21 de junio 2013 - 00:21

¿Pureza o territorio? Lo que inquieta al PJ

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
A ciegas. El peronismo bonaerense, ese enjambre de caciques y referentes que sobrevivió a derrotas y tempestades, se mueve a ciegas.

La única certeza, hasta anoche, era que cada intendente podrá armar su lista de concejales, que deberá obligadamente ser visada por la Casa Rosada, y que a su vez los plenarios de alcaldes de cada sección dibujarán una boleta de legisladores provinciales que entregarán hoy a Carlos Zannini para que, en Olivos, junto a Cristina de Kirchner y su hijo Máximo -que hace 20 días se instaló en la quinta presidencial- hagan en cepillado último.

De allí saldrá, recién mañana sábado, la tira de diputados nacionales donde perdura la intriga sobre quién será la cabeza. Anoche, en Gobierno sonaba el nombre de Martín Insaurralde un escalón más arriba de Alicia Kirchner y Florencio Randazzo, a quien se da casi fuera del tablero. Reapareció, además, el nombre de Diego Bossio, el titular de ANSES, uno de los dirigentes que el kirchnerismo midió en el último tiempo.

Como spam circuló que a la cabeza de la boleta del FpV irían Insaurralde y Bossio. De todos modos, entre los dirigentes se instaló el concepto de que la lista de diputados nacionales recién se conocerá el sábado cuando llamen a firmar y que, además, son pocos los que tienen expectativas reales en esa tira, porque se da por hecho que será prácticamente ocupada por reelectos como Carlos Kunkel, Edgardo Depetri y Juliana Di Tullio, entre otros, dama que suena como cupo femenino en el primer tercio de la boleta K.

El bloqueo informativo gestó, incluso, la versión de una testimonial de la Presidente, que los voceros K consideraron un despropósito.

Además hervía el rumor de un pedido,a todo o nada, para que Daniel Scioli se suba a la boleta para enfrentar al massismo.

El factor Massa puso bajo examen, en el razonamiento del peronismo territorial, el concepto que se daba por hecho una semana atrás de que la Presidente pagaría a los leales y a los caciques como un mecanismo de contención.

Ayer, montados a la certeza de que el tigrense encabezará una boleta opositora, ese diagnóstico se puso en duda y volvió la antigua presunción de que Cristina de Kirchner se apropiará de las boletas y las inundará de kirchneristas puros, es decir, camporistas y movimientos sociales, y a un puñado selecto de intendentes del PJ, como Fernando Espinoza, de La Matanza, que amaga con dejar el distrito pero lo tironea el peronismo matancero porque su heredera, Verónica Magario, no despierta simpatías en la estructura pejotista.

"Lo que tiene el kirchnerismo es de Cristina, ¿por qué lo va a compartir?", argumentó, inquieto, un armador del conurbano rabioso para agitar el temor de que la ultra-K inundará las boletas provinciales.

Anoche, reunidos en un local de San Telmo, los intendentes del conurbano sur discutían una lista seccional que compense su propio juego con la premisa de que los votos que valen son los de octubre. Lo mismo, en otro punto de la Ciudad, hicieron los del conurbano norte.

En La Plata, en tanto, la tercera sección en volumen electoral, era todo zona gris. El bruerismo escribirá su "mejor" lista y la presentará en la junta electoral del FpV para, luego, animar una negociación.

"Las primarias que nos sirvieron para la presidencial nos pueden hacer daño para la legislativa", dicen en el kirchnerismo y advierten que un esquema de "pureza" ultra-K puede, en la segunda vuelta -es decir, en octubre- inducir a acuerdos de los intendentes con Massa si, en la elección "real" (en la que los votos valen porque es la que reparte los lugares legislativos), el territorio no tiene motivación real para "defender" las boletas provinciales y la nacional.

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