El NASDAQ escaló un 4,25% en la semana y clavó nuevos récords absolutos. En una jornada memorable, el viernes Google se disparó el 16,5% y sumó 65 mil millones de dólares a su capitalización. Bastó que Grecia y China salgan de escena para que resurjan los ímpetus de las Bolsas. El mercado alcista ("bull") confirmó que -en la recámara- conserva intacta su munición.
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No fue la mano invisible de Adam Smith, por cierto, lo que quitó a las tribulaciones de Atenas y Shanghái de la zona roja del radar. La intervención del Estado, a raudales, le puso un torniquete a la hemorragia de las acciones chinas. ¿Es China una economía de mercado? Así la declaran muchos países -inclusive la Argentina-, en el marco de la OMC. Puede serlo, quizá, cuando le conviene. Pero como la suerte bursátil vino torcida y agotó la paciencia de las autoridades, la respuesta fue una artillería de medidas intrusivas digna de la mejor economía de comando y control. ¿Qué desaparecieron las órdenes de compra? Dentro del menú represivo que se creó sobre la marcha, y con la Policía en puerta (y la mitad de las acciones sin cotizar), el Gobierno ordenó comprar. Que China tampoco fue nunca una democracia. Las Bolsas de Shanghái y Shenzen, de momento, obedecen a la superioridad.
A Grecia se la estabilizó distinto. En democracia, sin ahorrar deliberaciones y bajo el paraguas del capitalismo renano, pero con la mano firme de la canciller teutona Angela Merkel (el policía malo) y la colaboración impagable de su ministro Wolfgang SchTMuble (el policía más malo todavía). Como reza un ajado afiche de campaña de la CDU que los recuerda cinchando juntos en 1999: "Europa es como nosotros. No siempre una única opinión, pero siempre un camino común".
No hubo "Grexit" (aunque sí la amenaza de un retiro transitorio), no hubo catástrofe. Ni rebeldía duradera. Hablando se entiende la gente. No habrá quita de deuda (no por ahora), sino un tercer paquete de rescate a financiar por los erarios públicos de Europa. Hubo default, sí, pero será corregido a la brevedad, cortesía de un préstamo puente ya aprobado.
Todos los parlamentos que quisieron pronunciarse lo han hecho por la afirmativa. ¿Cuándo abrirán los bancos griegos? Hoy, aunque con restricciones. Cómo las desmontarán es el verdadero interrogante. Y los controles de capitales habrán de subsistir.
Que esto no ha sido todo, se sabe. Ni siquiera el primer ministro griego cree en el plan que debe aplicar. Que habrá recaídas, seguro. Y el FMI no se calló: vocifera a favor de una quita de capital. En China no es muy diferente: cielo nublado y con pronóstico de chaparrones. Poco importa que los problemas permanezcan. Lo que se pide es que bajen de cartel y se renueve la agenda temática.
No se trata apenas de un rally de alivio. Los fundamentos también juegan. Wall Street se mantuvo firme en la borrasca, y además puede mostrar mejoría en los balances. Google y las tecnológicas abrevan allí. También las acciones financieras. La economía -que dejó atrás el "soft patch", el bache que produjo el invierno- aporta optimismo a la hora de revisar las expectativas en alza. Que las Bolsas puedan proseguir los avances -agotados el mero efecto resorte y la descompresión- requerirá mover la losa de una valuación muy estirada. Si las estimaciones de rentabilidad futura no levantan la puntería, si todo se reduce a una expansión de los múltiplos precio/ganancias, el recorrido remanente no se extenderá demasiado. El NASDAQ saltó el 4,25% en la semana; el Dow Jones y el S&P500, sólo la mitad. No es San Fermín. Hay alzas y bajas, y mucha rotación: el horizonte de las acciones de energía sufre la caída del precio del crudo. Nadie ignora, por último, que si el mundo se arregla, el próximo paso es la suba de tasas cortas en EE.UU. (y, antes o después, un rebalanceo de portafolios). Janet Yellen se lo recordó al Congreso. Y el 80% de los economistas de Wall Street piensa hoy que el primer ajuste tocará tan pronto como en septiembre.
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