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Schlink bucea en otro pasado alemán

Bernhard Schlink comenzó su carrera de escritor con un ciclo de novelas policiales protagonizadas por el detective Selbst, palabra que en alemán significa «Yo mismo», como el «Self» inglés, y que parecía indicar el caracter de diversión que tenían esos libros para un hombre que era un reconocido jurista alemán.
Hace 15 años su carrera dio un vuelco, la novela «El lector» lo convirtió en un escritor consagrado, que se destacaba internacionalmente. A partir de entonces Schlink no ha dejado de explorar en sus novelas el dramático pasado reciente de Alemania, observando la ceguera, ignorada o calculada, que tienen algunos sobre los terribles hechos que protagonizaron o que tuvieron que vivir. Si en «El lector», llevada al cine por Stephen Daldry, cuenta el romance de un adolescente con una mujer mayor analfabeta que lo inicia sexualmente, y que un dia desaparece, para aparecer acusada por haber sido una terrible guardiana en un campo de concentración nazi. Si en «El regreso» hay, entre otros retornos, la odisea de un soldado alemán que vuelve a su casa tras haber estado cautivo en Siberia, ahora, en otra vuelta de su balance de la historia alemana, en «El fin de semana» trata de otro regreso y otros encuentros, desde el otro lado de la historia.
Luego haber estado en prisión durante más de 20 años, a causa de una delación, Jörg, que fuera miembro del grupo Fracción del Ejército Rojo (más conocido como grupo Baader-Meinhof, que realizara una serie de atentados en los años 60), recibe el indulto presidencial. Su hermana Christiane, que ha estado pendiente de él, va a buscarlo a la cárcel. Le ha preparado en una casa de campo, en Branderburgo, una reunión de amigos para festejar su libertad. La mayoría de esos amigos son ahora cincuentones y han cambiado mucho su forma de ver respecto de la que tenían a los veinte años, cuando vivían en la República Federal de Alemania, cuando la influencia estadounidense era muy fuerte aún.
Se encuentran, entre otros, una profesora que intenta ser escritora (una de las correspondencias notables que establece Shlink es en la novela que escribe esa mujer, es la historia de un ex terrorista alemán que está casualmente en las Torres Gemelas el día del atentado), un amigo que se ha convertido en exitoso empresario, un fatigado periodista, el que fue su abogado, un joven militante de izquierda que quiere recuperar a Jörg para la causa, conseguir que lidere un grupo de la izquierda. Inesperadamente aparecerá el esperado hijo de Jörg, que no coincide con las ideas de su padre, y muestra el cambio generacional.
Esa reunión de fin de semana, que tiene un punto de partida que recuerda a algunas obras de teatro argentino, se convierte en una especie de thriller con un secreto que se busca revelar, sobre la causa del distanciamiento que sufrieron esos amigos. Las visiones contrapuestas de los participantes generan un tensión permanente que lleva de página en página siguiendo las discusiones, enfrentando las culpas del pasado, mostrando los desencantos sufridos, los remordimientos, señalando la iniquidad de cualquier asesinato. Como en «La última cinta» de Beckett, otro balance de los sueños de juventud y las ilusiones perdidas, es más lo que exponen los silencios que lo que se dice, que son las destrozadas ilusiones del pasado. El final abierto parecería ser la forma de entregar al lector la discusión ética de la reunión «del fin de semana».
M.S.


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