12 de enero 2009 - 00:00

Presión impositiva, récord: supera el 30%

Presión impositiva, récord: supera el 30%
La economía cerró el año pasado con el mayor nivel de presión tributaria de la historia, a pesar del freno que registró el nivel de actividad y que se acentuaría en 2009. Según estimaciones de IDESA, el total de la recaudación tributaria nacional y provincial sobre el PBI supera el 30%, lo que significa que el Estado se apropia de casi $ 1 de cada $ 3 de los ingresos generados por la economía.
«Los argentinos nunca pagaron tantos impuestos como en la actualidad»
, afirma la consultora que reconoce que «aún sigue estando por debajo de la que registran los países desarrollados (en la OCDE es el 38%)».
Para la consultora, «el problema no es el nivel, sino los rudimentarios impuestos que se utilizan para sostener la recaudación, la forma en que se asignan los recursos públicos y la propensión estructural del fisco a gastar más de lo que le ingresa; por eso el sector público sigue estando en una situación financiera poco sustentable y sin cumplir las funciones de promover el desarrollo y la equidad».
Los especialistas recomiendan que, más allá de los vaivenes coyunturales, se necesita una profunda reforma fiscal que involucre la política y la administración tributaria, la coparticipación y los criterios de asignación y gestión del gasto.
A continuación, lo más relevante del informe de IDESA.
Con fuertes vaivenes, la presión impositiva durante la década de los 80 se ubicó en el 15% del PBI. Pero este bajo nivel era compensado con emisión monetaria (impuesto inflacionario) y endeudamiento, especialmente de tipo compulsivo (jubilados).
Con menos oscilaciones, fue del 20% del PBI durante los 90.
En esos años desaparece el impuesto inflacionario y crecen la presión tributaria y el endeudamiento voluntario.
A partir de 2002, vuelven el impuesto inflacionario y el endeudamiento compulsivo con los jubilados, pero el dato más notable es la fuerte tendencia ascendente de la presión tributaria. El promedio para los años transcurridos en la presente década es del 25% del PBI.
Con datos provisorios, en 2008 ya se habría superado el 30% del PBI.
El crecimiento de la recaudación de los últimos años se ha basado en la creación y profundización de impuestos que desalientan la producción y el empleo. Se destacan el impuesto al cheque, el aumento de las cargas sociales, las retenciones a las exportaciones, la prohibición de ajustar por inflación en un entorno de alta inflación y la apropiación de los aportes previsionales.
Esto se potencia con el aumento en la presión impositiva de las provincias y los municipios que recae sobre los mismos contribuyentes con impuestos superpuestos a los nacionales. El ejemplo más claro e irracional es la superposición del IVA, con el Impuesto a los Ingresos Brutos y la tasa municipal.
Los países desarrollados legitiman su alta presión impositiva con altos niveles de calidad en la asignación y gestión del gasto público. En la Argentina, el aumento de la presión impositiva ha sido acompañado por una caída en la calidad del gasto público.
Uno de los factores que explican este proceso es que la política tributaria ha llevado a una inédita concentración de recursos en el nivel nacional cuando son las provincias las responsables por la gestión de los principales servicios (educación, salud, asistencia social, seguridad, justicia). La relativa abundancia a nivel nacional induce al despilfarro a través del incremento de la burocracia, la corrupción, los subsidios a empresas públicas y privadas, y los subsidios a las familias de altos ingresos.
La otra cara de la moneda es que las provincias encuentran en la carencia de recursos las razones para justificar la insuficiencia y la pobre calidad de los servicios que constitucionalmente son responsables de brindar.

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