Ninguno de los grupos opositores sirios se ha manifestado de forma positiva sobre los ataques israelíes contra objetivos militares en Siria ni tampoco sobre una posible alianza con el Estado judío. Todo lo contrario: si el régimen de Al Asad cae, Israel tendría un vecino que podría ser aún más hostil que la cúpula actual .
Incluso la Coalición Nacional Siria (CNS), que representa a un ala relativamente moderada entre los revolucionarios, acusa ahora a Al Asad de un desgobierno tal que ha hecho de Siria un país débil "ante el enemigo" israelí.
Este último siempre consideró la ocupación israelí de los Altos del Golán sirios como algo que no podía cambiar y los ataques aéreos ocasionales de Israel recibieron sólo respuestas retóricas por parte de su Gobierno. La defensa aérea siria, que en junio del año pasado pudo derribar un avión militar sirio que sobrevolaba el Mediterráneo, bajó la cabeza cuando Israel lanzó misiles contra territorio sirio.
Para no permanecer del todo pasivo, el clan de Al Asad apoyó a la milicia libanesa Hizbulá y a varias fracciones radicales palestinas, y las incitó a llevar a cabo operaciones contra el Estado judío. Es por esa estrategia que apuesta Al Asad en estos momentos.
A las brigadas del Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General se les pidió que se mantengan preparadas.
La oposición siria no pone en duda que, con sus ataques aéreos del fin de semana, Israel quería destruir misiles iraníes destinados a Hizbulá. "Si el régimen sirio envía armas a Líbano, puede ser un mensaje que significa que Al Asad quiere incendiar toda la región sólo para continuar en el poder", señala Luai al Mekdad, un portavoz del Ejército Libre de Siria (ELS). E incluso cuando esta estrategia no salga adelante, la guerra civil en Siria ya ha echado más leña al fuego de los conflictos entre sunitas y chiitas en Líbano e Irak. Los combatientes de Hizbulá luchan en Siria al lado del régimen, en cuyos círculos de dirigentes los alawitas (cercanos a los chiitas) están sobrerrepresentados. Mientras, yihadistas sunitas de distintos países árabes y Estados islámicos se han unido a las brigadas rebeldes.
Mientras, las milicias fieles al régimen siguen operando en estrecha coordinación con las tropas del Gobierno, las brigadas revolucionarias carecen de una dirección única que tenga control sobre todos los grupos armados. Por eso algunos opositores reaccionaron con cautela cuando Carla del Ponte, miembro de la Comisión de Investigación de la ONU sobre Siria, expresó sus sospechas de que no las tropas de Al Asad, sino posiblemente los rebeldes, podrían haber utilizado gas nervioso sarín en cantidades limitadas, quizás para forzar un envío de armas del Gobierno estadounidenses o el establecimiento de una zona de exclusión aérea.
Un discurso del primer ministro designado a cargo del Gobierno opositor, Ghassan Hito, fue retirado ayer de la oficina de prensa de la Coalición Nacional Siria. En el texto se hablaba del "uso en combate de sustancias químicas por parte del régimen". Soner Ahmed, portavoz de la coalición, declaró que la oposición tiene dudas sobre los resultados de la investigación de la Comisión de la ONU. Ésta, por su parte, matizó las palabras de Del Ponte al asegurar que por el momento "no hay resultados concluyentes de las investigaciones sobre el uso de armas químicas por ninguna de las partes implicadas en el conflicto".
| Agencia DPA |


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