- ámbito
- Edición Impresa
Radano: “A veces la locura refleja mejor lo cotidiano”
Alejandra Radano: «En Francia, donde ya tengo bastante experiencia, sería impensable que un espacio oficial, como el teatro Alvear, tenga semejante grado de abandono y descuido».
Su historia, sin embargo, reconoce muchos momentos importantes: su participación en «Drácula», «Cats», «Cabaret» o «La bella y la bestia», sus trabajos realizados de la mano de Hugo Midón o Ricky Pashkus, sus varias producciones personales, su muy fructífera relación con Alfredo Arias. Este contacto con el director argentino radicado en Francia ha sido tan significativo que los últimos años de la carrera de Radano han incluido muchos viajes y largas temporadas en París y en otras ciudades de ese pais. Y en medio de todo eso, cada vez que pasa y se instala un poco en Buenos Aires, vuelve con una propuesta que tiene mucho de su impronta personal, «Delirio gaucho», que esta vez tendrá dos únicas funciones en Clásica y Moderna mañana y el 24 de junio.
Periodista: ¿Con qué se siente más cómoda, cuando cumple las órdenes de un director o cuando produce sus propias cosas?
Alejandra Radano: Evidentemente, son situaciones diferentes. Pero siempre soy yo. Como «cantante de teatro musical», como me gusta llamarme, tengo que abarcar muchas áreas. Desde ahí hago todo, sea cuando estoy en un grupo grande o no, a las órdenes de alguien o poniendo mi propia mirada. En cualquier caso, yo soy una intérprete. Me interesa la palabra, quizá más que la música, y entonces a lo mejor la diferencia está en que cuando hago un espectáculo mío y elijo las canciones, necesito estar de acuerdo con todo lo que digo, aunque sean piezas escritas hace mucho tiempo.
P: Siendo que ha participado de proyectos grandes desde el punto de vista comercial, ¿no existe en su carrera la dicotomía entre el placer y el más puro trabajo?
A.R.: Trabajo para mí es todo y lo siento siempre muy placentero.
P: Pero me refiero al dinero y a la necesidad de ganarlo con su profesión.
A.R.: Yo, precisamente, hago la distinción entre trabajo y dinero porque para mí no son cosas que siempre van juntas. Diría que a lo mejor apenas un 5% de lo que he hecho ha sido exclusivamente por dinero; el resto, ha sido trabajo placentero, sin dudas.
P: ¿Qué es «Delirio gaucho», este espectáculo con que vuelve reiteradamente?
A.R.: Es, a lo mejor, un modo que encuentro de poner orden al caos. Me parece que vivimos con el vértigo de una carnicería -por eso buscamos esa escenografía para las fotos que hicimos del espectáculo-, en una montaña que no termina de largar humo. Hablo de la realidad más inmediata: a veces tengo la sensación de que discutimos por cosas absurdas y que no hablamos de lo que es importante. Cuando estuvimos haciendo «Tatuaje» con Arias en el teatro Alvear, pude ver cómo está de descuidada esa sala tan valiosa de la ciudad; en Francia, donde ya tengo bastante experiencia de recorrer teatros -y no sólo en París- es impensable que un espacio oficial tenga semejante grado de abandono y descuido. Esas son las cosas que me irritan y las que, de algún modo, quiero reflejar en este «Delirio...».
P: ¿Y cómo se plasma concretamente?
A.R.: Son canciones, algunas muy antiguas, textos, un homenaje a Juan Verdaguer desde mi mirada -porque tampoco lo vi tanto-. Es un espectáculo que nació hace unos cuantos años, gracias al aporte fundamental de Fabián Luca (con quien también trabajé en «Canciones degeneradas» y en «Tango Reviú») en un teatro de Banfield y que con el tiempo se ha ido actualizando. Ahora lo hago con el trío de guitarras de Los hermanos Gabino (Nacho Cabello, Juan Pablo Esmok Lew y Esteban Ruiz) además de con Daniel Vila -uno de los más grandes músicos que conozco- y con Carlos Casella, ambos como invitados especiales.
P: ¿Por qué elige volver a ponerlo cada vez que puede?
A.R.: Será porque me siento bien reflejada en él, porque me permite expresar ese delirio en el que creo que vivimos, porque me gusta su parte surrealista y su humor, porque refleja mis inquietudes de arqueóloga musical con las piezas antiguas o con artistas -como Alady, a mi gusto injustamente opacado- que no son tan conocidos.
P: ¿Cómo sigue su trabajo después de estas dos funciones del «Delirio gaucho»?
A.R.: Tengo que volver a Francia. Mi relación con Alfredo Arias empezó después de mi trabajo en «Chicago» y ha sido una de las cosas más hermosas que me han pasado. Me gusta su modo de trabajar, su disciplina, su orden, su conducta artística. Con él hicimos «Tatuaje», en París y en Argentina. Y a partir de mis viajes reiterados a Europa, han surgido otras cosas. Ahora, por ejemplo, voy a participar de una ópera bufa que se llama «René lenervé», que escribió y dirige Jean-Michel Ribes en el Théâtre du Rond-Point, el mismo lugar cerca de Champs Elysées donde trabajé con Arias.
P: Hay relativamente pocos registros discográficos de sus muchos trabajos. ¿No le gusta ese formato?
A.R.: Sí, me gusta mucho. Y me divierte el trabajo de estudio, de edición, que permite hacer cosas que no se pueden hacer en vivo. A veces es cuestión de tiempo. En los últimos tiempos he viajado mucho y entonces se complica meterse en un estudio con el tiempo necesario. Está editado «3 tangos», que son tres mini óperas con músicas de Axel Krygier y textos de Arias y Gonzalo Demaría. Tengo ganas de dejar grabada «La inhumana», que fue algo que escribimos con Diego Vila. Y, por supuesto, quiero que hagamos en un disco este «Delirio gaucho».
Entrevista de Ricardo Salton


Dejá tu comentario