1 de agosto 2011 - 00:00

Ramadán: ¿culto o rebelión abierta?

Bashar al Asad, el dictador sirio, hace oídos sordos a las quejas internacionales y apuesta la supervivencia de su régimen a una represión masiva y sangrienta. Pero, sorprendentemente, las protestas no ceden.
Bashar al Asad, el dictador sirio, hace oídos sordos a las quejas internacionales y apuesta la supervivencia de su régimen a una represión masiva y sangrienta. Pero, sorprendentemente, las protestas no ceden.
El Cairo - Antes que comience el Ramadán, el mes sagrado de ayuno para los musulmanes, el presidente de Siria, Bashar al Asad, quiso tomar la iniciativa enviando tropas a Hama, uno de los focos de las protestas. La ciudad está indefensa y decenas de ciudadanos murieron en la masacre. ¿Podrá así el régimen quebrar la voluntad de la resistencia civil?

De nuevo son imágenes terribles las que llegan desde Siria. Borrosas, desenfocadas y de mala calidad, pero no pueden esconder cómo ayer a la madrugada cayó el horror sobre la ciudad de Hama.

Los tanques arrasaron las calles, se veían columnas de denso humo sobre los tejados de la ciudad. Se vio a una persona inconsciente, que sangraba de la cabeza. En el hospital la imagen temblorosa de la cámara mostraba a un hombre con una herida de bala por debajo de la clavícula.

Estos videos breves que activistas colgaron en una página de Facebook, The Syrian Revolution 2011, son por ahora los únicos testimonios de la última ofensiva del Ejército sirio contra Hama. El régimen del presidente Al Asad no deja ejercer su profesión en el país a los periodistas. En lugar de ello se está desarrollando una especie de «periodismo ciudadano» que surge de un ímpetu básico.

La gente en Siria graba, hace sus comentarios y sube sus imágenes a la red de la resistencia contra el régimen. Los teléfonos móviles e internet lo hacen posible. «Son balas que nos están matando», dijo un hombre en Hama y muestra un proyectil que dispararon las tropas de Al Asad.

Postura atípica

El ataque sobre Hama no llegó totalmente por sorpresa. La ciudad a orillas del río Orontes, en el centro de Siria, ha tenido una postura atípica. A principios de junio las fuerzas de seguridad se retiraron prácticamente del todo de la ciudad. Sus 700.000 habitantes comenzaron prácticamente a autoadministrarse. Sin que se los molestara volvieron a realizar manifestaciones, que tuvieron incluso un carácter festivo. Se fueron instalando barricadas y se miraba con escepticismo cómo las tropas de Al Asad iban tomando posiciones alrededor de la ciudad.

Anthony Shadid, un reportero del diario The New York Times, que consiguió llegar de forma clandestina a Hama recientemente, describió la situación allí como un «interregno incierto».

A su vez, comentó que Hama «se ha convertido en un modelo turbulento sobre cómo sería una ciudad en Siria cuando hayan acabado cuatro décadas de dictadura».

El régimen de Al Asad quiso poner fin a esa utopía y antes de que hoy arranque el mes del Ramadán, un tiempo también de perdón, quiso tomar la iniciativa, pues los activistas ya han anunciado que durante este mes de ayuno van a intensificar las protestas.

Sentimientos religiosos

La amplia resistencia a Al Asad no es exclusiva de los islamistas, pero los sentimientos religiosos de la mayoría sunita son fuertes y están motivados. Las mezquitas son un importante centro de reunión entre opositores al régimen. Y en Ramadán los creyentes se reúnen a diario en las mezquitas.

El nuevo baño de sangre tal vez impresione e intimide momentáneamente al movimiento de protesta, pero es muy cuestionable que llegue a quebrar su voluntad. Las noticias de los excesos del régimen se están propagando en Siria como la pólvora. Los activistas ya están pidiendo más manifestaciones y más poderosas para la primera noche del Ramadán, que arranca hoy.

«En un desesperado intento, el régimen intenta detener la revolución», se afirmó ayer en la convocatoria. «Si en esta batalla no se logra el objetivo, al menos se habrá roto la columna vertebral del régimen». Esta estimación tal vez sea optimista, pero muestra que la resistencia contra Al Asad no se doblega.

Agencia DPA

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