30 de septiembre 2011 - 00:00

Sin corsé peronista, Cristina congelará o tercerizará el PJ

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
«Mi vínculo es con la gente. Si eso está bien, no necesito nada más». Críptica, sin referencias específicas, Cristina de Kirchner dio una pista sobre cómo ejecutará su jefatura posreelección. La regla es genérica, pero aplica para la CGT, los gobernadores y el PJ.

En rigor, la frase la pronunció ante un operador K que la consultó sobre la crisis en la CGT y la relación con Hugo Moyano. Pero fue, en estos días, invocada como indicio sobre la postura de la Presidente respecto de un debate germinal: el mando del PJ.

A pesar de que brotó la hipótesis de que la Presidente evalúa asumir la jefatura partidaria -que ocupó Néstor Kirchner hasta su muerte y luego heredó Daniel Scioli-, en la cercanía de Cristina se sostiene que esa posibilidad es «prácticamente nula».

El argumento es simple. «¿Para qué ponerse al frente de una parte si puede estar al frente de todo?», se preguntó, en modo de respuesta, un dirigente de tránsito semanal por Olivos. «El peronismo es importante, pero no abarca todo lo que abarca Cristina», completó.

Ese criterio es general: los ministros políticos y el núcleo de mayor confianza de la Presidente, más allá de que lo juzguen indicado o no, consideran sino imposible al menos improbable un desembarco personal de Cristina en la jefatura del PJ nacional.

«Ella no es Néstor», dijo un funcionario y recordó que, a diferencia de su esposo, Cristina de Kirchner tomó distancia de los caciques territoriales -con los que habla poco- y se desentendió del diálogo con Moyano, oficios a los que se abocaba Kirchner.

Un síntoma: cuando para cumplir con las pautas de la carta orgánica partidaria, se realizó el congreso para autorizar alianzas para la elección, Cristina no sólo no concurrió, sino que ordenó un trámite veloz y sin estridencias.

Ante eso, se sugieren dos opciones: que imponga a un delegado suyo en la conducción o que, como ocurrió durante los primeros cinco años K, congele el funcionamiento del partido, lo que ocurrió hasta que Néstor asumió el mando en mayo de 2008.

El contexto es diferente. Por entonces, el partido estaba intervenido por la Justicia, parálisis que Kirchner avaló sistemáticamente. Ahora el partido tiene un consejo electo, cuyas autoridades deben renovarse en el primer semestre del año que viene.

«Desde que murió Néstor, el PJ nacional y el bonaerense están desactivados y así van a seguir», pronosticó un integrante del consejo nacional. No sería la primera vez que se extienden los mandatos. La ley partidaria es laxa y permite eternas dilaciones.

Ante la variable de que la Presidente bendiga a un dirigente para que se ponga al frente del PJ, la figura que se haga cargo de esa tercerización debe rastrearse en el entorno próximo cristinista. Y las variables son escasas.

Aparece, de manual, el nombre de Amado Boudou, quien tiene, se afirma, el OK presidencial para operar como enlace con gobernadores e intendentes. También asoma Jorge Capitanich. En 2008, el chaqueño fue promovido por Kirchner en una vice junto a Scioli, Moyano, el entrerriano Sergio Urribarri y Beatriz Rojkes, esposa y emisaria del tucumano José Alperovich. Ese diseño explicitó un registro de preferidos de Kirchner.

«No se lo va a dar a ningún gobernador», apuesta un ultra-K y anula la chance de que siga Scioli. Éste debe, a fines de 2012, encarrilar el caos del PJ bonaerense que desató el ACV de Alberto Balestrini y la accidentada entronización de Moyano.

En esa novela de dudas y especulaciones, asoma un dato explosivo: en círculos K sugieren que Guillermo Moreno está interesado en convertirse en comisario partidario de la Presidente. «El requisito de ser hiperleal lo cumple -dijo, pícaro, un ultra-K-, lo demás se ve».

Dejá tu comentario