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Scrum de caciques PJ para defender derecho a cargos
La Tercera, en pleno, fue la única sección que tuvo una reunión -aunque breve- mano a mano con Cristina de Kirchner.
El lamento, camuflado entre floridos panegíricos de respaldo a las reelecciones de Cristina de Kirchner y Daniel Scioli, sobrevoló la cena que, el lunes por la noche, amontonó en la parrilla El Mangrullo de Ezeiza a los caciques peronistas del conurbano sur.
Julio Pereyra, alcalde de Florencio Varela y jefe de la FAM, montó la cumbre que congregó a todos los intendentes de la Tercera Sección -excepto Martín Insaurralde, de Lomas, en posoperatorio- y a dos coroneles ejecutivos: Juan José Mussi y Baldomero «Cacho» Álvarez.
El grito, hacia afuera, fue una meticulosa veneración de las virtudes de la Presidente y el gobernador. La cuota autorreferencial apuntó a la lealtad política y electoral de la sección que registra, como último hito, ser la única en la que Néstor Kirchner ganó en el perdidoso 2009.
Se turnaron, en la alegoría, el anfitrión Alejandro Granados, el matancero Fernando Espinoza (informó sobre la salud de Alberto Balestrini), Daniel Di Sabatino (San Vicente), Francisco «Barba» Gutiérrez (Quilmes), Gustavo Arrieta (Cañuelas), Fernando Gray (Esteban Echeverría) y Darío Díaz Pérez, de Lanús.
La mesa se completó con el alcalde de Ensenada, Mario Secco -único no peronista y rara avis: es un gremialista de origen radical-, Aníbal Regueiro (Presidente Perón), Gustavo Sobrero (Lobos), Enrique Slezcak (Berisso), Darío Giustozzi (Brown), Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Juan Patricio Mussi, heredero del mando en Berazategui.
Temores
Debajo del barniz ultra-K, los comensales dejaron ver un temor que comparte todo el universo bonaerense sobre cómo operará el diseño de las listas, qué representación se reservará para los «territorios» y qué nivel de incidencia tendrán ellos en ese proceso.
Las respuestas, agotadas las elucubraciones, confluyen en un monumental «nadie sabe». Y ese enorme interrogante es lo que induce a los caciques a proyectar una captura escasa. La clave, en rigor, es que asumen que su intervención en el armado de listas estará acosada.
Lo mismo le ocurre a Hugo Mayena. Pero el camionero pone poco y nada en juego: se terminan el mandato nacional de Octavio «El Tío» Argel pero no se agotan los fueros de sus otros delegados, Omar Plaini, Héctor Recalde y Jorge Mancini en la provincia.
El PJ, en su formato territorial, arriesga la senaduría de José «Pepe» Pampuro -a quien ya le habrían avisado que no repetirá en ese palacio-, tres diputados nacionales -Graciela Giannettasio, Juan Carlos Sluga y Gustavo Dutto- y 5 senadores bonaerenses.
Ese malón lo integran Cristina Fioramonti, esposa de Carlos Kunkel por Florencio Varela; Marta Helguero, por Brown; Jorge Pirozzolo (La Matanza); Federico Scarabino, por Quilmes; y el sciolista Roberto Ravale que entró por el cupo correspondiente a Avellaneda.
Computan, entre las pérdidas, la posible salida de Aníbal Fernández de la Jefatura de Gabinete. Recitan, memoriosos, que la representación del peronismo conurbánico en el gabinete de Cristina de Kirchner es escaso. Debajo de Aníbal F., aparece Mussi como secretario de Ambiente.
Tienen, en cambio, dos ministros en el staff de Scioli: Álvarez, en Desarrollo Social, y Eduardo Camaño en Gobierno. El primero, se presume, será candidato en octubre; el otro, cuentan en La Plata, coquetea con un retiro mientras fantasea con volver al Congreso Nacional.
Pero es la vice, que ocupó Balestrini y tras el ACV, quedó en manos del quilmeño Scarabino, la piedra preciosa de los bienes que se anota la Tercera. En la mesa, a pesar de ofertar a Pereyra y Álvarez, presienten que la bolilla no caerá en ninguno de los dos.
Anacronismo
El apotegma partidario, declarado anacrónico por Kirchner, advierte que si el gobernador es de la Primera -Scioli tiene DNI en Tigre-, el vice debe ser de la Tercera. Con Cristina Álvarez Rodríguez como dos, la fórmula entera tendría su origen político en la Primera.
Como recorte de la sección, La Matanza es el distrito que más entrega: la vice, dos diputados nacionales -Sluga y Dutto- y un senador provincial, Pirozollo. Espinoza, que amagó con pelear una banca, parece al final conformarse con que no le siembren el distrito de colectoras.
«Cristina y Daniel tienen derecho a elegir a sus vices. Respetamos eso -confió un alcalde-, pero creemos que deben contemplar lo que representa la Tercera y lo que representa, en particular, el peronismo de la sección». Es decir: ese peso se exprese en las listas.
Pragmáticos, puntualizan que la dimensión del territorio y del esquema político, los obliga a tener «herramientas» para contener a todas las vertientes. Traducción: bancas y cargos para «pagar» la pertenencia de caciquejos y punteros al modelo Nac & Pop.
«Si nosotros no les damos opciones, pueden terminar jugando enfrente», alertó el dirigente que revisó, como particularidad positiva, que la sección se mantiene unida y alineada detrás de Cristina de Kirchner y Scioli a diferencia de la Primera, en donde anida un foco rebelde.
Repiten un dato: 4 de los 5 senadores que terminan, representan a distritos con más de medio millón de habitantes, entre ellos Matanza que tiene más de 1 millón. «¿Dejarán sin delegados a esos municipios para «pagarle» a La Cámpora?», se interrogó un operador.
El manual político, que en tiempos de Eduardo Duhalde adquirió rango de Biblia laica, donde se detallan y establecen los mecanismos de equilibrio y compensación reposa en Olivos. Debajo de un florero.


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