12 de enero 2012 - 00:00

Precedentes ponen al Mosad en el centro de las sospechas

Benjamín Netanyahu
Benjamín Netanyahu
Jerusalén - Si el Mosad está detrás del asesinato cometido ayer contra un científico nuclear iraní, sería el último capítulo de una larga historia de acciones encubiertas de Israel contra un enemigo al que es mejor no enfrentarse con toda la fuerza.

Como suele suceder, funcionarios israelíes se negaron a realizar cualquier comentario sobre el asesinato de Mustafá Ahmadi Roshan, pero Irán inmediatamente culpó del hecho al Estado judío.

Los críticos condenan cualquier ataque selectivo por motivos morales, y también cuestionan su eficacia a largo plazo. Sin embargo, las autoridades israelíes creen que este tipo de acciones juegan un papel vital en la defensa de su país.

Cuando se trata de Irán, cuyo programa de enriquecimiento de uranio y cuyos proyectos de misiles balísticos han sufrido una oleada de accidentes espectaculares y a veces sangrientos en los últimos meses, Israel mide sus beneficios en términos de los retrasos que originan.

Los iraníes «no están cumpliendo el itinerario del programa (nuclear) que les gustaría tener», dijo el exjefe de espías del Mosad Meir Dagan en una reciente entrevista televisiva.

Los asesinatos a la luz del día de técnicos atómicos como Ahmadi Roshan obviamente agotan las reservas iraníes de expertos nucleares. También provocan pánico en los expertos que siguen con vida, dijo un funcionario de Israel, generando un fenómeno que los veteranos del Mosad califican como «deserción

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«No es que hayamos estado viendo renuncias masivas, sino más bien una sensación de difusa paranoia dado el grado en que su seguridad fue comprometida», dijo el funcionario, que cuenta con una amplia experiencia en temas iraníes.

«Esto significa que tienen que tomar más precauciones, incluyendo, tal vez, estar un poco menos dispuestos a destacarse por su excelencia en el trabajo nuclear. Esto ralentiza las cosas», explicó.

La activación esta semana de una planta subterránea iraní de enriquecimiento de uranio en una montaña provocó la condena de las potencias mundiales que, junto con muchos países árabes del Golfo Pérsico, ven en el programa nuclear de Teherán la amenaza de fabricación de bombas atómicas.

Irán ha insistido que su plan busca satisfacer necesidades pacíficas de energía.

Ahmadi Roshan es por lo menos el tercer experto relacionado con el programa nuclear iraní asesinado en los últimos dos años (ver aparte).

«No sé quién tenía cuentas pendientes con el científico iraní, pero definitivamente no estoy derramando lágrimas», dijo el portavoz del ejército israelí, Yoav Mordejai, en su página en Facebook.

Satisfechos de poder desviar la culpa, los funcionarios israelíes suelen decir que muchas personas tienen interés en sabotear las operaciones iraníes.

«Creo que varios actores, no sólo Israel, están activos» en Irán, dijo ayer el exsubdirector del Mosad Ilan Mizrahi. «No son sólo países, son movimientos. Usted tiene a la oposición iraní, que es muy fuerte», agregó.

Sin embargo, Israel tiene un historial reconocido como un Estado patrocinador de asesinatos, que va desde cartas bomba enviadas a los científicos alemanes al servicio del programa de misiles de Egipto en la década de 1960 a la caza llevada a cabo por el Mosad de los palestinos implicados en el asesinato de once atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de 1972.

Más recientemente, en 1995, agentes israelíes asesinaron en Malta al jefe de Yihad Islámica Fathi Shiqaqi, y se sospecha que otro equipo del Mosad estuvo detrás de la muerte del comandante de Hamás Mahmud al Mabhuh en un hotel de Dubái en 2010.

Los defensores de este tipo de tácticas dicen que evitan una guerra abierta y que pocas veces Israel es culpado ampliamente de los hechos.

«Cuando se lucha contra el terror, tomar como blanco a los jefes de las organizaciones terroristas es positivo», dijo Mizrahi, justificando los asesinatos.

Contrario al programa nuclear de Irán, Israel -al igual que Estados Unidos- ha insinuado que podría recurrir a la fuerza militar para frenar los planes de Teherán. Sin embargo, no tiene mucho interés en desestabilizar la región mediante la apertura de un nuevo frente musulmán.

Los asesinatos conllevan también riesgos incalculables, como lo supo el Mosad en 1997, cuando hombres del organismo de inteligencia enviados a Amán para envenenar al líder de Hamás Jaled Meshaal fallaron en su trabajo y fueron capturados.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, entonces en su primer mandato, había ordenado el golpe presionado para vengar los atentados suicidas de Hamás.

Netanyahu se vio posteriormente obligado a reparar las relaciones con Jordania y liberar de prisión al mentor espiritual de Hamás, el jeque Ahmed Yasín, entre otras medidas.

A pesar de la especulación generalizada, Irán negó que Israel fuera culpable del atentado explosivo perpetrado en noviembre pasado en el que murió un general de la Guardia Revolucionaria.

«Los iraníes están exponiendo esto para que, en última instancia, se entregue un alto grado de racionalidad y justificación, tanto a nivel nacional y en el extranjero, por lo que eventualmente se considerará como una represalia», dijo Uzi Rabi, un experto en Medio Oriente de la Universidad de Tel Aviv.

Rabi predijo un «enfrentamiento inevitable», probablemente en el Golfo Pérsico, donde Teherán ha amenazado con cerrar el estratégico estrecho de Ormuz, lo que generaría ataques aéreos israelíes y occidentales en Irán.

Agencia Reuters

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