4 de noviembre 2010 - 00:00

Sin Kirchner, Moyano está forzado a negociar con PJ

Sin Kirchner, Moyano está forzado a negociar con PJ
Hugo Moyano tomará, el domingo, un oportuno vuelo rumbo a Europa y gambeteará, reclamado por sus asuntos gremiales, otra acechanza del PJ bonaerense: debía, según lo pactado en la cumbre diezmada de hace 10 días, volver a reunir al partido el próximo martes.

Miembro de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF en inglés), el jefe de la CGT estará fuera del país toda la semana próxima para participar de la cumbre de esa organización que en su filial suramericana tiene como vice a su hijo Pablo.

Esa ausencia le regala algo de tiempo para encarar lo que asoma como una obligada negociación con la jerarquía del peronismo de Buenos Aires que le vació el encuentro pasado. La necesidad se hace más visible y forzada sin la presencia de Néstor Kirchner.

El patagónico operaba como ventanilla única en el vínculo con Moyano. Vía Olivos, el camionero resolvía los entuertos de la CGT, las cuestiones propias de su gremio -salteaba, incluso, a Carlos Tomada- y, en el último tiempo, canalizaba las cuestiones políticas.

Esa mecánica tuvo como último acto los múltiples diálogos telefónicos que, desde El Calafate, horas antes de morir, el ex presidente mantuvo con Moyano, Florencio Randazzo y Aníbal Fernández para ordenar la caótica cumbre del PJ bonaerense en La Plata.

Sin Kirchner como árbitro y ordenador, Moyano se enfrenta a una situación poco habitual: deberá interactuar con los demás caciques del PJ, convocarlos, escuchar sus quejas y demandas; negociar. Simple: contenerlos. Más simple: «hacer» de jefe del peronismo.

Antes -sobre todo desde la ausencia de Alberto Balestrini- eso lo hacía, a látigo y sal, el patagónico. En adelante, si no quiere agudizar las tensiones dentro del partido y arriesgarse a que las reuniones del PJ sean un festival de inasistencias, tendrá que pactar.

Cofradías

Semanas atrás, en la previa del quórum viscoso, Moyano entrenó su veta acuerdista con una sola tribu del PJ: la que comparten José María Díaz Bancalari y Hugo Curto, a la que está integrado también el apoderado Jorge Landau. Ese club le aportó seis consejeros.

Pero es, más la rama gremial -otros cinco- y el bloque de la JP que comanda José Ottavis -llevó 4 pero tiene 5-, insuficiente para sesionar. Tendrá que negociar con Randazzo, Aníbal Fernández y el funcionariato de Daniel Scioli que arrima junto al eje Senado unos 7.

Pero, antes de todo, Moyano enfrentará a su propia naturaleza expansiva y voraz. La mecánica del consenso es para el camionero un hábito ajeno. «Si me joden, les tiro el partido por la cabeza», dijo más de una vez.

Debe surfear, además, sobre los matices que conviven en su planeta sindical. De un lado, un ala ortodoxa encabezada por Omar Viviani (taxis) y Mario «Paco» Manrique (SMATA); del otro, los moderados a los que llaman «los jesuitas», que integran Juan Carlos Schmid (Dragado), Julio Piumato (Judiciales), Omar Plaini (Canillitas) y Horacio Ghilini (Sadop).

Los dos bloques expresan visiones diferentes no sólo en lo gremial -hubo cortocircuitos, por caso, con el discurso de Moyano en River posveto al 82% móvil-, sino también respecto de cómo enfrentar la rebeldía bonaerense. Los más duros quieren «arrasar»; los otros sugieren una convivencia ordenada.

A su regreso de Europa, Moyano mostrará sus cartas. Tiene en agenda una reunión del Consejo en Mar del Plata el 19 de noviembre que convocará para homenajear a Néstor Kirchner. El ex presidente puede ser el único que, aun ausente, le dé garantías de una presencia masiva de caciques.

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