30 de julio 2010 - 00:00

“Si peleamos por la educación, venceremos a la pobreza”

Si bien me gustaría que la frase fuese de mi autoría, no lo es, sino de Domingo Faustino Sarmiento. Sin educación no es posible generar capital humano y sin éste, no es factible el crecimiento autosostenido y mucho menos la movilidad social indispensable para mejorar la distribución del ingreso.

El analfabetismo en la Argentina ha disminuido dramáticamente. Pensemos que en 1849, cuando Sarmiento enunciaba la frase que titula esta nota, más del 80% de la población era analfabeta, hoy dicha tasa se encuentra por debajo del 3%.

En virtud de los requerimientos del plan de Asignación Universal por Hijo, cerca de 250.000 chicos retornaron a las aulas; registrándose en 2010, según el Ministerio de Educación, un aumento de cerca del 20% de matriculación en la escolaridad secundaria. Por otra parte, se superó la meta fijada en la Ley de Financiamiento Educativo, la cual estipulaba para 2010 una inversión en educación del 6% del PBI, el presupuesto más alto en la historia de nuestro país.

Foto inmejorable, pero sólo en apariencia. Si bien nuestro nivel de analfabetismo siempre ha sido de los más bajos de Latinoamérica, el analfabetismo funcional probablemente se está incrementando, aun considerándolo en términos relativos a otros países de la región.

Desde el año 2000, cada tres años, la OECD, la cual agrupa a los países industrializados, lleva a cabo el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), con objeto de analizar hasta qué punto los alumnos de 15 años, cercanos al final de la educación obligatoria, han adquirido los conocimientos y las habilidades necesarias para su inserción en la actual sociedad del saber.

Éste se divide en tres áreas; lectura, matemáticas y ciencias; y se caracteriza por no examinar el dominio de planes de estudios específicos, sino la capacidad de los estudiantes para aplicar los conocimientos y las habilidades adquiridas en la vida cotidiana. La Argentina tomó parte de las rondas de los años 2000, 2006 y 2009, al igual que otros países latinoamericanos, en carácter de país asociado.

Si comparamos el rendimiento de los alumnos argentinos con sus similares de los restantes países latinoamericanos participantes: Chile, Uruguay, México, Brasil y Colombia, los resultados son casi sorprendentes. Chile encabeza el ranking en ciencias y lectura, seguido en ambos casos por Uruguay, intercambiando posiciones en matemáticas. La Argentina ocupa el cuarto lugar, superando solamente a Brasil y a Colombia en matemáticas; se encuentra técnicamente empatada con ellos en el último lugar en ciencias, y ocupa en solitario el último lugar en lectura. Lo que es aún más preocupante es el deterioro entre las rondas 2000 y 2006, tanto en nuestras escuelas públicas como privadas. En lectura, única sección comparable entre ambas rondas, dichos indicadores cayeron de 384 en las escuelas públicas y 475 puntos en las privadas, a 342 y 434 respectivamente. Mientras que en Chile, por ejemplo, subieron de 388 en las escuelas públicas y 435 en las privadas, a 412 y 466.

Mantener a los chicos en edad escolar en las aulas es una condición necesaria para educarlos, pero definitivamente no es suficiente. La brecha con los países del primer mundo se agigantará si la educación no genera capital humano adecuado para el mundo que nos toca vivir. En diciembre próximo se harán públicos los resultados de la ronda 2009; ojalá no sean los que intuyo.



(*) Profesor de Economía, Universidad del CEMA.

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