5 de julio 2013 - 00:00

RICARDO DELGADO: “Los peronistas nunca ajustaríamos sueldos”

En su oficina de Palermo, sobre la calle Guatemala, el teléfono es una música constante. Ricardo Delgado, jefe de la consultora Analytica, exasesor de Francisco de Narváez y flamante economista “oficial” de Sergio Massa, vive su semana más mediática. Estos despachos alterados tratan de acomodarse a la nueva rutina que implica atender a sus clientes tradicionales, elaborar propuestas específicas para un supuesto emergente político y lidiar con el vértigo de una campaña electoral. Es hora de pedirle precisiones al referente económico de un candidato que, como principal estrategia política, las elude.

RICARDO DELGADO: “Los peronistas nunca ajustaríamos sueldos”
Viernes: Sergio Massa habla de mantener los logros de estos años. ¿En la economía del país, cuáles serían?

Ricardo Delgado:
Más que eso, lo que debemos buscar es terminar con la lógica del péndulo que nos retrasó en todos estos años de democracia. Tenemos que dejar de empezar de cero cada vez que hay un cambio de Gobierno. Debemos subirnos a lo que se hizo bien, y cambiar lo que se hizo mal. Por ejemplo, la Asignación Universal por Hijo es el mejor programa de asistencia social de América Latina. Este Gobierno además logró mejorar la situación de dos millones de jubilados. En estos años se logró salir del fantasma de inventar recetas como la convertibilidad, que no existen en el mundo, y volver a poder utilizar instrumentos como la política fiscal, cambiaria o monetaria; independientemente de que el uso actual sea bueno o malo.

V.: Empecemos por los problemas entonces. ¿Qué se puede hacer con la inflación?

R.D.:
Antes que nada nosotros rechazamos cualquier tipo de ajuste como medida para enfrentar el problema. Somos peronistas, nunca aplicaríamos una medida que afecte el salario. El trabajador y su sueldo no son los responsables de la inflación, sino los que la sufren. La buena noticia de la situación actual es que los índices son altos, pero no inmanejables, y se pueden enfrentar sin políticas de shock y con medidas graduales. Lo primero que hay que hacer es reconocer que tenemos un problema inflacionario que ya lleva siete años y que se sostiene en un nivel alto de más del 20%. Esto provoca que se licue el salario real y la rentabilidad de las empresas, y atenta contra la generación de empleo. Lo segundo que debe aplicarse es un índice que mida bien la inflación. Esperemos a conocer el nuevo IPC nacional que prepara el Gobierno para ver si es el adecuado. Y luego de tener un buen diagnóstico, comenzar a trabajar con medidas gradualistas.

V.: ¿Son los empresarios los culpables de la inflación o es la política monetaria?

R.D.:
Obviamente que hay una política monetaria del Central expansiva, pero si la bajáramos de un día al otro a cero emisión, igual habría inflación. También hay empresarios que ajustan los precios al alza para guarecerse. El problema entonces es de expectativas negativas derivadas de una incertidumbre inflacionaria. Es sobre estas expectativas sobre las que hay que trabajar, pero insisto, no con un ajuste.

V.: ¿Cree en un pacto social?

R.D.:
Claro que sí. Se debe convocar a los sectores empresarios y del trabajo y cerrar un acuerdo de por lo menos dos años que licue esas expectativas inflacionarias. Creo que el Gobierno no lo hizo porque, primero, no reconoció la inflación, y segundo, tuvo problemas políticos internos que le impidieron avanzar en el tema.

V.: ¿Ve retraso cambiario?

R.D.:
Se puede hablar de un retraso en los ejercicios 2010-2011, con un 2012 algo mejor y un 2013 donde probablemente la devaluación sea similar a la inflación. Hay un problema de competitividad, pero nuevamente el tema es antes la inflación y luego tratar la política cambiaria.

V.: ¿Recomendaría una devaluación?

R.D.:
No debe haber ningún salto devaluatorio. Ese tipo de medidas perjudica directamente el salario real de los trabajadores e, insisto, somos peronistas y nunca aplicaremos un ajuste sobre los sueldos.

V.: ¿Qué opina del cepo? ¿Cómo se puede levantar?

R.D.:
Es la consecuencia de una política cambiaria errada y de una decisión absolutamente fallida. Antes del cepo se habían ido del país casi u$s 78.000 millones en cuatro años y se tomó esa decisión que provocó que el problema empeorara. Obviamente estamos en contra como cualquiera que tenga sentido común, pero para salir hay que ser prudentes. Antes debemos recuperar las reservas, potenciando el ingreso de dólares.

V.: ¿Cambiaría la política oficial ante el campo? ¿Reduciría retenciones?

R.D.:
El campo debe volver a tener la rentabilidad que había hasta 2010, pero cuando hablamos de este sector hay que ser exactos. Hay sectores sojeros importantes que mantienen un buen nivel de rentabilidad. Donde hay que trabajar es en las economías regionales y, por ejemplo, en la producción de leche, trigo y carne, donde hay que pensar en impulsos fiscales y políticas de largo plazo. Sobre el punto de las retenciones, estamos dispuestos a plantear el debate, ¿por qué no? Nosotros somos pragmáticos. Pero piense que es un capítulo a discutir recién para 2015.

