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Por ahora, Macri elude juicio (pero esperan pruebas)
Guillermo Montenegro, Mauricio Macri y Norberto Oyarbide
El caso que abordaron Eduardo Freiller, Jorge Ballestero y Eduardo Farah era peculiar porque todos los procesados fueron enviados a juicio oral por Casanello a excepción de Macri. El juez desarrolló un rol presente en los papers de diversas reformas procesales pero que todavía no existe como tal: el del juez intermedio que se ubica entre el que investiga y el tribunal que juzga.
Casanello ocupó ese espacio porque fue nombrado en el juzgado que antiguamente subrogaba Norberto Oyarbide que fue quien definió los procesamientos. A Casanello le tocó definir sólo sobre las elevaciones a juicio.
La Cámara confirmó dos medidas de prueba que el juez considera necesarias antes de definir el destino de Macri: una, apunta a conocer los servicios que la firma Akerman (dedicada a temas de seguridad y que supuestamente habría pinchado los teléfonos del cuñado del intendente) le prestaba al clan Macri y la segunda aborda el rol que tuvo el jefe de Gobierno en la creación de la Policía Metropolitana.
Semanas atrás sobre este tema ya habló el ministro de Justicia porteño, Guillermo Montenegro. Exjuez federal, regresó al que era su hábitat natural para decirle a Casanello que Macri nunca se inmiscuyó en los aspectos técnicos de la creación de la fuerza de seguridad.
Oyarbide entendió la resolución de la Cámara como un nuevo estiletazo de la Sala I para con sus investigaciones y se mostró sorprendido ante sus secretarios porque son los mismos jueces que en su momento confirmaron el procesamiento de Macri.
La respuesta a esa conclusión hay que buscarla en el escrito de elevación a juicio que firmó Casanello que antes de ser juez era secretario de la Sala que ayer se expidió. Hasta el momento del procesamiento la investigación sostenía que el principal contacto del espía Ciro James en el Ministerio de Educación era Néstor Ibarra, cercano al intendente. Para el juez todo cambió cuando se detectaron decenas de llamadas entre Mariano Naradowski y James, muchas de ellas incluso fuera del horario laboral. En paralelo, Oyarbide decidió sobreseer a Montenegro lo cual alejó aún más a la investigación de la figura del alcalde. Esos son los hechos que explican el giro de los camaristas.
Para Oyarbide, el fallo es un déjà vu amargo ya que la Sala I fue la misma que lo fustigó por su rol en dos megacausas que la Cámara entendió se vieron entorpecidas por su intervención: el caso Schocklender (del cual terminó apartado) y la trama de los pasaportes truchos.
La resolución de la Sala I confirma que ese tribunal será clave para el escenario político de los próximos meses ya que allí tramita también la causa por la trama Ciccone.
Ayer por la tarde en el gremio de jueces el fallo sobre Macri recibía buenos comentarios aunque esto poco importe a los camaristas. Cuando hace dos meses los mismos jueces fueron agredidos desde un show radial por su rol en la causa Ciccone no hubo ningún comunicado urgente ni expresiones pomposas, algo que sí sucedió cuando Ariel Lijo fue cuestionado desde los estudios de la televisión estatal.
A nivel político la decisión de los camaristas es vista como un refuerzo al mensaje que parte desde las usinas del PRO cuando los opositores comparan el caso de Macri con el de Boudou. Incluso, allí circula un paper que explica las diferencias entre el caso que desarrolló Oyarbide y el que actualmente instruye Lijo.
La primera parte explica, en algún sentido, los frentes que tiene Oyarbide tanto en la Cámara donde su secretario fue sumariado a partir del escándalo policial más reciente como también en el Consejo de la Magistratura donde ese némesis en el que ya se ha convertido el sindicalista Juan José Zanola continúa formulando denuncias contra el magistrado. La más reciente es una presentación referida a la causa de los medicamentos adulterados. El gremialista acusó a Oyarbide de que éste debatía sus casos con una legisladora de la oposición. El problema es que esas causas estaban bajo secreto de sumario.


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