21 de agosto 2013 - 00:00

Presión sobre una suba que deberá superar el 25%

 La presión del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios se transformó en una pesadilla electoral para el Gobierno. La retención por ese impuesto sobre los sueldos llegó al máximo nivel histórico e impacta con más crudeza en los sectores medios, desde lo más alto hasta operarios calificados en la industria, el petróleo y el transporte, provocando una coincidencia que casi no necesita explicación: donde más Ganancias se paga, como en las grandes ciudades y el conurbano bonaerense, es donde más votos perdió el kirchnerismo en el ensayo de las PASO.

La suba de esa presión tributaria compite, además, con la de otros servicios y tasas que afectan los mismos bolsillos, como los impuestos inmobiliarios de Capital y provincia, la medicina prepaga o las cuotas en los colegios. Todos están destinados al mismo público, que es el que también llena los shopping y supermercados proveyéndole al INDEC de buenas noticias para seguir alimentando los números del consumo.

Pero el efecto tuvo un límite y buena parte del kirchnerismo cree que fue uno de los motores de la derrota del Gobierno en las PASO.

De ahí que ahora está analizando una reforma al régimen de Ganancias sobre la cuarta categoría, es decir, los empleados en relación de dependencia.

El problema es que cualquier medida que se tome ahora deberá avanzar mucho más que las subas al mínimo no imponible que se hicieron los últimos años o las exenciones al impuesto que se dispusieron como gracia presidencial sobre los aguinaldos si se quiere impactar con un beneficio en serio sobre los bolsillos.

La última comprobación de esa realidad tiene fecha reciente: 25 de julio. Esa noche Cristina de Kirchner se hizo presente en el Ministerio de Trabajo para coronar la reunión del Consejo del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo Vital y Móvil, tal el nombre completo.

El final de su mensaje traía un regalo (parcial) que la CGT oficial le venía pidiendo desde hacía tiempo: la exención a Ganancias para el medio aguinaldo de junio de todos los trabajadores con un salario bruto inferior a $ 25.000.

De hecho, la retención sobre ese rubro ya les había caído a todos los trabajadores, por lo que debió organizarse un esquema de devolución.

No mencionó la Presidente en ese mensaje que llegó 15 días antes de las PASO ningún otro cambio en el tributo, como por ejemplo, la reclamada suba en el mínimo no imponible de Ganancias.

El anuncio casi no tuvo resultado: en la liquidación de salarios, esa devolución de Ganancias terminó perdiéndose dentro del incremento de la presión impositiva que sufrieron los sueldos tras la paritaria de este año al no haberse actualizado el mínimo no imponible de Ganancias.

Es decir que si el Gobierno quiere ahora lograr un efecto de baja en la presión de Ganancias sobre los sueldos, deberá incrementar el mínimo no imponible en un porcentaje como el que nunca aplicó hasta ahora y modificar definitivamente la famosa tablita de José Luis Machinea que, aunque con reformas parciales, todavía sigue impactando de lleno sobre la progresividad con el tributo que se aplica sobre los salarios.

Esa realidad la conocen tanto el kirchnerismo como la oposición, que ya presiona para que la modificación a Ganancias se debata en el Congreso (como en realidad siempre debió hacerse) y no quede como medida electoral a través de un decreto presidencial.

"En virtud de lo manifestado por el candidato a diputado nacional del Frente para la Victoria por la provincia de Buenos Aires, Martín Insaurralde, de bajar este impuesto que afecta al bolsillo de los trabajadores, es que solicito el urgente tratamiento de los expedientes pendientes en la Comisión", dice la carta que el radical Miguel Giubergia le mandó ayer a Roberto Feletti, presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, levantándole el guante a Insaurralde.

El problema de ese debate siguen siendo el volumen y el contenido de la modificación. El kirchnerismo se encolumna tras otro decreto o el proyecto de ley Recalde sobre el tema (ver nota aparte). Pero como sea, no quiere llegar a la elección de octubre sin un anuncio que afloje la presión de Ganancias sobre los sueldos.

Los Kirchner no han sido dadivosos con este tema en los últimos 10 años y en general siempre miraron más el costo fiscal de la medida que el impacto sobre salarios. De ahí que nunca se escuchara el reclamo de la oposición o cualquiera de las tres centrales de trabajadores que exigían el año pasado analizar una suba del mínimo no imponible que ronde el 50%.

La historia indica que en 2004 y en 2005 no hubo cambios en el mínimo no imponible en Ganancias. Resultaba obvio, ya que la inflación por esos años no era un problema que impactara con dureza en los salarios, por lo que la suba de presión por los incrementos en paritarias podía absorberse con menos conflictividad.

En 2006 llegó la primera suba por ley, que se repitió en 2007 y en 2008. Pero en todos los casos nunca hubo una actualización del mínimo no imponible que superara entre el 20% y el 25%. Con la llegada de la inflación, el retraso comenzó a acumularse. En 2009 no hubo actualización; sí en 2010 y en 2011. Mientras tanto, los salarios se seguían incrementando en cada paritaria. En 2012, la situación terminó de complicarse, ya que el Gobierno, que por entonces contaba con una delegación de facultades incluida en el Presupuesto Nacional para ajustar por decreto el nivel del mínimo no imponible en Ganancias sobre salarios, decidió no modificar los niveles y sólo dispuso una exención del impuesto para el medio aguinaldo cobrado en diciembre.

Este año el Gobierno decidió, antes del comienzo de la mayoría de las paritarias, no postergar la suba del mínimo no imponible: se decretó un incremento del 20%.

Luego llegaron los aumentos salariales, y la acumulación de la presión, sin haber cambiado la escala, volvió a desembarcar en medio de la campaña. Ahora la oposición quiere aprovechar el debate y recordar que hace cuatro años tiene una centena de proyectos sobre el tema en espera.