29 de junio 2010 - 00:00

Radares que nunca llegan: ahora para el próximo año

Nilda Garré
Nilda Garré
El plan de radarización nacional para vigilancia aérea sobrevive sólo en los anuncios de la ministra Nilda Garré. De visita en la provincia de Salta durante el fin de semana, Garré repitió una vez más que «el año próximo, la frontera contará con un nuevo radar militar, que reemplazará al que actualmente funciona en la ciudad de Tartagal». Aún está demorada la licitación para dotar al país de tres radares 3D transportables de largo alcance de banda «S» por un monto de $ 150.654.000. Constituyen la columna vertebral del paraguas de defensa y vigilancia aérea, pero el trámite licitatorio, que llegó a la última etapa, lleva cuatro años de demora. La ministra viajó acompañada por el jefe del Estado Mayor General del Ejército, teniente general Luis Alberto Pozzi, y los secretarios de Estrategia y Asuntos Militares, Gustavo Sibilla; y de Planeamiento, Oscar Cuattromo, entre otros funcionarios. La gira se enmarca en las rondas informativas que implementó Garré para difundir su política a todos los niveles de los uniformados.

En Tartagal se desplegó un equipo móvil Cardion Mk. III del Ejército Argentino que funciona sólo de día porque no hay presupuesto ni dotación de técnicos para el trabajo nocturno. Se llegó a esa decisión por las presiones de la Justicia federal y los informes de Inteligencia acerca de la permeabilidad de la frontera del país con Bolivia y Paraguay. Los datos dan cuenta de la facilidad con que las aeronaves de escaso porte penetran a diario el espacio aéreo en el NOA y son más que una leyenda las innumerables pistas clandestinas enclavadas en campos vírgenes. En la actualidad la cobertura de vigilancia aérea -a cargo de la Fuerza Aérea Argentina- se compone de dos viejos equipos Westinghouse TPS 43 móviles, uno ubicado en Posadas y el segundo en Resistencia que son complementados por el Cardion del Ejército (en Tartagal). Al sur de Resistencia no hay posibilidad de detectar ninguna aeronave. Así quedó demostrado a principios de mes cuando dos cazas británicos Typhoon, más un avión tanquero procedentes de Malvinas, penetraron el territorio argentino en dirección a Punta Arenas, Chile, y no fueron detectados.

Las autoridades nacionales se enteraron del tránsito porque las normas de procedimiento regulan el enlace de comunicación radial y la solicitud de autorización previa al sobrevuelo de las aeronaves extranjeras.

Defensa planificó el reemplazo de esos equipos veteranos por tres radares usados, adquiridos al Ejército del Aire de España (modelos AN-FPS 110 y 90), por el valor simbólico de un dólar. Son radares estadounidenses construidos en 1980 por la empresa Bendix Aviation y General Electric. Cuentan con antenas situadas en dos radomos en forma de pelota de golf. El primero se encarga de determinar la distancia y el azimut (orientación) del avión detectado, con un barrido de 360 grados que alcanza 200 millas (más de 400 km) de radio en larga distancia. El radar de altura define el ángulo de elevación de la aeronave. La conjunción de estas dos señales determina la posición exacta del avión.

Dos ya están en el país, el mes pasado el gobernador Jorge Capitanich inauguró la obra civil (el pedestal) donde se ubicará uno de los radares españoles, el otro yace en su contenedor a la espera de que concluya la obra de infraestructura que le servirá de basamento en el aeropuerto de la ciudad de Posadas.

La política se sirve de los anuncios a falta de obras concretas. Garré adelantó también que el Invap tiene en desarrollo un prototipo de radar tridimensional, que estaría terminado el año entrante. Nadie lo reconoce pero se sabe que si estos equipos de fabricación nacional llegan a alcanzar prestaciones operacionales adecuadas, caería la licitación internacional cuyo virtual ganador es un conglomerado franco-norteamericano.

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