4 de marzo 2010 - 00:00

Sentida evocación de un poeta hoy olvidado

«Rosa Patria» evoca la figura del poeta y militante homosexual Néstor Perlongher, a través de distintos tipos de homenajes de sus amigos, a veces entretenidos y a veces algo extensos.
«Rosa Patria» evoca la figura del poeta y militante homosexual Néstor Perlongher, a través de distintos tipos de homenajes de sus amigos, a veces entretenidos y a veces algo extensos.
El tiempo pasa tan rápido que la figura de años atrás hoy sólo la recuerdan plenamente sus amigos, y lo que ahora es algo habitual pocos saben realmente lo mucho que costó, y lo distintas que eran las cosas hace apenas una o dos generaciones. Tal vez los poetas de hoy conozcan algunos de sus versos. Menos saben de él, quizá, quienes hoy disfrutan su elección sexual sin mayores problemas. «Rosa Patria» se anuncia, por esas razones, como «Un retrato de Néstor Perlongher y su militancia olvidada». La militancia del homosexual poeta.

Como ironizaba alguien, antes había que ser muy macho para confesarse puto. Néstor Perlongher nació y se crió en Avellaneda, y no le fue fácil. Pero aún así eligió la incómoda estridencia. Y fue todavía más lejos. En tiempos virilmente politizados, fue de los primeros en integrar e impulsar un movimiento lógicamente objeto de burlas e incomprensiones: el Frente de Liberación Homosexual, primera manifestación de esa clase en medio continente. Con anterioridad había pasado por el trotskismo. Luego vendrían la detención, los estudios de sociología, las publicaciones de peso, el cargo de profesor universitario, el sida. Todo muy rápido. Murió a los 42 años.

«Papeles insumisos» y el ensayo «La prostitución masculina» todavía pueden encontrarse en librerías de viejo. Quizá también los «Poemas completos» que Seix Barral editó cinco años después de su muerte. Lo que se encuentra en «Rosa Patria» es su vida, que los amigos evocan y refrescan a través de anécdotas, recitados, pequeñas puestas, algo de música, lectura de cartas, y otras formas de homenaje, a veces entretenidas, a veces algo extensas, eso también depende del interés que despierte cada uno, sea con recuerdos personales, reflexiones o aclaraciones de contexto, o reelaboraciones propias de lo que Perlongher llamaba el estilo neobarroso, mezcla de barroco y barroso, propio del fondo rioplatense.

Coherentemente, la imagen procura variar la rutina de los documentales «de cabezas parlantes» y ofrece para ello un fondo enriquecido, participación de artistas plásticos, y una iluminación cálida, diversa. Juan José Sebreli, María Inés Aldaburu, Rodolfo Fogwill, Sarita Torres, fotógrafa y compañera de militancia en el FLH, el inefable Alejandro Ricagno, Flavio Rapisardi, Fernando Noy, son algunos de los convocados por el realizador Santiago Loza, el de «La invención de la carne». Fotografía, digna de atención, Paula Grandío (se exhibe jueves y sábados en el Malba.

P.S.

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