20 de diciembre 2010 - 00:00

Puricelli en caos por la Antártida

El nuevo ministro de Defensa, Arturo Puricelli, heredó un caos en la logística de la campaña antártica de verano 2010-2011. La licitación pública Nº 87/ 2010 para obtener los medios que aseguren el aprovisionamiento logístico de las bases permanentes y transitorias aún no está resuelta. No se liberaron los fondos.

Se trata de la partida asignada al arriendo de los dos buques rusos que permiten el transporte de los pertrechos y del personal de relevos hacia el continente blanco

Rápidos de reflejos, funcionarios de la Dirección del Servicio Logístico de la Defensa, el órgano creado por la ex ministra Nilda Garré que gestiona y resuelve todas las licitaciones antárticas, atribuyeron las demoras al cambio de mapa del poder tras el retroceso que sufrió Aníbal Fernández por la llegada de la funcionaria.

La orden de compra, última instancia burocrática del proceso licitatorio, está trabada en la Jefatura de Gabinete. El monto de la operación de alquiler del buque polar Vassili Golovnin con dos helicópteros pesados Kamov y del rompehielos Kapitan Dranitsyn supera los $ 8 millones, cifra que exige la intervención del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

Hay un plazo acotado para la carga en el puerto metropolitano y para el encuentro posterior de ambos buques en aguas de la Antártida. El alquiler de las naves se hace según la modalidad «time charter», como si fuese el reloj de un taxi cuyo precio varía si se excede el plazo contratado. El sostén logístico de las seis bases permanentes, de las transitorias y los campamentos científicos que se abren cada verano depende de los dos buques rusos, desde que se incendió el Irízar en abril de 2007.

El viernes pasado, Puricelli puso en funciones al nuevo comandante operacional del Estafo Mayor Conjunto, general de brigada Gustavo Lux, quien tiene responsabilidad directa en la planificación y ejecución de las operaciones que aseguren el abastecimiento a las bases antárticas. Nada puede hacer si no cuenta a tiempo con las bodegas del Golovnin cuyo plan de carga prevé una estadía de dos días en el puerto de Buenos Aires y la zarpada hacia la Antártida antes del 28 de diciembre.

El rompehielos Dranitsyn aún está en cercanías del puerto de Murmansk, ubicado en el extremo noroeste de Rusia. El cronograma del alquiler indica que el rompehielos deberá encontrarse con el buque polar Golovnin en aguas antárticas a mediados de enero. Luego ambos, -con el Dranistsyn a la cabeza para abrir los hielos-, se dirigirán hacia la base general Belgrano II, la más aislada del sistema antártico para que el Golovnin pueda aproximarse y efectuar el relevo del personal, y descarga de combustible y pertrechos mediante los helicópteros Kamov.

Otro trámite con espoleta de tiempo es la licitación pública Nº 95/10 para la adquisición de gasoil naval a granel que consumen los buques de la Armada en apoyo a la campaña antártica: el aviso ARA Suboficial Castillo y el transporte ARA Canal de Beagle. El combustible tiene un sistema impositivo de exención bajo el «régimen de rancho».

La empresa YPF ganó el concurso para la provisión del gasoil.

El primer embarque, unos 430 metros cúbicos iban destinados al aviso Suboficial Castillo, pero como el proceso licitatorio no se resolvió a tiempo, el navío partió hacia la Antártida a principios de diciembre desde Mar del Plata con sus tanques llenos de gasoil transferidos desde algún navío de la Armada. La dirección de Logística de Defensa emitió una circular modificatoria del pliego, donde decía: «gasoil a granel, carga en buque aviso ARA Suboficial Castillo», quedó: «gasoil a granel, carga en buque a designar».

«El procedimiento pone en off side al proveedor (YPF) que está inscripto en el registro de operadores de productos exentos destinados a rancho», dijo una fuente familiarizada con la logística. «Despachó combustible cuyo destino final es incierto, no lo puede verificar», agregó.

Contribuyó a la parálisis burocrática, el terror que sembró Garré entre funcionarios de logística al conocerse el affaire de «las vacas de Nilda», el envío de más de una tonelada y media de carne en descomposición para la campaña antártica del verano anterior.

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