8 de noviembre 2011 - 00:00

Se jugó con todo: a matar o morir

El rugby porteño tuvo su cierre multitudinario el sábado pasado en el club La Plata cuando se disputaron nueve, sí, nueve finales de las distintas categorías superiores de la Unión de Rugby de Buenos Aires. Hubo trece clubes que disputaron esas finales.

Varios miles de personas se acercaron a alentar a sus equipos en las enormes instalaciones de un club que no tuvo si quiera un representante en esas finales. Decir que no hubo ningún tipo de incidentes es repetir sobre lo mismo que ya sabemos que el rugby representa. Pero valga el mensaje.

La gran final de la noche fue entre el San Isidro Club y Alumni. Se jugó con todo; a matar o morir. Dos estilos bien diferenciados y dos hinchadas que además de coloridas fueron ruidosas. El partido se dio como son las grandes finales. Cerrado y con pocos puntos.

No se pudo definir el campeón durante los ochenta minutos, por lo que hubo que ir a un alargue por primera vez en once años (la vez anterior había sido en 2000). Entonces el sistema indicaba muerte súbita; el primer punto ganaba el partido. El hambre y por qué no el temor de ambos equipos hicieron difícil y enredado el epílogo, pero la definición fue la del tipo que se ve en películas de Hollywood.

El apertura y capitán del equipo, que a principios de año no había podido jugar por su club por estar inhabilitado por la misma unión que organizaba esta final, estaba frente al momento que lo definiría. Su padre, un ex Puma de larga trayectoria y logros incontables con la camiseta nacional y del mismo club, alentaba desde afuera. Todo esto, en cámara lenta. Sólo faltaba el rayo que anuncia la tormenta de lluvia.

No estuvo el rayo porque no era Hollywood, sino la final de la URBA. Rafa Madero, aquel fantástico jugador de los setenta y ochenta que se perdió de jugar un test contra Francia por el nacimiento de su primogénito Benjamín, veía desde la tribuna cómo ese hijo conseguía con su pie derecho los tres puntos que valieron el campeonato. Cuando ya no había más tiempo, un drop suyo bajo presión determinó que el campeón sería su club.

La ironía de recibir la copa de manos del presidente de esa URBA que planteaba la inhabilitación se perdió en el festejo. Mientras los del SIC festejaban como locos y se acordaban de sus primos del CASI, los jugadores de Alumni cantaban abrazados a su hinchada a pesar del dolor de no haber podido ganar el campeonato.

Hoy a la madrugada se anunciaba The Rugby Championship, el torneo que agrupará anualmente a Los Pumas con Sudáfrica, Australia y los campeones del mundo, Nueva Zelanda. Eso es el rugby profesional en su máxima expresión. Si bien no podemos decir que el rugby de elite de la URBA sea estrictamente amateur, es bastante parecido.

Y en esa esencia es que dos clubes se disputaron el principal campeonato del país. Con otros trece clubes que también jugaron su último partido del año, con un campeonato en juego, en el mismo lugar. Compartiendo y disfrutando.

Dejá tu comentario