Amado Boudou, Jorge Capitanich, «Wado» De Pedro, Gabriel Mariotto, José Ottavis, Juan M. Abal Medina
El kirchnerismo empezó a gastar a cuenta. El 50% que Cristina de Kirchner capturó el domingo y la sólida presunción de que en octubre será un trámite precipitaron movimientos, todavía poco perceptibles, que anticipan las disputas K para el futuro cercano.
Para los ultra-K, refutadores de la doctrina Varela, la victoria da derechos. Aquella consigna patrocinada por Sarmiento para despegarse de los desquicios de Mitre en la guerra de la Triple Alianza será sometida a revisión en estos meses.
El triunfo, por demolición, de Cristina liquidó varias objeciones. No sólo de la oposición, con sus pronósticos erróneos, sino también los emitidos desde el universo K por aquellos que fueron excluidos de las listas o no tienen acceso a la dimensión Olivos.
La CGT de Hugo Moyano, junto con sectores del peronismo territorial de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, barridos o diezmados en las boletas del FpV, advertía que Cristina pagaría, con un magro resultado, el haber castigado a sus socios ortodoxos. No ocurrió.
El dogma «los votos son de Cristina», un salmo que desde el domingo repiten los kirchneristas, se convirtió en argumento retroactivo para justificar que la Presidente haya armado las boletas a su antojo, y ahora, para diseñar avanzadas sobre múltiples dominios.
Veamos:
La Cámpora, marca registrada de la juventud K, empezó a soñar con expandir su poder y presencia. Luego de ubicar candidatos a diputados nacionales (entre ellos, Eduardo «Wado» De Pedro, a quien se venera como el más cerebral de esa tribu novel), fantasean con avanzar de las subsecretarías a los ministerios y, en paralelo, con desembarcar en sillones relevantes en el Congreso tanto nacional como bonaerense.
Aunque se convirtió en el «fronting», lo que lo somete a castigos, La Cámpora opera en estos casos como enlace con otras expresiones K. Un ejemplo: en la provincia de Buenos Aires, entablaron un enlace con Gabriel Mariotto, candidato a vice de Scioli, y operan en tándem con Diego Bossio, titular de la ANSES. Si el 23 de octubre la elección es como la del domingo pasado, La Cámpora conseguirá diez bancas para la Cámara de Diputados bonaerense. Aliados a kirchneristas sueltos se convertirían en la primera minoría dentro del bloque del FpV. José Ottavis, ideólogo de esa estrategia, se ilusiona con un cetro en la cúpula de Diputados o, como mínimo, con ser jefe del bloque K.
Aunque focalizado, ése es un caso emblemático que podría replicarse en el Congreso nacional ya no con La Cámpora como protagonista central, sino como uno de los clanes K que se constituirán desde el 10 de abril. Según se encargó de avisar Julián Domínguez, su salto del gabinete al Congreso va atado a una cláusula: presidir la Cámara, lugar que ahora ocupa Eduardo Fellner. La misma pretensión, del otro lado del Parlamento, tiene Aníbal Fernández, de buen vínculo con la juventud, construido a través de la política 2.0 (en jefatura tiene, de hecho, un pelotón de jóvenes, comandados por Sebastián Lorenzo, abocados a esa innovación).
Los «camporitas», término despreciativo que usan dirigentes post-50, tienen también aspiraciones ejecutivas: se habla, en círculos K, de que tendrán incidencia sobre dos ministerios. Uno de ellos es Economía, vacante con la salida de Amado Boudou, a su vez con íntimas conexiones con la mesa chica de La Cámpora, en particular Ottavis y de diálogo frecuente con Juan Cabandié. Digresión: trascendió, como un secreto de Estado, que Máximo Kirchner tiene decidido eliminar la mesa de conducción de la agrupación -están De Pedro, Ottavis, Cabandié, Andrés «Cuervo» Larroque y Mariano Recalde- para darle una mayor organicidad y promover a otros dirigentes.
Boudou, Larroque y Cabandié darán, antes de fin de año, certezas sobre otra hipótesis: en diciembre se deben elegir las autoridades del PJ porteño. Se da por hecho que el pejotismo que esponsorea Víctor Santa María será desplazado. Cabandié se ilusiona con ese sillón para encarar una «renovación». Pero desde Casa Rosada sugieren que podría ser el desembarco ideal de Boudou como jefe político del kirchnerismo de la Capital. De todos modos, se vocea otro destino para el ministro de Economía y candidato a vice: la gobernación bonaerense para 2015.
El movimiento sobre el PJ porteño puede anticipar, además, otra maniobra: que Cristina autorice también una avanzada sobre el peronismo nacional que debe elegir jefe a mediados de 2012. El buen momento, aunque volátil, de Daniel Scioli con la Presidente sugiere que el bonaerense podría ser promovido para ese lugar, pero, en la carrera de 2015, su nominación podría ser objetada por otros referentes peronistas con aspiraciones. Por eso, contraponen a otro gobernador con proyección presidencial: Jorge Capitanich. Se descuenta, por lo pronto, que Cristina en persona quiera ocupar ese lugar.
La misma lógica que se aplica al PJ, respecto de que el jefe y ganador de la elección tiene facultades para ordenar el partido según sus deseos, se menciona sobre el gabinete futuro que se anticipa ultracristinista, lo que excluye la incorporación de gobernadores. Se susurró, tiempo atrás, que Capitanich podría ser tentado para jefe de Gabinete. De todos modos, si se impone el criterio de la extrema cercanía, dependencia y verticalidad, queda mejor posicionado Juan Manuel Abal Medina, incluso superando a otro aspirante a ese trono mayor: Florencio Randazzo.
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