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Sabbatella, la última espada de progresía K
Martín Sabbatella, Hugo Yasky, Daniel Filmus
Martín Sabbatella, candidato a gobernador bis del kirchnerismo, aparece perseguido por esa maldición: algunos sondeos lo muestran en baja y hasta Cristina de Kirchner, como parte de un plan para sostenerlo, le otorgó protagonismo en un acto K la semana pasada.
En agosto, el dirigente de Morón juntó algo más de 430 mil votos, equivalentes al 5,74%. En las últimas horas, la consultora Polarquía informó una baja mientras Daniel Scioli creció, en intención de votos, al 52% -del 47,2% de las primarias- y Cristina de Kirchner salta del 53% al 56%.
El sabbatellismo evita discutir esas proyecciones y plantea un horizonte de 7 puntos o más en octubre. Hablan de mejorar la fiscalización y, sobre todo, de salir a buscar el voto «cristinista» que expresa diferencias con la representación de Scioli en la provincia.
El argumento es lineal: no existe riesgo -dicen- que Scioli pierda con De Narváez por lo que buscará que hipotéticos simpatizantes K que votaron al gobernador por ese temor, ahora desplacen su preferencia hacia el postulante colector de Nuevo Encuentro.
De fondo subyace otro asunto: tras los fracasos sucesivos de figuras progres o transversales -la última fue Miguel Saiz en Río Negro, con quien Sabbatella había establecido un acuerdo-, el moronense se constituye como la última espada electoral de la progresía K.
Hay, es cierto, intendentes y referentes de esa línea pero el emblema es Sabbatella. Si termina, como prenuncian algunos en Casa Rosada, abajo de los 4 puntos, para esa rama transversal puede ser un duro golpe.
En rigor, mutó de ser una versión silvestre, de apoyo crítico al Gobierno, a ser absorbido por el dispositivo oficial en esta elección, al punto que no pudo siquiera tener lista de candidatos a legisladores nacionales propias como pretendía.
A su lado avisan que su destino es claro: potenciar su alineamiento con Cristina, es decir hacer cristinismo furioso, y pulsear en la discusión posterior al 23 de octubre sobre el rumbo que toma eso que los K llaman «el proyecto nacional y popular».
Sabbatella aparece, en esa galaxia, orbitando a Carlos Zannini quien ofició como el trasmisor de las buenas y las malas noticias desde la muerte de Néstor Kirchner. Zannini es, en teoría, el garante de «contención» para el candidato de Nuevo Encuentro.
El diputado de Morón tuvo, la semana pasada, una señal de eso: Cristina de Kirchner lo paró a su lado, junto a Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y amigo del candidato, en la inauguración del Museo del Libro y de la Lengua.
Quizá sea el último gesto que le regale la Presidente antes de octubre. «Cristina ya hizo demasiado cuando le dio la colectora» dicen en Gobierno.


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