V.: ¿Cómo entiende que haya que importar trigo en la Argentina?

R.D.:
Ése es otro ejemplo de medidas erróneas que luego se van complicando cada vez más. Son errores de políticas sectoriales que ya llevan demasiados años.

V.: Fiscalmente, en promedio, el Gobierno tiene que pensar en disponer de unos u$s 15.000 millones para atender la importación de combustible. ¿Cómo se soluciona este problema?

R.D.:
Aquí hay una política energética errónea desde hace muchos años. Perdimos el abastecimiento petrolero y energético de manera increíble.

No hay soluciones mágicas y hay que hablar del largo plazo y cerrar esa brecha antes del 2020. Hay que tomar el ejemplo de Estados Unidos que con buenas políticas y bajando incertidumbres pudo desarrollar áreas no convencionales, como es Vaca Muerta, con éxito. Lo primero es hablar de la garantía del uso libre de utilidades y lo segundo, la previsibilidad contractual. Traslade además esta fórmula a otros sectores de la economía.

V.: ¿Habla de la imposibilidad de girar dividendos al exterior?

R.D.:
Exacto. Es el resultado no deseado de la pérdida de reservas y de una política cambiaria fallida. Es otro reflejo, como el cepo, de la situación. Impedir el giro de utilidades es cerrarse a nuevas inversiones, especialmente de parte de las multinacionales. Hay que entender que las filiales argentinas de estas compañías compiten con otras de la misma región por inversiones que se deciden en las sedes centrales de las empresas; y la fórmula es simple: si las ganancias no pueden girarse, no hay inversión, o la inversión es mínima. Es una pena que se dé esto en años donde la región es buscada para invertir.

V.: Hay también una política de trabar importaciones como otro reflejo de la política cambiaria.

R.D.:
Es otro error. La Argentina era hasta hace poco un país vinculado a la producción internacional y con redes comerciales muy sólidas. Además, el 80% de las empresas que producen en el país tienen componentes importados. Trabar las importaciones, o aún peor, que no se sepa si se podrá importar o no, afecta la producción. Es un error estructural. En los últimos años, además, y como consecuencia de la política comercial, se frenó la nacionalización del entramado productivo, frenando el proceso de sustitución de importaciones que se había generado luego de la crisis de 2001 y que se desarrolló hasta 2008.

V.: Hay muchas quejas, especialmente de parte de los trabajadores de ingresos medios, por la presión impositiva. ¿Qué opina su espacio?

R.D.:
Efectivamente, si suma la presión nacional, provincial y municipal, hay una presión importante e inédita. Sergio Massa nos pidió específicamente que trabajemos en un proyecto de ley para que nuestro bloque pueda presentarlo en el Congreso y que busque una baja en la presión del mínimo no imponible de Ganancias en el salario de los trabajadores. Éste es hoy el impuesto más regresivo del sistema argentino, porque licua el salario real del trabajador y hace que el Gobierno se apropie cada año de gran parte de los aumentos en los sueldos que surgen de las paritarias.

V.: ¿Qué haría con el manejo del juicio que se mantiene en Estados Unidos contra los fondos buitre?

R.D.:
Entre las cosas que el Gobierno manejó muy bien está la política de desendeudamiento y los canjes de 2005 y el 2010. Hay que mantener esta visión, incluyendo la estrategia contra los fondos buitre. Hay que sostener el juicio hasta las últimas consecuencias, y trabajar para que todos los bonistas cobren los vencimientos.

V.: ¿Se debe arreglar con el Club de París?

R.D.:
Hay que sentarse y abrir una nueva negociación, pero con una condición: que se pague sólo bajo la garantía de que esto habilitará inversiones. Pagar con reservas a cambio de nada no es negocio.

V.: ¿Qué opina de la ley de medios?

R.D.:
En este tema, como en todos donde haya un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia, respetaremos a rajatabla lo que el máximo tribunal decida. Pero nosotros tenemos un plan superador sobre este capítulo mirando muy de cerca las nuevas tecnologías de comunicación popular. La idea es que la información sea un activo democrático que llegue a la mayor cantidad de argentinos posible y, para ello, como en muchos otros temas, favoreceremos la inversión.

@cburgueno



BIO

CIUDAD DE BUENOS AIRES, 1965



Estudios:
primaria, Instituto Esteban de Luca (Balvanera); secundaria, Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini (Barrio Norte). Licenciado en Economía (UBA) y posgrado en IDES. Pero fundamentalmente, la vida.



Trabajo: economista, dirige la consultora Analytica.



Está Leyendo: Ahora poco, pero terminé 'Música del Azar', de Paul Auster, y 'El Hombre que amaba los perros', de Leonardo Padura.



Rutina Informativa: Todos los diarios en papel y temprano. Mucho Twitter y The Economist.

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