversaciones con aquellos talibanes que renuncien a la violencia y acepten la Constitución. Obama y sus generales han advertido de que no están planeando una retirada masiva en julio de 2011, sino que el repliegue de tropas se basará en las condiciones de seguridad que se den sobre el terreno.

En este sentido, Wahid Muzhda, antiguo líder talibán convertido ahora en analista político, comenta: «¿Por qué querrían los talibanes compartir el Gobierno de Kabul si ellos mismos se ven en el lado de los ganadores?».

Agencia DPA

Dejá tu comentario